UN poeta sevillano, Antonio Machado, al que le han dedicado una exposición junto con su hermano Manuel, escribió un poema muy conocido, titulado Recuerdo infantil. Fue publicado, hace más de un siglo, en Soledades, su primer libro. Esto antes se estudiaba en Bachillerato, y casi todos los jubilados con estudios secundarios se lo saben de memoria: “Una tarde parda y fría/ de invierno. Los colegiales/ estudian. Monotonía/ de lluvia tras los cristales/”. Después incluye otras consideraciones sobre un cartel de Caín y Abel, el maestro mal vestido, enjuto y seco, y el coro infantil que va cantando una lección. Y sigue lloviendo, con monotonía, no aclara si mucho o poco. Estaban en clase, no las suspendieron, y el poema no dice nada sobre alertas rojas, naranjas o amarillas.
AL valorar el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular que se va a celebrar en Sevilla, se debe tener en cuenta que no es sólo una procesión extraordinaria con ocho imágenes de gran devoción. El Congreso, en sí mismo considerado, debe dejar importantes aportaciones sobre la religiosidad popular, que no conviene minimizar, ni mucho menos tapar. Y también es del máximo interés la programación cultural, con conciertos y exposiciones. Algunas de las exposiciones se pueden puntuar con cinco estrellas, y ya se pueden visitar.
TRANQUILOS, que habrá procesión de clausura, con permiso de las autoridades y si el tiempo no lo impide. Tranquilos, que vendrán los cardenales del Vaticano para las conferencias. El Congreso al que me refiero es el otro Congreso: el que va a celebrar el PSOE en Sevilla para pasear bajo palio a Pedro Sánchez. Con la que está cayendo, después de lo ocurrido, mejor que lo aplacen. No lo duden. Se considerará un acierto. Y, además, resulta feo organizar un Congreso Federal la semana anterior al Congreso Internacional de las hermandades, con la escasez de policías que tenemos y lo caros que cuestan estos eventos.
UNA catástrofe como la de Valencia era inimaginable en este país. Por eso, después de las inundaciones, no nos podemos quedar sólo con la baja política. Ni tampoco sólo en la resignación de una lluvia de millones que contribuya a la reconstrucción de todo lo destruido. Por supuesto que hay que tomar decisiones e invertir para paliar cuanto antes mejor las pérdidas. Sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón tienen una alta responsabilidad, incluso personal, porque no estuvieron a la altura de las circunstancias. Esta catástrofe les obliga a adoptar medidas de fondo y a que las autoridades actúen para que en el futuro no ocurra algo de similar gravedad. Ha llegado el momento de analizar, diagnosticar y corregir el paisaje alterado.
OCTUBRE se despide con unas lluvias intensas que recuerdan las inundaciones de otros tiempos. La tragedia ha afectado especialmente a la Comunidad Valenciana, pero también ha causado graves daños en Andalucía y otras regiones, como Castilla La Mancha y Murcia. El número de muertos va en aumento, se remonta a los niveles de las grandes catástrofes. De vez en cuando, puede llegar una inundación de alto riesgo. En Sevilla, estas lluvias recuerdan las riadas del siglo pasado, la Operación Clavel de 1961, los desbordamientos del Tamarguillo, la rotura del muro de defensa, las barcas en la plaza de San Lorenzo y la Alameda… Una Sevilla de riadas que se identifica con los tiempos de Franco. Aunque forman parte de su historia.