El fondo del asunto
| Las dos orillas |
HEMOS pasado ya la línea roja que va de la Andalucía imparable a la Andalucía impresentable. Da vergüenza ajena estar gobernados en coalición por quienes justifican lo injustificable, incluso lo delictivo. Y por quienes con tal de mantener un pacto de Gobierno que sólo conviene a sus intereses políticos tragan con todo, incluso con las pantomimas del Robin Hood del siglo XXI. ¿Todo vale a cambio de un sillón? Ese es el mensaje que se trasladará a los andaluces si Valderas no abre un expediente disciplinario para expulsar a Sánchez Gordillo; o si Griñán no rompe el pacto tras ver que IU se lava las manos.
Al alcalde de Marinaleda ya se le conocían sus ideas y sus golpes de efecto. Esta vez ha ido más lejos de lo acostumbrado. Mientras hace la revolución pendiente a su modo, lo mismo puede ocupar una finca militar que asaltar un supermercado, ya puestos. Entra dentro de lo previsible, porque juega a Che Guevara de andar por casa desde hace tiempo. Lo imprevisible es que Diego Valderas, coordinador de Izquierda Unida en Andalucía y vicepresidente de la Junta de Andalucía, en coalición con el PSOE de Griñán, se coma el marrón y lo justifique. Es impresentable que diga públicamente lo que dijo, que discrepe de las formas y entienda el fondo.
Las formas sobre las que discrepa Valderas consisten en empujar, dar manotazos y casi golpear a unas cajeras de supermercado (las supondrían mercenarias al servicio del gran capital), a las que dejaron en un lamentable estado de shock emocional. Eso ha sido una agresión contra unas trabajadoras, que deberían denunciar con más énfasis los izquierdistas y las feministas. Pero si las formas son para discrepar, el fondo del asunto también. El fondo ha sido robar.
¿A partir de ahora el robo está justificado en Andalucía, en según qué circunstancias? ¿Puede un parado o persona en situación de necesidad entrar en el despacho de Valderas y llevarse impunemente lo que le parezca oportuno? ¿Cuándo se puede y cuándo no? A Sánchez Gordillo eso no le parece un delito. Según ese criterio, cualquier persona necesitada, o que aduzca necesidad, podría entrar donde quiera y robar lo que le venga bien: un televisor, una caja de zapatos, un pirulí para mis niños… No vale la demagogia del más roba un banquero. ¿Si un banquero roba, puede robar todo el mundo?
En Cuba mismamente no se puede robar. ¿Por qué en Andalucía sí? Si querían organizar una campaña de recogida de alimentos, que lo hicieran de forma pacífica, como si fueran la Caritas de Marinaleda, pero no a las bravas y arrollando a las cajeras. Si esto no tiene consecuencias en la Junta, será porque la política andaluza se ha apartado definitivamente de la racionalidad.
José Joaquín León





