EL pasado fin de semana se batió un récord de desplazamientos y atascos en Andalucía, con el puente de agosto. Los andaluces, en general, tienen mala suerte con sus autopistas y autovías. Su estado es cochambroso. No es por casualidad, sino por el descuido y la falta de presupuestos. No está de más recordar que ese Ministerio, actualmente dirigido por el ministro tuitero Óscar Puente, antes padeció a José Luis Ábalos, y también ha estado afectado por las mordidas de Santos Cerdán, que organizó el último congreso federal del PSOE en Sevilla a finales de 2024. Mucho se habla y escribe de los atascos frecuentes en la autopista AP-4 entre Sevilla y Cádiz, y la A-49 entre Sevilla y Huelva. Pero hay más. Hoy me quiero referir al tramo de la A-49 entre el desvío de Huelva y Portugal. Es una autovía internacional, que aporta una imagen vergonzosa de España.

Se nota mejor en la dirección de Portugal a España. Cuando vienes desde Portugal estás circulando por la autopista del Algarve, la A-22, que era de peaje, pero lo suprimieron. Es una autopista que lo parece. A nivel más o menos europeo. Pasamos el puente sobre el río Guadiana y entramos en España. ¡Oh, cielos! Parece que hemos llegado a África.

Porque la autovía, en el tramo de Ayamonte a Huelva, es un ejemplo de descuido. Está plagada de baches, socavones y agujeros. En algunos, cabe la rueda de un coche y hay riesgos de reventones. Y fíjense en los paneles y carteles informativos, que anuncian las salidas a Ayamonte, Isla Cristina, Lepe y sus playas. Están descoloridos, dañados por el sol, algunos con agujeros, como si no los hubieran renovado o adecentado en años, desde antes de que Pedro Sánchez llegara al poder en 2017. Se ven con un abandono propio de países arruinados.

De modo que parece que llegamos desde un país europeo (Portugal) a uno tercermundista (España), por culpa de una autovía que cambia a peor cuando entras en el país que ha ganado el Mundial de fútbol. Y que lo organizará (con Portugal, precisamente, y Marruecos) en 2030. Ya no hay fronteras entre Portugal y España, pero se supone que la entrada en un país Schengen hay que cuidarla. Es lo primero que se ve. Y no solo lo ven los portugueses, sino turistas de muchos países que veranean en el Algarve y que acuden a las playas de Huelva, o se desplazan a otros lugares de Andalucía. La primera imagen es la que cuenta, y la impresión que reciben es penosa.

La decadencia de nuestras autovías se debe a la decadencia del progreso. Con un Gobierno que, en el colmo del sarcasmo, se dice que es progresista. Mientras estamos peor que en el siglo pasado.

José Joaquín León