LA gestión de la pandemia en España es vergonzosa. Pedro Sánchez está imitando al Bolsonaro de Brasil, aunque allí la Copa América se ha disputado a puerta cerrada. No basta con cambiar a algunos de los ministros inútiles de los que se había rodeado, ni con protestar porque el confinamiento del estado de alarma sea declarado inconstitucional. Existía esa duda, y se lo alertaron algunos catedráticos desde el principio. Partidos de ideologías varias, desde el PP a ERC, le han ofrecido apoyo para una legislación específica, pero el PSOE y Unidas Podemos lo descartaron. Un gran problema de este Gobierno era y es la chulería política.

LO que faltaba: ahora un cambio de ministros en plena canícula ardiente. Ya no saben qué hacer para que no hablemos de la pandemia galopante de los jóvenes y de las recomendaciones de Francia y Alemania para no viajar a España, este país. Así que Pedro Sánchez ha aprovechado para poner el punto y aparte a varios ministros y ministras, y zampárselos cual chuletones cocinados en los fogones del CIS. En esa última cena ha caído hasta el chef Iván Redondo, y a la portavoz, María Jesús Montero, la ha retirado de la atención al cliente. Sin embargo, se le han ido vivos (y se han quedado crudos) los ministros y ministras de Unidas Podemos, que son cinco: Yolanda Díaz, Ione Belarra, Irene Montero, Alberto Garzón y Manuel Castells, poco útiles y prescindibles, aunque los tres últimos parecen imbatibles. Siguen como si fueran de otro Gobierno, o de otra galaxia.

LA gente que está fuertemente catalanizada, tras desayunar pa amb tomaquet y calzarse la barretina, dice: “Este Gobierno ya no sabe qué inventar para que no se hable de los indultos”. Ahora hemos vuelto al eterno debate de las pensiones. Primero proclamaron que el Gobierno de Pedro Sánchez ha cerrado un acuerdo con los sindicatos y empresarios, a mayor gloria de los pensionistas que han conseguido sobrevivir a la pandemia. A pesar de que muchas personas de 65 años y otros sexagenarios todavía no han recibido la segunda dosis de AstraZéneca. ¿Es para reducir el número de pensiones? Eso dicen las malas lenguas, pero no se lo crean. Para reducir las pensiones, ya está el ministro Escrivá, según los días.

EL gran malabarista Pedro Sánchez sigue con sus juegos. Se ha buscado un ayudante llamado Oriol Junqueras, que da el tipo para las actuaciones circenses; y allá que se han lanzado los dos, a crear ilusionismo y magia. A mesa y mantel se podrán reunir en Cataluña, pero de ahí no va a salir nada interesante. El banquete de esa mesa es para montar un paripé y hacerse unas fotos. Cataluña no tiene arreglo, ni lo va a tener en los próximos años. Oriol Junqueras sabe que la vía unilateral para la independencia es absurda. Es surrealismo en el mundo de hoy. Ni la Unión Europea, ni EEUUU, ni siquiera Marruecos (bueno, ahí quedan dudas) lo iban a reconocer.

TODOS los años, en el mes de junio, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pronuncia varias frases lapidarias, de las cuales al menos una pasa a la historia. El año pasado dijo: “Hemos vencido al coronavirus”. Este año declaró: “Pronto vamos a abandonar las mascarillas”. Y ya le ha puesto fecha: el 26 de junio, un día ideal para tapar los indultos a Oriol Junqueras y compañía. Pero no es sólo para disimular. Las mascarillas se van a suprimir en las calles porque en otros países europeos ya no son obligatorias, y mantenerlas aquí resultaría negativo para la llegada de turistas en verano. En la Junta, se han sumado a la fiesta y el consejero Aguirre ha profetizado el regreso de las procesiones para otoño.