AL turismo le sucede como a la inmigración. Los debates sobre su futuro están condicionados por una demagogia, un simplismo y un populismo que impiden discernir la realidad, y no acuerdan medidas razonables con serena cautela. La polémica por la tasa turística es el mejor ejemplo. Se sabe por la experiencia de otras ciudades, como Venecia, que aportan más ingresos para atender los gastos derivados de las avalanchas turísticas. Y también que no reducen la llegada de visitantes. Y, por supuesto, no disminuyen el turismo de calidad. Pues unos señores y unas señoras que pagan 200 euros al día (o más) por una habitación de hotel no dejarán de venir porque les cobres una limosnita de cuatro o cinco euritos para los ayuntamientos.

NO serviría sólo para que vengan ricos desde un país comunista. Un chino sevillano me dice que los vuelos directos entre Sevilla y Pekín y/o Shanghái también tendrían utilidad para ellos y sus familias. Pues en Sevilla, según el padrón, viven más de 5.500 ciudadanos chinos, pero se estima que hay unos 11.000. Para que se hagan una idea, en el Ayuntamiento el concejal está a menos de 10.000 votos, si bien Adelante Andalucía consiguió 11.997 (el 3,72%) en las últimas elecciones municipales, y se quedó sin que Sandra Heredia saliera elegida, por no llegar al 5%. Si todos los chinos sevillanos se empadronan y votan, pronto podrían tener un concejal, y hasta la llave para decidir la mayoría en la Alcaldía entre el PP y el PSOE. Aquí viven más chinos que suecos. Y quizás por eso el presidente de la Junta, Juanma Moreno, y el alcalde, José Luis Sanz, vuelven de nuevo sus ojos hacia ese gran país.

SÓLO faltaría que el Ayuntamiento amplíe la Feria, autorizando algunas casetas en la plaza de España. A la misma vez que proclama como día festivo el miércoles, con el martes y el jueves por añadidura. La plaza de España, desde que José Luis Sanz propuso la opción del pago por verla, ha entrado de lleno en el debate de la ciudad. Ya se ha sabido que piensan cobrar “tres o cuatro euros” a cada turista que la visite. De modo que sigue la polémica. Aunque el sevillano y la sevillana, no se sabe por qué, van menos. Algunos sólo se acuerdan de la plaza de España cuando es Domingo de Ramos y pasa La Paz, o cuando acuden para algunas gestiones burocráticas.

ERA viernes 13 (día considerado de mal fario) cuando se hizo público que el ministro de Transportes, Óscar Puente, había destituido al presidente de Adif, Ángel Contreras, por el caos ferroviario en España. Esa misma mañana hubo dos averías importantes, una en Barcelona y otra en Madrid, que afectaron a los trenes AVE de casi toda España. Un ejemplo: el tren AVE matutino entre Barcelona y Sevilla salió de la estación de Sants con tres horas de retraso. En Córdoba, obligaron a los viajeros a bajarse del AVE y subirse a otro más viejo. Llegaron a Sevilla con más de tres horas de retraso sobre el horario oficial previsto. Ese mismo día hubo más retrasos y supresión de servicios en Santa Justa.

LAS obras públicas sevillanas forman parte de la historia interminable, puede que el Apocalipsis llegue antes. Agosto era el gran mes de las obras públicas sevillanas. En agosto, aprovechando las vacaciones y la desbandada a las playas, se ponía la ciudad patas arriba, con levantamientos de calles, tuberías nuevas, cambios de instalaciones eléctricas y lo que hiciera falta. Por extensión, se abría otro plazo que iba desde después de la Semana Santa hasta la Cuaresma siguiente para aquellas obras más largas y complejas. Pero en septiembre la ciudad estaba mejorada tras las chapuzas más necesarias. Sin embargo, ahora ya ven. Hay obras que han conocido hasta tres alcaldes sin ser terminadas.