EN la ciudad de Cádiz se percibe un frenesí inusitado para cambiar los nombres. Algunos creen que es fruto de la Ley de Memoria Democrática. ¡Qué va! Es una costumbre que quizás proceda de los romanos, que le cambiaron los nombres a los fenicios, Gadir pasó a ser Gades, y así han seguido. A la plaza de San Juan de Dios, en siglos pasados, cada vez que había una sublevación o nuevo régimen, le cambiaban el nombre. A la actual calle Feduchy, en la Segunda República, le pusieron Carlos Marx. En tiempos de Carlos Díaz le quitaron el nombre a la calle Alonso el Sabio (el rey conquistador de Cádiz, murió en 1284) para recuperar la Pelota. En esta ciudad hay calles con dos rótulos: el actual y el antiguo.
TIENE mucho mérito pasar más de medio siglo en la radio, hablando con un micrófono, llevando información, compañía y cariño a personas que no te ven. Eso es lo que ha conseguido Manoli Lemos Campaña, que se despidió el pasado jueves, con un acto multitudinario celebrado en la peña flamenca La Perla de Cádiz. En lo más alto del tablao había un cartel, que resumía muy bien lo que ha sentido Manoli Lemos, en esos 56 años creando programas de radio y viviendo con intensidad: “Cádiz en mi voz, en mi vida, en mi sangre”. Cádiz ha sido siempre la protagonista de sus programas. Todo, incluso lo que era universal, incluso lo ajeno, se gaditanizaba en su voz inconfundible.
LA mala suerte de José María Pemán es que nació y murió en Cádiz. O sea, que era gaditano. Aquí mantuvo su residencia oficial, a pesar de que pudo empadronarse en Madrid, donde ejercía múltiples actividades. Ser gaditano es lo peor para un personaje ilustre. Pues en ningún lugar los tratan tan mal. Ya he explicado que si el beato Diego de Cádiz hubiera sido el beato Diego de Sevilla, a estas alturas sería santo y no beato. Es otro ejemplo. Aquí algunos han comparado el caso de José María Pemán con el de Juan Carlos Aragón, con lo cual ya se explicaría todo. Aquí existe un odio canallesco que se presenta sin disimular y que obtiene cierto predicamento. En el caso del teatro de verano, la cosa tiene cacaruca.
SIEMPRE es triste escribir una necrológica. Pero duele más lo de hoy: hacerlo por partida doble, en homenaje a dos gaditanos que han fallecido recientemente y que merecen un recuerdo. Ignacio Moreno Aparicio y Miguel Ángel Castellano Pavón eran dos personas preocupadas por Cádiz más allá de lo razonable. Cádiz como pasión y devoción. A veces hasta con dolor. Vivieron en ámbitos diferentes, aunque interesados por la cultura gaditana, que fue un nexo común en ellos. En Cádiz interesarse por la cultura no es llorar, como pensaría Larra, sino peor: sufrir la incomprensión, a veces por envidia.
LA diócesis de Cádiz y Ceuta sigue sin tener obispo, tras ser aceptada la renuncia de Rafael Zornoza. En la misa solemne que presidió León XIV en la Sagrada Familia, en Barcelona, concelebraron la mayoría de los obispos españoles. Entre ellos, Ramón Valdivia, que fue citado en TVE como “el obispo auxiliar de Sevilla”. Y lo es, pero también sigue siendo el administrador apostólico de la diócesis de Cádiz y Ceuta. Sobre el papel, hay un Obispado sin obispo. Pero en la práctica don Ramón está ejerciendo como tal, y asumiendo problemas heredados, como pacificar a un clero local que a veces tiene personajes irreductibles, no muy proclives a aceptar la autoridad, que es consuetudinaria en la jerarquía de la Iglesia.