ALGUNOS lectores me han pedido que vuelva a escribir un artículo del Cádiz CF en esta sección. Yo me he resistido, porque hay asuntos más serios, aunque para Cádiz y su entorno deportivo el descenso a la antigua Segunda B (ahora Primera Federación) sería una gran desgracia. Y ya he comentado que esta temporada se parece demasiado a la del descenso en Alicante, por esa chulería tan propia del cadismo de no quererse hacer a la idea de que el verdadero sitio del equipo, en estos momentos, está en Segunda. El Cádiz no ha sido nunca un gran club. A lo más que ha llegado es a matagigantes.
Pero lo que se está viendo últimamente es de vergüenza ajena. Aquí hay delirios de grandeza injustificables. Los tres estadios a los que van más aficionados son los del Málaga, Deportivo de La Coruña y Sporting de Gijón. Hay clubes más ricos que el Cádiz y con mejores plantillas, como el Almería o Las Palmas. Por lo que el ascenso no era un objetivo realista. Salvo que sonara la flauta. Aunque tampoco el Cádiz es comparable al Ceuta, el Mirandés o la Cultural Leonesa, ni a un filial como la Real Sociedad B. Por lo tanto, si descienden, es un gran fracaso.
El Cádiz hubiera necesitado reforzar todas las posiciones en invierno. Empezando por la portería, donde Víctor Aznar comenzó bien, pero ya es gol todo lo que le chutan desde media y larga distancia. Por un gol tonto, que se tragó por el centro de la portería, se perdió ante Las Palmas. Hace paradas raras, pero no aporta seguridad. Y ya todos los rivales lo saben. Cuando menos se espera, cantan atrás, con una defensa de mantequilla. Y delante nadie arriesga. Por lo menos, cuando estaba Chris Ramos, fallaba cinco, pero marcaba uno. Desde que se lesionó Tabatadze, se acabó la fiesta. A Suso hay que darle galones de verdad. ¿Y Antoñito era ese?
Sin embargo, el fichaje que necesita el Cádiz es un psiquiatra. No digo ya un psicólogo, sino un psiquiatra. Porque hay un problema clínico. Tres entrenadores han sido incapaces de domesticar a esa plantilla. Idiakez no se debe preocupar por la táctica, sino porque tengan las ideas claras y no se paseen por el campo. Que se note que se están jugando el descenso, con coraje y testosterona. Para ganar puntos, además de lo físico, influye muy negativamente lo psíquico. Están encarajotados.
El psiquiatra también sería útil para el presidente y el vicepresidente, que se distraen con el proyecto de una fantasía animada en El Puerto, cuando lo principal era tener una plantilla decente. El momento ya es de sálvese quien pueda.
José Joaquín León
