ALGUNAS noticias se repiten en Cádiz cada medio siglo, o incluso antes. Parece como si la ciudad viviera en una historia cíclica. De modo que, al revisar periódicos de siglos pasados, parece que estamos leyendo noticias contemporáneas, sólo con algunas variantes. El barrio de Santa María y su entorno es un territorio donde eso ocurre con frecuencia. A pesar de los cambios urbanísticos, las obras y las nuevas personas que fueron llegando. Y eso es lo que sucede con el malestar de los vecinos por la droga, que ha vuelto a recordar tiempos pasados.
La historia del barrio de Santa María en los últimos siglos estuvo ligada al flamenco y a los toros, a los artistas famosos, las familias gitanas y lo que existía en su entorno. Allí estuvo la antigua plaza de toros y el Matadero, lo que condicionó las actividades del barrio. Allí sigue el Nazareno, que centra las devociones de Santa María. Legendarias fueron las saetas de Enrique el Mellizo. Y allí se supone que surgieron las primeras saetas carceleras. Porque Santa María también era el barrio de la Cárcel Real. Y, por desgracia, algunos de sus vecinos no sólo la conocieron por fuera, sino también por dentro.
La Cárcel Real y el frente del barrio en el Campo del Sur han estado afectados por el deterioro, los socavones y grietas causadas por los temporales y los vientos de poniente. La Cárcel se deterioró; y cuando los presos fueron trasladados al centro penitenciario, que se construyó en Cortadura, el edificio se quedó en ruinas. Y sirvió de cobijo a drogadictos, que se refugiaban tras los restos de los muros para consumir y traficar. Eran los años de Carlos Díaz, que intentó frenarlo sin éxito.
Así, en los años 80, la ruina de la Cárcel Real se unió a la del barrio. Ruina también en sus casas, que la decadencia convirtió en infraviviendas, con vecinos hacinados y en condiciones antihigiénicas. Pero también una ruina causada por la droga, que afectó a muchas familias. Y no sólo derivó en delitos, sino también en muertes prematuras de jóvenes.
Hoy la antigua Cárcel Real es la Casa de Iberoamérica. En el barrio hubo actuaciones de la Junta para acabar con las infraviviendas y han construido nuevos pisos. También llegaron otros vecinos, la mayoría no vivieron allí en los tiempos difíciles. Por eso, es llamativo (y triste) que la droga vuelva a tener protagonismo en el barrio, como en otros tiempos. Es un problema policial y judicial, pero también social y humano. Santa María se merece vivir en paz, y no volver a caer en las garras de los delincuentes, como en los días de su historia negra.
José Joaquín León
