CEUTA se ha convertido en la espinita clavada donde más le duele a España: en su amor propio. En Ceuta han sufrido una invasión, que el ministro Ángel Torres cifró en 80.000, aunque el ministro Marlaska habló de 72.000, y otros han elevado hasta 100.000. El número de muertos se calcula en más de 140. Tampoco se sabe cuántos de los que se colaron aún permanecen allí. En Ceuta hay actualmente una crisis humanitaria, una crisis social, una crisis sanitaria, una crisis política, una crisis diplomática. Y una crisis de credibilidad, porque el Gobierno se dedica a mentir con descaro. El ministro Albares dijo en agosto: “Todos serán devueltos”.
Por culpa de su desastroso Gobierno, España ha dado la imagen de ser un estado fallido. En esta crisis solo un dirigente político ha estado a la altura de la circunstancia: Juan José Vivas, presidente de Ceuta. Vivas ha sido el único que no se ha rendido. Vivas ha recibido a los vivales de un Gobierno, que incluso han tenido la desfachatez de manipular el relato para intentar echarle las culpas del caos que sufre la ciudad. Sin embargo, los ceutíes se mantienen unidos hasta ahora. Incluso el PSOE ceutí, que ejerce una vicepresidencia local, y en su día apoyó al PP para que Vivas no tuviera que pactar con Vox. ¿Les suena?
Así las cosas, al señor Vivas le ha tocado el papel de viudo en el entierro. Con cara de tanatorio, ha recibido al coordinador que nombró Sánchez con un mes de retraso y a los ministros que llegaron desde Madrid. Ceuta es una ciudad autónoma, pero depende para todo del Gobierno que les desgobierna. Gracias al PSOE, Ceuta no formó parte de Andalucía cuando se estableció el Estado de las Autonomías en la Constitución. Si hubieran encajado a Ceuta dentro de Andalucía, ahora la sanidad ceutí dependería del SAS. ¡Lo que le faltaba!
Por cierto, las concentraciones de apoyo a Ceuta del pasado 2 de septiembre han sido las manifestaciones con más asistencia de los últimos años. En Andalucía y en gran parte de España. En Sevilla, Málaga, Cádiz, Córdoba y otras capitales andaluzas no se manifestaban tantas personas desde hace mucho tiempo. Esa indignación del pueblo ha sido minimizada. Al día siguiente, sólo se hablaba de la comparecencia de Pedro Sánchez, que ha servido para desviar la atención del clamor popular.
Pero en el PSOE hay nervios. Movimientos intestinos en la oscuridad. Les preocupa que se diferencie entre Vivas y los vivales. La gente no confunde el trabajo con las vacaciones, ni el compromiso con la desvergüenza.
José Joaquín León
