HOY serán oficialmente aprobados los horarios e itinerarios de la Semana Santa de 2026 en el Cabildo de Toma de Horas. Cada año es más difícil establecerlos, sin que haya cofradías que se consideren perjudicadas. El aumento de nazarenos y la rigidez de los horarios, así como algunas obras públicas, convierten la necesidad en virtud, a pesar de los pesares. En estos días cuaresmales, con el ayuno y la abstinencia, la proliferación de pescaítos y almuerzos de hermandad, la degustación de torrijas, las tertulias y otros eventos varios, la inteligencia no es artificial, pero se desmadra, y se oyen propuestas, algunas curiosas. Cito algunas de las últimas que me han comentado:

-Ampliar la carrera oficial. Aunque sea por el relente del paseo de Colón. O, más fácilmente, entrando en la Catedral por Fray Ceferino y la Puerta del Príncipe. Y si hay dos pasos que no caben, que se busquen la vida, o esperen fuera. Esta medida (ampliación, con más sillas y más dinero a repartir) es la primera que se suele decir.

-Que todas las cofradías no vayan a la Catedral. En este supuesto, las de Triana y la otra orilla del río irían a Santa Ana. Y las de barrios de más allá de las murallas y puertas antiguas saldrían sólo por sus feligresías próximas. Igual que sucede con las Procesiones Eucarísticas y con las del Viernes de Dolores y Sábado de Pasión. El reparto sería más equitativo, ya se harían las cuentas.

-Establecer un tiempo de paso para cada cofradía con algoritmos y baremos a decidir. Y que cada una se lo organice como pueda. Si se retrasan, no cobran subvención.

-Un baculazo del señor arzobispo para que ninguna cofradía pueda hacer su estación de penitencia con más de mil nazarenos. O alguna otra forma de numerus clausus, pero que sea decidida en el Palacio Arzobispal.

-Abolir el Consejo de Hermandades y Cofradías, con lo cual no se le podrían echar las culpas de todo al Consejo, sino a las normas que diera el Arzobispado. Para la Semana Santa, cada día se organizaría a su manera.

-Quitar todas las sillas y palcos. Así no habría repartos, nada de primera y segunda. Y los pasos y los cortejos tendrían más espacio y más seguridad.

-Elaborar un estudio técnico con inteligencia artificial. Para ver si se puede arreglar la Semana Santa con algún invento del TBO, como los del profesor Franz de Copenhague, en colaboración con el Cecop.

Como se aprecia, las ocurrencias pueden ser infinitas. Y quizás lo mejor, o lo menos malo, es que no cambie nada para que todo siga igual. O lo más parecido posible.

José Joaquín León