TODAVÍA recuerdo cuando se decía que las elecciones eran una fiesta de la democracia. La próxima convocatoria electoral está agitando a los peores monstruos de cada partido. Quieren mantener la crispación como motor de movilización para los suyos. En ese fango hay un maestro indiscutible: Pedro Sánchez. Desde que el sanchismo llegó al poder, con sus aliados sumados, podemitas, separatistas y de extrema izquierda en general, han propagado la idea de que son fascistas y de ultraderecha todos los que no están a su favor. Con lo cual han metido a más de media España en ese saco. En la campaña electoral nos podemos temer lo peor. Para empezar ya es sarcástico que el principal causante de la crisis de la vivienda, que es Pedro Sánchez, se presente como la solución, cuando él ha agravado el problema.
El ambiente crispado ya ha tenido una visualización en Sevilla. Incidentes entre participantes en una concentración de ultraderecha y otra de extrema izquierda. Furgones de la Policía en la Campana, a pocos metros de donde estaban las tiendas de campaña (de campaña electoral, se entiende) en la plaza de la Encarnación. Hostilidad verbal en el Parlamento de Andalucía. Y la que se puede formar con la huelga general que pretenden organizar los sindicatos, después de ocho años de vacaciones. Como si ya gobernasen el PP y Vox, en vez de estar en la Moncloa los sanchistas del PSOE con sus coleguitas. Una huelga general se supone que se monta contra el Gobierno, pero esa irá contra la oposición, según María Jesús Montero.
Y en estas empezó el foro que coordinan Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra en la Fundación Cajasol, titulado 1936: La guerra que todos perdimos, denominación muy oportuna. A ese foro le dio fama David Uclés, al que algunos no leen desde aquello. Y entonces llegó Aznar a Sevilla, y dijo que si gana otra vez Pedro Sánchez, España mañana será republicana. Con lo cual comete un error, pues le hace el juego a quienes desde el sanchismo querían convertir las elecciones en un referéndum entre monarquía o república. No es eso. Tampoco es sensato que nadie vote por correo, como sugiere Isabel Díaz Ayuso. Craso horror, pues se abstendrían los del PP que no puedan acudir a las urnas. Lo más oportuno sería que no se pierdan esos votos, supongo. Y que la máquina de decir tonterías la paren hasta el 30 de noviembre, por si acaso en la campaña vuelven a estropear todo, que no sería la primera vez.
Disfruten las elecciones en paz. No tengáis miedo a votar. Y los abuelos que vigilen y cuiden a los nietos.
José Joaquín León
