UNO de los problemas de la extrema derecha y la extrema izquierda es que quieren ser más papistas que el Papa. En principio, eso no es malo, pues significa que esa religión sigue interesando a los dos bandos. Lo que pasa es que la doctrina católica es aplicada por unos y otros con su interés peculiar. Y así la extrema derecha gruñe cuando el Papa habla de los pobres como prioridad. Y la extrema izquierda ningunea al Papa cuando recuerda urbi et orbi que la prioridad de la vida sobre la muerte incluye la condena del aborto y la eutanasia, además de las guerras. Todo lo prioritario está en el Evangelio, que para los cristianos es más importante que la Constitución. Porque el Evangelio va a misa. Y se considera palabra del Señor.
En el Evangelio no vais a encontrar apoyo a la prioridad nacional. Lo siento por los de Vox y quienes le siguen el juego. La prioridad nacional, como todos los nacionalismos, discrimina al ser humano por su lugar de nacimiento. En el cristianismo lo esencial es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. También se dice que los últimos serán los primeros y que los primeros serán los últimos en el cielo. Cristo dedicó muchas predicaciones a poner en su sitio a los fariseos, los saduceos, los publicanos y todos los prioritarios del egoísmo y el desprecio al otro.
En fin, todo eso se aprende (o se debe aprender) en las clases de Religión y en las catequesis para casarse por la Iglesia. Esto de la prioridad nacional resulta anacrónico. Suena a galopar en el caballo blanco de Santiago, y a presentar a Manuel Gavira como si ejerciera de lugarteniente del Mío Cid contra Juanma Moruno. Tampoco olviden que algunas criaturas procedentes del imperio colonial (del que despotrica la señora Sheinbaum Pardo) vienen a ver qué pasa. La Madre Patria les dio la lengua, la religión y una cultura de la que ahora se pueden beneficiar, trabajando de camareros o de ingenieros, según.
¿La prioridad nacional es sólo contra la morería? No se ha explicado si alcanza a las Américas de los indianos y a los negritos de Guinea y Fernando Poo, o a los últimos de Filipinas, que pueden conseguir la nacionalidad ocho años antes que los paquistaníes, marroquíes, chinos y otros pueblos situados en “el lado correcto de la historia”, que siempre será el que diga don Pedro.
Hay que distinguir entre la prioridad de los que van de listos y los que nos toman por tontos. Y es difícil.
José Joaquín León
