A los guiris que viven más allá de Dos Hermanas, Alcalá de Guadaíra y Mairena del Aljarafe les resultan raras algunas costumbres de la peculiar idiosincrasia sevillana. Por ejemplo, no entienden que se organice un gran revuelo con las obras públicas al aproximarse la Semana Santa. Y que el corte de unas calles por donde no pueden pasar las cofradías se convierta en cuestión prioritaria para la ciudad. Y que, si las obras no están terminadas antes del Viernes de Dolores, se considere como un fracaso rotundo del Ayuntamiento.

Pero Sevilla es como es. Y, al llegar la Semana Santa, no es lo mismo que si no hubiera llegado. Cuando no llega todavía, a pesar de los muchos vía crucis, traslados, ensayos de costaleros, cruces de mayo, procesiones extraordinarias, o lo que se autorice que salga, las calles están como están, y eso es lo que hay. Si no se puede pasar por la calle Imagen, irán por otra. Hasta la Campana ha estado intransitable y nadie protestaba.

Pero, al llegar la Semana Santa, las cosas cambian. Si no se puede pasar por la plaza de la Encarnación, significa que se podrá pasar por la plaza de la Encarnación, sí o sí. Y entonces el delegado municipal de las Fiestas Mayores, Manuel Alés, deberá explicar cómo es el pasillo de ocho metros por el que deben pasar las cofradías que no quieran dar la vuelta al ruedo de la Encarnación. Y, para colmo, están los que protestan por el problema estético que se suscita. Si ya de por sí es feo un paso de palio con las Setas como telón de fondo, menos fotogénico saldrá en un pasillo.

La Semana Santa no se hizo para tener obreros en las calles. Eso se sabe desde antes de que existiera el Cecop. Pero ahora, cuando existe, las medidas de seguridad, los aforamientos, las vallas, todo lo que se monta para ordenar las bullas, se considera que es un invento de Satanás. Como si lo hicieran para fastidiar. Y, si se les añaden las obras, el asunto se complica. Las obras en Semana Santa son pecado mortal. Es mucho peor que no guardar el ayuno y la abstinencia. Pues para la abstinencia se inventaron las espinacas con garbanzos, el bacalao con tomate y las torrijas. Sin embargo, para las obras molestas no hay más invento que terminarlas a tiempo. Incluso trabajando a más de 40 grados en verano, si preciso fuere.

Sevilla es como es. Y se sabía lo que podía pasar. Estamos seguros de que todo quedará en orden, y con la ciudad serena y en calma, como corresponde a los días sagrados. Más o menos.

José Joaquín León