LA reapertura del Teatro Lope de Vega para la Bienal de Flamenco es una buena noticia para Sevilla. Se le consideraba el teatro más importante de la ciudad en los años previos a la Expo 92, cuando se construyó el Teatro de la Maestranza y se descartó levantar un espacio específico para la ópera. En la ciudad existen otros auditorios y recintos con capacidades superiores (o comparables) al Lope de Vega, pero pasaba por ser el último teatro de Sevilla con un aspecto clásico. O, como dirían los más rancios: el único de Sevilla que parecía un teatro de verdad, como los antiguos.

Las utilidades del Teatro Lope de Vega no son las mismas que las del Maestranza. Por su limitada capacidad, le quitaron el Pregón de la Semana Santa, que pasó al Maestranza en 1993, con José María Javierre. Aunque parezca un asunto menor, eso dejó señalado al Lope de Vega como un teatro insuficiente para ciertos eventos. Sin embargo, era (y ha sido hasta su cierre) el mejor espacio de Sevilla para el arte dramático, y muy útil para el flamenco y determinados conciertos o espectáculos musicales. Incluso lo es para algunos pregones. Un ejemplo: ¿para el Pregón de las Glorias es preferible la iglesia colegial del Salvador o el teatro Lope de Vega?

Algunos espectáculos o eventos que tenían por escenario el Lope de Vega se han mudado en los últimos años. Otro ejemplo: la Exaltación de la Saeta fue trasladada al Teatro de Capitanía, un espacio excelente, aunque por desgracia desconocido para algunos sevillanos, quizás por las características propias de estar dentro de un edificio militar.

Sevilla dispone de otros espacios para el arte dramático, pero ninguno tan adecuado para el teatro clásico como el Lope de Vega. Está muy bien que se recupere. Y no tan bien que haya permanecido cerrado durante casi tres años, ni que las obras estén inconclusas, pendientes de mejoras. En el teatro se han gastado diez millones, pero faltan cinco millones más para abrir el paraíso, los nuevos ascensores, mejorar los aseos e impermeabilizarle la cubierta. El alcalde Sanz dice que no se cerrará otra vez, pero que las obras se realizarán después de las elecciones municipales. Detalle que parece que ha influido.

No obstante, es preferible no ser cenizos, y no dejarlo cerrado para que la oposición se pueda quejar con más motivos. Antes abierto que cerrado. Mejor sencillo que muerto. Esa es una medida que debería valer para todo lo que se rehabilita, no solo para este teatro.

José Joaquín León