ESTAMOS en Cuaresma y el Carnaval va de recogida, a la espera del último fin de semana con el domingo de Piñata. Pasarán los días y entraremos en un periodo de reflexión. A Lola Cazalilla, la concejala de Fiestas (que también lo es de Cultura), la espera un año de trabajo, tras haber vivido su primer Carnaval como responsable municipal. En una entrevista publicada en la revista El Popurrí, que edita Carlos Medina, la señora Cazalilla dice: “Ya no soy la esposa de un comparsista, ahora él es el marido de la concejala”. Esto es una curiosidad del empoderamiento feminista, y revela la importancia del cargo.

HEMOS llegado al día más esperado del COAC: el de la gran final. Todo lo que ha ocurrido tenía este objetivo. Es una final bastante previsible. No les discuto sus méritos, sino todo lo contrario. Pero si antes de empezar el concurso hacemos una quiniela con los finalistas, incluso antes de escucharlos, incluso en verano, probablemente acertaríamos el 80% de los que hoy cantarán, o puede que más. El Carnaval del siglo XXI tiene pocas novedades. De modo que el cartel de la final siempre sale parecido: los consagrados (algunos los llaman las vacas sagradas) y dos o tres sorpresas de cada año. Cada vez es más difícil un pelotazo que tenga continuidad, como se ha visto con los ‘Daddy Cadi’; y también hay sufridores que empiezan a ser habituales, como les ha pasado a El Canijo (al que muchos daban como finalista) y a El Sheriff en chirigotas, o a Subiela en comparsas. Ilustres, con pasado, pero sin el mismo trato que otros.

La película ‘Parásitos’, de Corea del Sur, fue la gran triunfadora de los Oscar, con cuatro premios: a la mejor película y a la mejor extranjera, al mejor guión y al mejor director. Ha sido un pelotazo enorme, que me ha recordado al COAC. El año pasado ‘Daddy Cadi’, de Sevilla, quedó segunda, a solo medio punto de ‘La maldición de la lapa negra’, del recordado Manolo Santander. Si la chirigota sevillana de Jesús Benárquez y Pablo de la Prida hubiera ganado, se asemejaría bastante a lo que ha pasado en los Oscar. Pero no ganó. Y este año, con ‘Los gipsy scream’ no está claro ni que pasen a semifinales. Con eso se ve que es más fácil ganar un Oscar que un primer premio en el Falla. Para uno que viene de más allá de Cortadura.

UNO de los grandes problemas del Carnaval es la falta de nuevos talentos. En el concurso de este año pesan las ausencias. Duelen las inesperadas y tristes, como es el caso de los fallecidos Juan Carlos Aragón y Manolo Santander, a los que recordamos. También pesan las bajas voluntarias de autores que ya no concursan, como Antonio Martín y Joaquín Quiñones en las comparsas. O los que descansan, según el año. En el Carnaval siempre hubo renovación. Los grandes autores eran sucedidos por otros, que desde el principio, o con el paso de los años, iban adquiriendo jerarquía.

LA fase preliminar del COAC no está bien definida y es lo más polémico. Unos abogan por la preselección en un escenario que no sea el Gran Teatro Falla, otros porque la puntuación sea tenida en cuenta en las siguientes fases, otros porque sólo sirva para pasar o no pasar, etcétera. Sin embargo, se mantiene. ¿Por qué? Porque es rentable y porque permite socializar el Carnaval entre las aficiones desperdigadas de otros municipios. A la gente de por ahí le gusta ir al Falla para ver un espectáculo de Carnaval; aunque a los puristas les parezca una sesión lamentable, con dos o tres excepciones cada día.