CUANDO entra una Junta Superior del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla se miran con lupa sus primeros nombramientos. Este año la Semana Santa llegará pronto, mejor así, menos se espera. El Domingo de Ramos será el 21 de marzo de 2027. Y eso ha llevado a adelantar las fechas de los nombramientos y publicarlos casi a la vez: el miércoles y el viernes de la semana pasada. Proximidad que estaría bien mantener en próximos años, pues así los que se dedican a criticar a los cartelistas y pregoneros lo pueden hacer por partida doble, y repartir las puñalaítas para que toquen a menos.
HE comentado, en otras ocasiones, que el edificio de la Diputación de Sevilla, con su patio, debería ser considerado como espacio multiusos. Allí celebran eventos polifacéticos, lo mismo se dedican a las emprendedoras que a las artesanías o la gastronomía de la provincia. Pero no sólo sirve como un minipalacio de exposiciones. También acoge el ciclo de cine de verano, en los calurosos meses del estío. Una evocación de aquellos antiguos cines al aire libre, que el tiempo se llevó. Y, recientemente, acogió el denominado festival del Patio+Metrópolis, con cuatro conciertos, que protagonizaron Tanxugueiras, Morgan, Los Planetas y Repion.
EL PSOE perdió las últimas elecciones municipales de Sevilla, en 2023, con Antonio Muñoz en la cabeza de lista. El partido más votado fue el PP, con José Luis Sanz, si bien necesitó el apoyo de los tres ediles de Vox para conseguir la Alcaldía. Eso es lo que hay. A pesar del antecedente, el PSOE volverá a presentar a Antonio Muñoz encabezando la lista en 2027. Según las malas lenguas socialistas, que hablan por las espaldas, para volver a perder. Y no porque Antonio Muñoz sea un mal candidato, que no lo es, sino porque en Sevilla se deciden las elecciones municipales con el voto moderado de centro. Ese votante es profundamente antisanchista. Por lo cual la marca PSOE ha quedado contaminada en Sevilla.
ADEMÁS del tranvibús, en Sevilla aún existe el tranvía. No se sabe qué es más difícil: que un camello pase por el ojo de una aguja, que Andalucía supere la media europea en el informe PISA, o que un tranvía llegue a su parada final de la plaza Nueva. Cada cosa tiene su cosa, como dirían los chavales de la comprensión lectora. Para pasar por la aguja depende del tamaño de la aguja; tampoco es igual un camello de una cabalgata de reyes magos de barrio o un camello cargado de hachís en un narcopiso. Lo del informe PISA de los niños andaluces merecería una peregrinación de Juanma Moreno y Manuel Gavira, para rezarle a la Virgen del Rocío, aunque sea por separado, como la última vez. Y lo del tranvía es misión imposible. Porque en Sevilla los tranvías tienen mala prensa y están gafados.
LA gente malpensada no se lo creía. Pero ya está ahí, se le intuye en el horizonte, para la Feria de San Miguel. Según dijo el concejal de Movilidad, Álvaro Pimentel, el tranvibús llegará a la plaza del Duque el 28 de septiembre. ¡Laus Deo! La gente está deseando que aparezca el tranvibús en el Duque y se recupere la normalidad desde la Puerta Osario hasta la Campana, que se quedó incomunicada parcialmente por las obras. Vale, las obras se deben hacer. Y ocurre igual con las del Metro: son obras que causan perjuicios. Se supone que no es para fastidiar a vecinos y comerciantes, sino que es un mal necesario para una mejoría posterior. Lo malo es que la mejoría sea para unos y empeore la movilidad de otros.