HEMOS leído en el Diario que unas gaviotas atacaron a un niño de año y medio en la Caleta para arrebatarle un bollo. A continuación, hemos observado, una vez más, que en esta ciudad se trata mejor a los animales que a los seres humanos. En las redes sociales, una reconocida militante socialista ha defendido a las gaviotas. No por atacar al niño, obviamente, sino porque las gaviotas están hambrientas, y acuden a las playas debido a que hay suciedad y restos de comida, por culpa del Ayuntamiento. O algo así, estos argumentos son difíciles de explicar a los que no tenéis esa sabiduría progresista. Será un problema de comprensión lectora, como dicen ahora.

En esta ciudad todo lo malo que ocurre es por culpa del Ayuntamiento del PP. Pasaba con Teófila y ahora con Bruno. Cuando estaba Kichi de alcalde nada era culpa suya. Pero resulta que las gaviotas no son gaditanas como tú, no están censadas en Cádiz, ni siquiera las que son nietas de gaviotas republicanas que se exiliaron a otros países. Las gaviotas viven en la costa, que es competencia de Costas. Y Costas depende del Gobierno de Pedro Sánchez. Estamos en las dos Españas: para los progresistas, la gaviota del bollo es competencia del Ayuntamiento del PP; y para la fachosfera, la gaviota es competencia del Gobierno sanchista, que alimenta a las gaviotas menos que a los invasores que llegaron a Ceuta por la playa del Tarajal, que también es de competencia sanchista.

Las gaviotas son como son. Las gaviotas no vienen como turistas a Cádiz para ver los espectáculos de Emporio del Orbe. Las gaviotas están atentas a lo que se pueda mangar en la playa, son como los monos de Gibraltar. A veces, cuando alguien deja sus pertenencias sin vigilancia, aparecen gaviotas y se llevan alimentos. Incluso comida que no es de su agrado, la prueban y la tiran. Pues las gaviotas no comen de todo, tienen sus gustos.

El Ayuntamiento debería editar un Manuel para Gaviotas Bravas, donde explique sus peligros. Si uno se pone con un bocadillo, a llamar a las palomas de frente, es como el torero que cita al toro con el capote. Se arrancan con bravura, embisten por derecho. Las gaviotas no son plato de buen gusto, lo que favorece su proliferación, pues la gente no se las come como a los conejos. Gaviotas, chorlitejos y otras aves de buen agüero nos recuerdan que estamos en un parque natural, en una sucursal del paraíso, pero con carril bici, y para lo que quieran mandar los ecologistas.

Y a las gaviotas no les tiréis bocadillos de jamón, que se pueden mosquear.

José Joaquín León