La obra a medio hacer
| Palillero |
AUNQUE muchos gaditanos piensen lo contrario, Cádiz interesa bastante fuera de Cádiz. Los motivos del interés foráneo son diversos, depende de cada cual, aparte de que la ciudad es rara con ganas. Y ahí se encuentra uno de sus atractivos desaprovechados: la peculiaridad gaditana. Pero, en los últimos tiempos, detecto un interés casi antropológico por las obras públicas locales. De modo que en Sevilla, Madrid y otras provincias te preguntan: “¿Cuándo se va acabar el nuevo puente de Cádiz?”. O bien inquieren: “¿Cuándo va a llegar el AVE a Cádiz?”. Se aprecia esta ciudad como un sitio a medio hacer, como que nunca se termina, aunque es trimilenaria y ya ha dado tiempo.
A esas preguntas siempre contesto que soy optimista, pero no pitoniso. Era fácil acertar que en 2012 no estarían terminadas las principales obras de infraestructura asumidas por el Gobierno (entonces de Zapatero, aunque ya coleaba desde Aznar). Pero carezco de intención alguna de hacerle la competencia a Aramis Fuster, no es mi estilo. Me atrevería a decir que algún día, no se sabe cuándo, se acabarán esas obras. Algún día feliz será inaugurado el nuevo puente, al que ya ha dado tiempo de cambiarle el nombre dos veces, y ya veremos cómo se llama el día D. Algún día feliz alguien llegará en un AVE, o lo que sea, a la estación Término de Cádiz, y con un poco de suerte incluso habrán empezado a meterle mano a la plaza de Sevilla.
Estos son mensajes optimistas, insisto, pues lo importante es que las obras se acaben algún día. Hay obras invisibles, imposibles, increíbles, como el nuevo Hospital de Puntales o la Ciudad de la Justicia. Las bolas mágicas de los pitonisos, en tales materias, experimentan un cortocircuito de los que se electrocuta el pájaro. Pero las obras pendientes que ya se han iniciado, están ahí, son como una presencia incómoda, un recuerdo perpetuo, un testimonio de la desidia. Y aunque sólo fuera por vergüenza torera las terminarán algún día, recortando de un medio recorte presupuestario de esto o lo otro, y me llevo dos y me los traigo para el puente, déjalos ahí.
Un poeta sueco llamado Tomas Tranströmer, que ganó el Nobel de Literatura en 2011, escribió un libro titulado El cielo a medio hacer (recomendable para la Feria del Libro). Pero si hubiera sido gaditano, no hubiera ganado el Nobel y el libro se titularía La obra a medio hacer. Aquí se cultiva el medio hacer. Y esa es, paradójicamente, la garantía de su conclusión. No van a dejarnos un puente a medio hacer, ni una vía del tren a medio hacer. Rajoy o el nieto de Rubalcaba la terminarán. Lo preocupante sería que el puente estuviera sin empezar, y la vía sin comenzar. Porque entonces no los veríamos ni en infografías.
José Joaquín León





