
Tanto dar telonazos a los cuartetos, tanto criticarlos, y resulta que el Carnaval se nos está acuartetando por la cara. Todo el mundo se busca figurantes para hacer un cameo en el Falla. La chirigota de El Lobe invita a la de Algeciras y te lo devuelvo. Desde que vimos al concejal de Fiestas, Vicente Sánchez, prestándose a salir de figurante se ha llegado a un punto en el que se han perdido las formas. Esto es como si se cantara aquello de “Teo, Teo, Teo hasta el nombre lo tienes feo”, y apareciera ella en escena, vestida de piconera.
En esto pensaba, cuando veo que no soy el único, pues algo así le he leído a Tamara García en el Diario del Carnaval. Y en esas estaba cuando oigo decir por detrás: “¡Las coplas se están perdiendo, el Carnaval se está acuartetando!”. Esa voz me sonaba de algo… Era el corista del Corralón, reconvertido en mi ángel de la guarda. Unas veces compra papas, y otras va con la papa sin necesidad de comprarla, pero siempre diciendo grandes verdades. El corista siguió: “Me ha indignado El Lobe, que tiene una chirigota con calidad suficiente para no hacer un teatro pobre invitando a salir a la chirigota de Algeciras, y después se lo devuelve. ¿Quién ha dicho que el Carnaval son las coplas, si cada vez cuentan menos las letras y más los efectos especiales?”
El corista se estaba poniendo como si fuera el fantasma de El Quini. No paró ahí: “Yo le diría a El Lobe, siguiendo su estribillo, “contigo no cuarteteo, no cuarteteo, no cuarteteo...”. Y se fue el gachó, a por más papas, no quedó claro de cuales. Pero es cierto que la cosa ha llegado a un punto exagerado. Tan pesados están algunos autores con esos recursos fáciles de cuarteto malo que hasta dan ganas de penalizarlo, por la poca imaginación que demuestran. ¡Ay aquellos tiempos en que una copla era una copla, no un sainete malo!
Las coplas de recorte
Con tanto teatro del malo, con tantos recursos fáciles, se está perdiendo lo principal, que es la copla. Consta la copla de letra y música. O sea una buena letra y una buena música. Las letras están en decadencia. Se les nota a algunos que han escrito muchas, quizá demasiadas, y la inspiración no da para tanto. Se repiten los temas, se repiten a sí mismos, como si fuéramos amnésicos. Y luego están las músicas. Decía Nandi Migueles, el autor del coro de los Niños, que algunos autores de música se limitan a recortar y pegar con pocas variantes. Les sale así un tango o un pasodoble a base de sus músicas de siempre, sólo con el cambio de un par de notas para disimular. Algunos se repiten más que una olla de menudo por la noche, pero los peores son los que se pasan de listos y se dedican a recortar y pegar cositas de los demás. Esas comparsas que vienen de por ahí y te suenan a algo de Antonio Martín que no se puede aguantar. Músicos inspirados, a los que se les apareció el fantasma de don Paco Alba una noche de verano. Quedan lejos aquellos tiempos de Fletilla, cuando con sencillez se componía una letra y se le ponía una música sin ánimo alguno de ser como Manuel de Falla. Tiempos de trabalenguas del Chimenea en gaditanini, no como los pasodobles italianos del otro. Tiempos en los que nadie hablaba de recortes, ni de estos ni de aquellos.
José Joaquín León (15-febrero-2012)