HOY se cumplen 90 años desde que fue conquistado el Alcázar de Toledo por las tropas franquistas. Fue uno de los episodios que el régimen utilizó para su propaganda en la guerra civil española, poniéndolo como un ejemplo de heroísmo. El Alcázar de Toledo era la sede de la Academia de Infantería y Caballería. Allí se sublevaron, en 1936, un grupo de militares, comandados por el coronel Moscardó. Unas 1.200 personas (entre los que había cadetes y familiares de los militares, así como guardias civiles) permanecieron refugiadas en el Alcázar, defendiéndolo de las acometidas de las fuerzas republicanas. Los ataques para conquistarlo empezaron el 21 de julio de 1936 y terminaron el 27 de septiembre, tras más de dos meses, resistidos en duras circunstancias por los sublevados. El asedio del Alcázar terminó cuando llegaron las tropas franquistas, con el Ejército de África (también llamado entonces de Marruecos), al mando del general Varela. Un día después entró el general Franco en Toledo.

Este apunte de memoria histórica lo incluyo para establecer ciertas similitudes entre el Alcázar de Toledo hace 90 años y el Palacio de la Moncloa de Madrid en la actualidad. No es lo mismo, por supuesto. Pero en la Moncloa se ha refugiado un irreductible visionario, que se defiende como puede. Está atrincherado y no convoca elecciones democráticas, a pesar de que no tiene mayoría en el Congreso, a pesar de que no le aprueban presupuestos, a pesar de que sus socios y abonados lo critican todos los días, y dicen que esto se va acabar ya, pero no se acaba nunca.

Durante el asedio del Alcázar de Toledo, el Ejército republicano capturó a Luis Moscardó, hijo del coronel sublevado; pero, como no se rindió, el hijo fue asesinado. Se comparó el episodio con el de Guzmán el Bueno en Tarifa. Algunos creen que cuando pillan al hijo, a la esposa, o al hermano se consiguen las rendiciones. No siempre es así. Cuando uno se refugia en un alcázar o en un palacio, para resistir, suele ocurrir que no respeta un estado de derecho, o los derechos de un estado.

Atrincherados contra el mundo se quedan los iluminados mesiánicos, convencidos de que hay un plan sobrenatural para que ellos sigan siendo héroes (para unos) o villanos (para otros). Son personajes para la historia, en cualquier caso, que afrontarán las penurias y resistirán mientras puedan.

José Joaquín León