LA presencia del Cristo de la Expiración en Roma ha sido un acontecimiento que le aporta una nueva dimensión a la Semana Santa sevillana. Y no hay que darle más vueltas. Se puede entrar en detalles, analizando desde los parámetros localistas sevillanos, pero ver al Cachorro pasando ante el Coliseo merece todas las penas. Y verlo en el Vaticano, en un altar, en el mismo templo donde está la Piedad de Miguel Ángel, ahí quedó. En las críticas cofradieras muchas veces influye la envidia. Por no hablar del ombliguismo cateto de creer que somos el centro del universo. No es lo mismo llevar al Cachorro a Roma que comentar una procesión extraordinaria. Hay diferencias cualitativas. Esta no era una misión para robustecer la fe de los romanos. El Cachorro fue a Roma para que lo vieran allí los sevillanos y los trianeros. Lo vieron algunos más también. Y los que no lo vieron se lo perdieron.

EL Cristo de la Expiración, conocido como El Cachorro, ya está en Roma. Ayer recibió culto en la basílica de San Pedro, del Vaticano. Es un acontecimiento de singular trascendencia para las devociones sevillanas. Hasta ahora se suponía que las imágenes titulares de hermandades no debían viajar fuera de Sevilla. No hace falta recordar las peripecias surgidas hasta que la Virgen de Regla salió en la procesión celebrada en Madrid en 2011, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud y la visita de Benedicto XVI. Participaban imágenes de otros lugares de España en aquel vía crucis con pasos, llevados al estilo de cada lugar. Pero aquí se consideraba que Sevilla era diferente para esos traslados.

TRAS la elección del Papa empezaron los rastreos para mirar con lupa su pasado. En esas se descubrió que había visitado Sevilla en tres ocasiones, dentro de sus contactos con los agustinos, y que estuvo en el colegio de Santa Clara y con las monjas de la Encarnación y las de San Leandro, y que vio al Cachorro, La O, San Isidoro, Montserrat y La Mortaja el Viernes Santo de 2002 en la Puerta de los Palos. Pero también se supo que Robert Francis Prevost había coincidido antes en Trujillo (Perú)) con el padre Eduardo Martín Clemens, actual párroco de Santa Cruz. Don Eduardo fue rector del seminario de Trujillo y nombró jefe de estudios a Prevost, con el que trabajó en tierras peruanas. Esta coincidencia se puede ver como anecdótica. Sin embargo, hay que fijarse en otra cuestión: en la vida ejemplar de este sacerdote sevillano, que como el nuevo Papa también tiene espíritu misionero.

TODAVÍA no se le ha perdonado a Sevilla que la primera línea del AVE de España fuera la que enlazó la estación madrileña de Atocha con la de Santa Justa. En Barcelona, cuando se habla de los fallos ferroviarios en Cataluña (donde también abundan), se recuerda que ahora la primera línea de AVE de España, en número de pasajeros, es la que une Madrid y Barcelona; y se utiliza para criticar la decisión de que llegara antes a Sevilla. Se vincula con un favoritismo de Felipe González hacia su tierra de origen. Aunque el entonces presidente del Gobierno explicó que la decisión se adoptó para contribuir a una mejor vertebración de España, en las infraestructuras con Andalucía, y porque era una conexión esencial para la Expo 92. Además, los desplazamientos en avión eran mucho mejores entre Madrid y Barcelona que entre Madrid y Sevilla. Por el puente aéreo y la capacidad del aeropuerto de El Prat.

NO es costumbre que los papas acudan a Sevilla en Semana Santa, ni mucho menos a la Feria. A lo más que se ha llegado es a cantarle sevillanas a Juan Pablo II, aquellas del Adiós, de Los Amigos de Gines, con el “no te vayas todavía”. Desde que se fue, no ha vuelto ningún Papa a Sevilla. Francisco no acudió, es una historia ya sabida. Prefirió viajar a Mongolia, lo que aprovechó Javier Cercas para escribir un libro religioso de un ateo, El loco de Dios en el fin del mundo, que estos días se ha convertido en un best-seller. En Mongolia apenas hay 1.500 católicos, que son menos de la mitad de los nazarenos de la Macarena. Y está más lejos que El Cerro del Águila. En Mongolia no tendrían problemas de masificación con los nazarenos. Pero el Papa fue allí y no aquí.