CONSTRUIR un túnel submarino en el Estrecho de Gibraltar, que conecte España con Marruecos, sería nefasto para Andalucía. Es un proyecto ventajoso para el interés marroquí y ruinoso para los españoles y los andaluces. Por eso, resulta extraño que el Gobierno de Pedro Sánchez recupere ese proyecto, que se planteó hace 40 años y fue descartado. Ya sabemos que rinde pleitesía al rey de Marruecos y que no ha dudado en dejar tirados a los saharauis. También extraña que la Junta de Andalucía no se oponga a ese proyecto, que por cierto costaría 8.500 millones de euros. Es decir, casi el doble de los 4.800 millones que María Jesús Montero ofrece a Andalucía en su utópica financiación.

NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le sirve el régimen islamista medieval de Arabia Saudí que los chavistas autocráticos de Venezuela. Tanto los unos como los otros producen petróleo. El buen negociante piensa que todo tiene un precio. Y así como ha comprado a unos chavistas, cree que podrá comprar Groenlandia, o lo que se le antoje.

DONALD Trump quería el premio Nobel de la Paz de 2025, pero se lo concedieron a la venezolana María Corina Machado. Trump había propiciado un acuerdo de paz en Gaza, que se interpretó como el primer logro de una de sus promesas: acabar con las guerras en el mundo. En Ucrania, hasta ahora, le ha salido el tiro por la culata. Y Venezuela ha sido diferente. Es cierto que el régimen de Nicolás Maduro no está reconocido por diversos países democráticos, entre ellos España, que tomó esa decisión para no enfrentarse al resto de Europa. El pucherazo de Maduro le ha ilegitimado. Sin embargo, el método de matón pandillero utilizado por Trump no se ajusta al derecho internacional. Suponiendo que exista.

LA desfachatez política alcanzó otra cumbre con las elecciones de Extremadura. El gran perdedor fue Pedro Sánchez, que estuvo allí y le hizo la campaña al candidato del PSOE, Miguel Ángel Gallardo, tras cometer la chulería de avalarlo, a pesar de estar acusado de un chanchullo con el hermanísimo de don Pedro. Los relatores del sanchismo ya empezaron a contar mentiras en la misma noche del fracaso, manipulando las cuentas a su antojo. Todo para ocultar el ridículo del PSOE, que ganaba con el 54% de los votos en los tiempos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra y ahora está en menos de la mitad: el 25,72%.

SIEMPRE es bueno que haya niños traviesos en casa. Siempre es bueno que esté Puigdemont en su exilio con una amnistía pendiente y que Junts retire su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez, con Miriam Nogueras ejerciendo de mujer fatal, pero sin permitir que caiga. Sin embargo, el mayor culpable de que el sanchismo siga en el poder no es Junts, sino los de Sumar. El movimiento formado por comunistas de Izquierda Unida, el PCE y otros, junto a los de Más Madrid, Compromís valenciano, los ecologistas y comunistas catalanes de los Comuns y no sé qué más, todos ellos forman parte del Gobierno, en coalición con el PSOE. Son responsables de lo que sucede. Bastaría con que el movimiento de Yolanda Díaz rompiera su apoyo para que Pedro Sánchez se viera forzado a convocar elecciones.