RESULTA curiosa la evolución mediática que ha recibido León XIV. En España se ha acentuado con su próxima visita. Es el Papa desde hace poco más de un año. Al principio se le prestó poca atención. Se decía de él que era un pontífice gris, serio, y reservado. Hablaba mucho de la paz en el mundo, desde que salió al balcón tras la fumata blanca. Pero eso de pedir la paz se le supone de oficio a un papa. La atención hacia León XIV, nacido en Chicago, se multiplicó desde las burlas y críticas de Donald Trump. Y cuando se opuso tajantemente a las acciones de Israel en Gaza. A partir de ahí, León XIV es presentado como un líder antiTrump, y es elogiado incluso por la izquierda más atea.
LA teoría conspiranoica sobre los jueces que supuestamente quieren perjudicar al PSOE ha alcanzado un nuevo hito con el caso de Zapatero. A esa teoría no sólo se han abonado algunos dirigentes socialistas, sino también socios del Gobierno, que no saben ya como camuflar sus vergüenzas en el tapado de la corrupción. ¿Cómo pueden decir que pactaron con Sánchez para regenerar este país? Pero en la teoría conspiranoica llama mucho la atención el momento elegido por el juez José Luis Calama para la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y el estallido del caso. Sucedió justo después de las elecciones andaluzas.
HA sido una campaña increíble. En Madrid han hablado del sofá de los andaluces y en Cataluña del pasotismo andaluz. Vamos a ver qué pasa, ¿vale? Andalucía está en el punto de mira. Y ha ocurrido algo insólito. Gracias a Andalucía ha sido invisible Cataluña durante dos semanas. Andalucía la ha eclipsado, por la conveniencia del PSOE y el PSC para que no se vieran las diferencias. Todo privilegio, para amarrar los votos de Junts y ERC, resulta letal en Andalucía, por los agravios comparativos. Y eso nos ha dado una buena pista para el futuro. Cuando Andalucía es fuerte sí impone respeto a las demás autonomías. Lo malo es cuando no tiene fuerza para influir y la toman por el pito del sereno del Estado español.
LA Real Academia Española dedica mucho tiempo y recursos a establecer la pureza ortodoxa de la Lengua. Por ejemplo, hubo una gran polémica para decidir si solo se debía acentuar, o no. Por una tilde, los señores académicos montaron un gran guirigay y aún hay discusiones que llegaron a México, aunque la señora Sheinbaum Pardo, en este asunto, no se ha pronunciado todavía, ni Pedro Sánchez tampoco. No obstante, en esta campaña electoral andaluza hay otro problema lingüístico que nos debería preocupar. Y es la denominación más acertada para el actual presidente de la Junta de Andalucía. Parece tres personas distintas y es un solo hombre.
UNO de los problemas de la extrema derecha y la extrema izquierda es que quieren ser más papistas que el Papa. En principio, eso no es malo, pues significa que esa religión sigue interesando a los dos bandos. Lo que pasa es que la doctrina católica es aplicada por unos y otros con su interés peculiar. Y así la extrema derecha gruñe cuando el Papa habla de los pobres como prioridad. Y la extrema izquierda ningunea al Papa cuando recuerda urbi et orbi que la prioridad de la vida sobre la muerte incluye la condena del aborto y la eutanasia, además de las guerras. Todo lo prioritario está en el Evangelio, que para los cristianos es más importante que la Constitución. Porque el Evangelio va a misa. Y se considera palabra del Señor.