LA gente facha está diciendo: “El sanchismo del PSOE se ha convertido ya en marxismo puro”. Y critican la coalición que los del PSOE han formado con los del Frente Amplio y otros colegas podemitas, comunistas, inquilinas y de variado pelaje para ganar en el Senado. Ah, ¿pero no habíamos quedado en que el Senado no servía para nada y todo lo que ha aprobado allí el PP, con su mayoría, se lo han pasado por el forro? Bueno, ahora parece que es más importante, si lo ganan ellos. Ya se verá, o no. Pero el marxismo puro del sanchismo es verídico. Si bien es un marxismo del sector de Groucho Marx y sus hermanos, un marxismo que corre el riesgo de evolucionar hacia un neodadaísmo artificial, creado por la irracionalidad automática de sus planteamientos.

El marxismo sanchista se resume en un mandamiento: “Estos son mis principios, pero para nosotros tenemos otros”. De modo que los principios marxistas, como se sabe desde Groucho (y también desde Stalin), no afectan para nada a los suyos. Por ejemplo, a Montse Mínguez, aunque dimita, otra con la que se equivocó. Se puede ser la pareja de un buitre, con más de 30 pisitos y algún desahucio que otro (“a los que no pagaban”, se ha precisado); y, a la misma vez, se pueden dar mítines con el PSOE para decir lo que dicen de la vivienda. Pero no dicen lo que hacen, que es poco, según las estadísticas.

También se puede organizar una huelga general contra la oposición, pero no contra el Gobierno, como se habían organizado todas las huelgas generales anteriores. Y tener a los sindicatos amaestrados, comiendo alpiste en la mano del poder, en vez de mejorar los convenios de los trabajadores, como se supone que deberían hacer.

Otra curiosidad: ¿Dónde están las feministas? ¿En estas elecciones no habla nadie de feminismo? ¿Y ya no dicen nada de abolir la prostitución? Igual que se puede estar a favor de la vivienda social y ser un gran tenedor de pisos, alguno del partido, como José Luis Ábalos, por ejemplo, demostró que conocía bien ese sector y mantenía amiguitas. Por no hablar de antiguos antecedentes familiares. De modo que algunas feministas con carné comen y callan, y ya no se sabe si están por la abolición.

El marxismo es para el que se lo trabaja, no para el que trabaja. Con parejas, hermanos y amigotes quieren llenar el camarote. Con ayuda del Frente no tan amplio, y si los nietos se lo permiten, para vivir noches de bohemia y de ilusión en la Moncloa. En su marxismo, el sillón es lo único importante.

José Joaquín León