SE celebra mañana la Fiesta del Trabajo. O como se denomine ahora. Esta celebración ha tenido una evolución palpable en el último siglo. En los tiempos de Franco era el día de San José Artesano. Después, cuando llegó el color y la democracia, el 1 de mayo era la gran fiesta de los sindicatos. CCOO y UGT capitalizaban las manifestaciones y los sindicatos extremistas se desmarcaban y salían con algunas decenas de personas. Ahora en Sevilla la gente suele aprovechar el 1 de mayo para ir a la playa.

SER turista en Sevilla no es una maravilla. El turista en Sevilla tiene mala fama. El turista no tiene quien le escriba elogiosamente, ni nadie lo califica como un enamorado de Sevilla que viene a ver la ciudad con los ojos de Romeo debajo del balcón de Julieta. El turista en Sevilla se dice que sobra, que sólo sirve para estorbar en Semana Santa en las bullas, para merodear sin rumbo coherente por la Feria, para comprar entradas de los toros en la reventa, y para dar por saco el resto del año. El turista en Sevilla parece que no contribuye a elevar el PIB de la ciudad. Y, para colmo, se le menosprecia, y se le considera un turista de chanclas y bermudas, que intenta entrar en la Catedral como si estuviera en el paseo marítimo de Torremolinos. Y que es un muerto de hambre, que viaja a Sevilla con pocos euros. El turista no es una prioridad nacional, ni llega en pateras o cayucos.

HA favorecido el calendario, por esas curiosidades que regala con los ciclos lunares, que este año el Día del Libro coincida con el jueves de Feria. A ningún librero se le ha ocurrido montar casetas con libros en el Real de Los Remedios, para que el público los compre y los lea, entre rebujitos y sevillanas. Un jueves de Feria la gente no concibe que las casetas puedan servir para comprar libros. Porque esa Feria no es como la del Libro, que aquí no se celebra en abril, ni siquiera ya en mayo, sino que la pasaron al otoño, para que llueva más. En Sevilla, el Día del Libro no es como en Barcelona, donde los independentistas han propuesto que sean quemados los libros de Eduardo Mendoza.

LOS precios de la Feria son como el sexo de los ángeles, se prestan a las más variadas interpretaciones. Podemos ver el vaso del rebujito medio lleno o medio vacío. Desde antes de que empezara la Feria, desde antes de que Oyarzábal levantara la Copa del Rey (al que pitaron los hinchas de un club que tiene el título de Real), desde antes de que saliera la carreta del simpecado de Sevilla-Sur con los bueyes por los jardines de Murillo. Desde antes de todo eso, ya se estaba diciendo en Sevilla que los precios en las casetas estarían por las nubes. Y no sólo en las casetas, sino en la calle del Infierno y en todo lo relacionado con la gloriosa fiesta de abril.

SEVILLA es odiada en Andalucía, España y la Humanidad. Todos los odios tienen el mismo motivo: la envidia. Conste que eso también pasa entre los sevillanos. Cuanto más se copia o se imita a alguien, más se le envidia, porque se añoran sus cualidades. Sevilla es odiada por algunos andaluces, sobre todo en los lugares donde más les gustaría ser como Sevilla. Aunque hay que reconocer que el odio andaluz hacia su capital ha disminuido en los últimos años. Por eso, se consideró un acontecimiento que una chirigota de Sevilla haya ganado en el Carnaval de Cádiz. Un poco de cariño. Una de las mejores chirigotas es de Sevilla y una de las mejores bandas de cornetas y tambores es de Cádiz.