SE sabía que era el último debate electoral andaluz y se notó. El segundo, que tuvo por escenario el plató de Canal Sur Televisión, fue diferente al primero. Hubo algunos detalles oportunistas y feos. Estuvo condicionado por el miedo a perder de cuatro de los cinco candidatos. José Ignacio García fue el único que arriesgó y repartió sopapos para todos los presentes, no sólo para Moreno Bonilla, sino también para Gavira el de Vox y hasta para la sanchista Montero. Esto último se lo afeó Maíllo, que le reprochó su “equidistancia”, cuando el candidato de Adelante había explicado que la financiación autonómica del PSOE discrimina a Andalucía.
Fue uno de los momentos para romper los bostezos de la noche, que tampoco invitaba al zapping. Esta vez las alternativas futbolísticas eran: Rayo Vallecano-Girona y Huesca-Real Sociedad B. O la rúa del Barça campeón.
Acudieron con cambios de looks. Nada verde en las indumentarias. Todo el primer día y nada el segundo. Llegó Moreno Bonilla (hoy lo vamos a denominar así) con un terno de función principal o coronación canónica. Esta vez no coincidió con Manuel Gavira, que iba como de vía crucis por la feligresía, con chaqueta azul y pantalón gris. Antonio Maíllo repitió indumentaria, pero se le vio ronco y cansado, como si se creyera las encuestas que profetizan el domingo de ceniza para la izquierda medio unida. La señora Montero apostó por el rojo total, como en un revival, ya que el verde parece que se le ha indigestado. José Ignacio García volvió a lucir un look informal, como de ensayo de comparsa, pero esta vez con nueva camiseta: de Federico García Lorca. ¿Era un homenaje al centenario de la Generación del 27? Para sintonizar con la juventud de TikTok le hubiera quedado mejor una camiseta de Rosalía, que es de la periferia catalana, mejor financiada, pero ella en Andalucía gusta, y en Sevilla los pobres revendieron sus entradas gratuitas a precios de ricos, gracias a lo cual subsistirán mejor con sus precarios sueldos. Esto de la reventa se les olvidó decirlo en el debate. Y más cosas.
Al principio, cuando Blanca Rodríguez y Fernando García preguntaron quién quería romper el silencio, nadie hablaba. Todos estaban a ver qué pasa. Lo mejor llegó al final, cuando los cinco se dieron la mano, y charlaron como en una convivencia de hermandad con dos o tres candidatos. Faltaron los botellines de Cruzcampo, pero dio la sensación de que no son tan malos como parecen, y que también les gusta un pescaíto. O unas copitas en la feria de Jerez. ¿Quién ganó? Ganamos todos, cuando se acabó.
José Joaquín León
