HOY es el primer viernes de Cuaresma. Las fiestas del Carnaval llegan a sus últimos días. Aunque el dios Momo fue quemado el martes, tras el segundo pregón, el de Antonio Martín, que para muchos (entre los que me incluyo) fue mejor que el primero de las Chirigóticas. Esta es una más de las contradicciones de nuestro Carnaval, que en algunos aspectos necesita una revisión para la que falta valentía y sobra conformismo. En los meses siguientes a esta fiesta se hablará mucho de mejorarla, para que siga siendo casi igual porque no se atreven.

LAS quinielas de los finalistas del Carnaval son fáciles de acertar. El margen de error en las apuestas es mínimo. A pesar de las preliminares, los cuartos y las semis, si antes de empezar se hace un pronóstico, muy manta hay que ser para no acertar 12 finalistas como poco. No se puede decir que las plazas se concedan de antemano. Sin embargo, hay unos criterios de gustos que se mueven poco, por lo que algunas agrupaciones compiten resignadamente, sabiendo que no pasarán de cuartos, o como demasiado de semis, excepto que ocurra un milagro inesperado. El coro de Nandi Migueles, la comparsa de Kike Remolino y la chirigota de El Sheriff se han quedado a las puertas. Siempre hay alguna sorpresa, que es como la guinda del pastel.

LA fase preliminar del Concurso del Carnaval termina mañana sábado. Han pasado casi tres semanas de actuaciones con pocas sorpresas. Una vez más, se ha visto que no existe un problema de fechas, sino de sentido común. Esta fase es una pérdida de tiempo para las agrupaciones punteras, al no acumular puntos. Ya se sabe que sólo sirve para engordar las taquillas, para darle difusión al concurso en los pueblos de otras provincias, para que agrupaciones modestas puedan presumir ante sus amistades de aquel día de gloria, cuando cantaron junto a la comparsa de Antonio Martínez Ares, Tino Tovar o Juan Carlos Aragón. El día en que saludaron a Ángel Subiela.

LOS vecinos no quieren la Carpa del Carnaval en el muelle, ni en ningún sitio. La evolución de la Carpa merece un análisis pormenorizado, una monografía de la UCA, un congreso en el Palacio, quizás un libro. Es interesante que Antonio Cabrera haya recordado sus orígenes, cuando era gerente de la Fundación Gaditana del Carnaval. Sin Carlos Mariscal y sin Antonio Cabrera, la Carpa no hubiera empezado su trayectoria de generación en degeneración. Las pequeñas historias que allí han sucedido, los escarceos, intentonas y demás, se quedaron en el terreno de juego. Por suerte, no tenemos constancia de denuncias por acoso, aunque las ninfas salían huyendo a veces. Cádiz no es Hollywood. No hay pasarelas para protestar. Las últimas cayeron con el soterramiento, cuando llegó Teófila, después de Carlos Díaz, el alcalde que implantó la Carpa.

El aún reciente fallecimiento de Pepe Scapachini se llevó a la final de los cielos a otro gran componente de cuartetos. Aquel legendario grupo del Peña, el Masa y los hermanos Pepe y Paco Scapachini se consagró como el modelo. Pues aunque otro sector del público, menos purista, era favorable al cuarteto de Rota (al que le faltó continuidad), la realidad era esa: el verdadero cuarteto se debía asemejar a lo que interpretaban el Peña, el Masa y los Scapachini en aquellas agrupaciones legendarias. Entre los principales continuadores de hoy subyacen esas enseñanzas, cada uno con su estilo. A mí me siguen gustando los cuartetos bien rimados, aunque sean a base de Logroño y tal.