VAMOS a refrescar un poco la memoria histórica, que en Cádiz está fatal. El 18 de junio de 2024 se volvió a abrir al tráfico el entonces denominado puente José León de Carranza, que había permanecido cerrado durante tres meses para la sustitución de vigas en el vano 30. Desde entonces, hemos visto operarios trabajando (o eso parece) en el susodicho puente, ahora denominado de Rafael Alberti. Se supone que están haciendo obras de conservación y mantenimiento, que habían sido anunciadas. Con el Gobierno del PSOE y de Sumar (el mismo que le ha cambiado el nombre) se publicó en el Diario que efectuarían obras de mejora. A la vista estaba el deterioro del pavimento, lleno de baches, grietas y remiendos.

Han pasado dos años y pico desde aquellas obras de cierre del puente durante tres meses. Entonces dijeron que ya circulaba más tráfico por el otro, el nuevo, el llamado de la Constitución de 1812, o La Pepa para los amigos. Como si eso justificase que el puente viejo (el que antes se llamaba José León de Carranza y ahora Rafael Alberti) se pudiera mantener en unas penosas condiciones, que prolongan el camino de baches en que han convertido la autopista AP-4 entre Sevilla y Cádiz, y que se ha agravado desde la eliminación del peaje. También eliminado por los socialistas, faltaría más. Por seguir con la memoria histórica, no olviden que un ministro de Transportes, llamado José Luis Ábalos (actualmente empurado por cositas feas), vino entonces a hacerse una foto y saludar al pueblo,

Volviendo al puente de Rafael Alberti, este Gobierno se ha dado una prisa inusual para cambiar el nombre, y para poner nueva señalización en la carretera de acceso desde Puerto Real a Cádiz con el nombre de Rafael Alberti. Lo que era necesario cambiar lo han cambiado. Solo en el nombre. En los baches, los socavones, las grietas y los parches no han cambiado nada. Una vez más, se ha visto que solo entienden el cambio político como un cambio de nombres.

Si Rafael Alberti viviera, yo no sé si le gustaría el puente que le han dedicado. Ya se lo habéis cambiado, mira qué alegría. Pero el mayor problema del puente no era ese, sino su cochambroso estado. En algún momento se debe aprobar una reconstrucción de ese puente. Y aunque exista otro (el nuevo que impulsó Teófila), este primer puente sigue siendo necesario. Lo del cambio suena a chiste. Es como si un viejo quisiera parecer joven solo por cambiarse el nombre. Hola, Rafael, ¡quién te ha visto y quién te ve! A ver si los del Frente Amplio y los indignados recogen firmas para arreglarlo.

José Joaquín León