AL Papa suelen visitarlo en el Vaticano los obispos. También recibe a los jefes de Estado y a Yolanda Díaz si lo solicita. Pero es más raro que lo visiten los alcaldes de pueblos. Por eso, la visita del alcalde de Grazalema, Carlos Javier García, y de la alcaldesa de Ronda, María de la Paz Fernández, no ha sido especial, sino que formó parte de las audiencias generales de los miércoles y se celebró brevemente en la plaza de San Pedro. Mas no por ello ha tenido menos carácter simbólico, son muchos los aspectos destacables y ejemplares de ese encuentro.
SE está viendo venir la tragedia, el hundimiento del submarino amarillo, pero aún se puede evitar. El pasado 27 de febrero publiqué otro artículo titulado La tercera C está en peligro, donde advertía que el descenso del Cádiz era probable si no se corregía el desbarajuste. No es un simple descenso futbolístico. Para la ciudad de Cádiz es una tragedia que el equipo se le vaya a Segunda B (ahora llamada Primera Federación y con dos grupos), ya que el fútbol es el único deporte de elite en la ciudad. En otras, incluso más pequeñas, tienen equipos en las primeras divisiones de baloncesto, balonmano, voleibol, waterpolo, o lo que sea. Pero aquí no se potencian otros deportes.
ANTES o después, pero todas las grandes imágenes de Jesús en la Semana Santa española tienen un autor conocido. Se sabe en Sevilla que Jesús del Gran Poder es obra de Juan de Mesa, el Señor de la Pasión es de Juan Martínez Montañés y el Cristo de la Expiración (Cachorro) es de Francisco Antonio Gijón. Se sabe en Valladolid que el Cristo Yacente es obra de Gregorio Fernández. Se sabe en Murcia que el Señor y los apóstoles de la Santa Cena son obra de Francisco Salzillo. Sin embargo, en Cádiz no se sabe quién es el autor del Cristo de la Buena Muerte. Y así todas las hipótesis siguen abiertas. Y todas las atribuciones son especulativas, pero no demostrables. Es un misterio.
LA cofradía de Las Aguas (o de Luz y Aguas, como se la llamaba antes, en los tiempos de Rafael Corbacho) vuelve a salir hoy del oratorio de San Felipe Neri. Es como si la ciudad volviera a sumergirse en el túnel del tiempo. Porque ya ni el oratorio de San Felipe Neri es la sede de esta cofradía, ni en realidad es un oratorio. Aunque siga presidido por la Inmaculada de Murillo, que para algunos eventos que allí organizan no queda como el telón de fondo más adecuado. El cierre de la Catedral Vieja ha devuelto la actividad cofradiera al Oratorio. Y eso nos debe llevar a reflexionar sobre la identificación de una hermandad con el lugar donde reciben cultos sus imágenes.
LOS Viernes de Dolores son territorio de la nostalgia. El Viernes de Dolores es como un Viernes Santo que se anticipa. Todos los dolores se resumen en las lágrimas de la Virgen que sale de San Lorenzo, cuando Cádiz se ofrece como un pañuelo para recibir su llanto, que no se oye, pero se siente. Mientras suena la música de la banda de Tejera, en el recuerdo de otros años, cuando una muchacha iba detrás de un paso, pero ya está en el cielo con Ella. O cuando teníamos a otras personas a nuestro lado, y no las vemos, pero las sentimos en el cielo de la primavera, como si volvieran a darnos la mano, durante un tiempo efímero, que sólo existe en el ámbito perenne de esa nostalgia.