AHORA resulta que todo el mundo lo sabía, pero nadie hizo nada. Es muy fácil condenar a un muerto y es más difícil decirlo a la cara en vida. Lo que ha ocurrido con Juan Carlos Aragón es lamentable, desde todos los puntos de vista. Y vemos cómo se manejan estos asuntos, en según qué momentos, según qué circunstancias, y según quien es la persona afectada. Cuando le iban a dedicar la estrella de la fama del Carnaval lo han estrellado. Y es ahora cuando se ha difundido la historia bochornosa que había detrás. Demasiado veneno por todas partes.

Existe un caso de violencia machista, con una mujer que lo denunció, y con condena, y fue comunicado a personas que estaban al frente del Ayuntamiento con Kichi en la Alcaldía. Todos y todas se lavaron las manos en esos momentos. Era un caso personal, delicado, y con un colega por medio. Y hay que decir que Juan Carlos Aragón no es el único carnavalero condenado por el mismo motivo. Obviamente, son casos individuales, que no se pueden generalizar.

Y en cuanto a la doble moral, cada cual es responsable de sus actos. En cierta izquierda (no en toda, tampoco se puede generalizar) hay una hipocresía que se queda en evidencia. Los mismos que criticaban (con razón) a la Iglesia católica, cuando encubrieron algunos casos de pederastia de curas o religiosos, han tapado (sin razón) y han encubierto a militantes de partidos progresistas, o colegas y amiguetes, en casos de abusos y de malos tratos a mujeres. ¿Dónde está su falso feminismo? Han mirado para otro lado.

Y sí, es cierto, todo tiene un límite, incluso las condenas. Y tampoco se pueden justificar los linchamientos. Ahora le van a quitar a Juan Carlos Aragón la estrella, el colegio y otros honores, a posteriori, sabiendo lo que sabían. Y, si fuera por algunos, hasta le quitarían todos los premios que ganó en el concurso del Falla. Era un personaje admirado y odiado, lo que influye en lo que estamos viendo. En los insultos, las condenas, las excusas y los silencios.

Uno de los problemas para el futuro es la repercusión en el Carnaval de Cádiz, que sale malparado de este asunto. En muchas coplas se percibe un atisbo de superioridad moral, de estar por encima del bien y del mal, y de que ciertas ideas (las suyas) son las únicas correctas políticamente. El mismo Juan Carlos Aragón cantó lo que no practicaba. Conviene más autocrítica por todas partes. Ni todos somos ángeles, ni todos demonios. Era necesario que se repare la injusticia a una mujer, pero no hace falta linchar a un muerto. Ya se les hizo demasiado tarde.

José Joaquín León