LOS políticos, en su afán por conseguir votos, utilizan a veces el dinero público para ese fin. Y así estamos en unos tiempos en que la incredulidad de los votantes se combate con medidas populistas, que distorsionan la realidad. Se procura que sean medidas vistosas en la vida diaria de las personas. De modo que ofrecen premios y recompensas, a ser posible con la vitola de la gratuidad. Como si la pagaran ellos (los políticos de turno), y no todos los ciudadanos, de cuyos impuestos se nutre. Un ejemplo reciente es el del autobús urbano gratuito en el municipio de San Fernando. Una medida aplaudida, aunque con una consecuencia discutible, ya que la tendencia será a generalizarlo, y así se consolidará una vía ruinosa para las arcas municipales.
PONER la primera piedra era una costumbre bonita, que se está perdiendo, como tantas cosas, como los habitantes de Cádiz, sin ir más lejos. ¿Por qué se están perdiendo las primeras piedras? A lo peor porque piensan que fue un invento de los tiempos de Franco. En aquellos años se practicaba mucho la ceremonia de poner la primera piedra. Y aparecía el ministro, el gobernador civil o el baranda de turno, que por una vez y sin que sirviera de precedente, se colocaba un casco de albañil y empuñaba una pala, y colocaba la primera piedra de la obra. Y, además, introducían periódicos del día del evento, por ejemplo el Diario de Cádiz, que como entonces tenía el formato de sábana, lucía mucho en el paquete.
COMIENZA el año nuevo como terminó el viejo: seguimos de fiesta. En la ciudad de Cádiz había un calendario de fiestas delimitado: el Carnaval en los días previos a la Cuaresma y el concurso en sus vísperas, la Cuaresma que empezaba el Miércoles de Ceniza (o, en la realidad, el Domingo de Piñata) y terminaba con la Semana Santa. Para seguir el tiempo pascual, con sus procesiones para impedidos, que culminaban con el Corpus, que era la fiesta grande. Después los Juanillos en las casas de vecinos; y en verano la procesión del Carmen y la Velada de los Ángeles. Para continuar en el otoño con la Patrona, la Virgen del Rosario, y las fiestas de los Tosantos. Y el invierno con las Pascuas de Navidad, la Nochevieja y los Reyes Magos. Todo se celebraba en su justo momento.
TERMINA el año como empezó: con la ciudad de Cádiz perdiendo habitantes. Todos los años se pierde un montoncito de vecinos, y nadie sabe cómo ha sido. Y todos los alcaldes dicen que lo van a arreglar (y Bruno también lo está intentando), y eso es como remar contra corriente. Los pisos que salen a la venta en Cádiz están entre los más caros de España, imposibles para muchas familias, pero se venden y hay colas para las nuevas promociones, aunque todavía quedan casas vacías y en ruina. Gente vemos por todas partes en la ciudad. Por ejemplo, en la tarde del lunes pasado, día 29 de diciembre, estaban llenos todos los aparcamientos de pago en el casco antiguo de Cádiz. Y venga a entrar y salir coches por los puentes. Con lo cual se nota que Cádiz sigue perdiendo habitantes porque se ha convertido en una ciudad de transeúntes.
UNA leyenda negra (o blanca), extendida desde hace tiempo, considera que la provincia de Cádiz en invierno es aburrida. Es temporada baja para el turismo, que concentra sus mayores expectativas en verano, la Semana Santa y el Carnaval. Por el contrario, en los meses de diciembre y enero, que es cuando más aprieta el frío, no existirían suficientes alicientes para ser competitivos con otros destinos. La provincia de Cádiz es como es. En los últimos años, se está haciendo un notable esfuerzo. Esa leyenda del aburrimiento en invierno se debería matizar. Es verdad que en estos días llegan menos extranjeros, pero se mantiene un turismo de proximidad.