HA pasado sin pena ni gloria el derribo de la Verja en Gibraltar. Resulta curiosa esta indiferencia. Ha faltado pompa y boato. Acudió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recién empurado su hermano, por escaquearse en el trabajo tras ser enchufado. Como tantos absentistas, dirán los empresarios indignados con el Gobierno. Acudió el presidente se hizo una foto junto al ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, y otros señores que pasaban por allí. Todo dentro de lo políticamente correcto. Pero dejando muchas dudas para el futuro, en relación con el acuerdo que se firmó de cualquier manera para paliar los efectos del Brexit en la colonia británica.

Parece que a Cádiz, Andalucía, España, la Unión Europea y la humanidad en general, Gibraltar ya no les importa. Les han derribado la Verja y les han dado casi todo lo que les interesaba. Quedan flecos por resolver, de ya te veré, como las pensiones, la fiscalidad y otras cuestiones del blanqueo a gran escala y el contrabando legitimado. Actividades de las que Gibraltar se ha beneficiado desde los tiempos del estraperlo, cuando Franco (el dictador, no el alcalde de la Línea) organizaba manifestaciones para pedir la soberanía del Peñón y así se distraía al público en los tiempos del racionamiento.

Ahora el público está suficientemente distraído. La corrupción no es como antes. Ah, ¿no? ¿Seguro? Se publica en los medios de comunicación y se penaliza por los tribunales de justicia. Pero da lo mismo, porque se ha creado otra autocracia, en la que el poder compra los votos y regala una amnistía solo para mantenerse. Y en la que convocar elecciones parece que es un pecado mortal. Antes, cuando el otro Franco, se hablaba en España de romper las urnas. Ahora el señor que acudió al derribo de la Verja no las rompe, sino que simplemente las esconde, hasta que ya no pueda más. Pero, mientras llega ese día, vamos a disfrutar.

Con la selección de España campeona del Mundial, y con otras distracciones, el derribo de la Verja ni siquiera ha tenido el despliegue folklórico que se hubiera merecido. La derribaron y sanseacabó. Tampoco los monos van a llegar hasta La Línea de la Concepción. Menos lío. Para los trabajadores es más cómodo que antes. Para los yanitos que veranean en la Costa del Sol también. Veremos qué sucede en los próximos años. A lo mejor, hasta los británicos se arrepienten del Brexit. Gibraltar tiene su selección de fútbol, que es pésima, y todavía no han ganado un Mundial. Eso que se han perdido, por no ser españoles. Aunque seguirán disfrutando de otras ventajas.

José Joaquín León