IMAGINEMOS lo contrario: que un Gobierno del PP y Ciudadanos, con ministros de Vox, decidiera unilateralmente rebajar las mayorías para elegir el Poder Judicial, y así plegarlo a sus intereses. ¿Qué dirían los del PSOE y Unidas Podemos? Sin duda, que la derecha estaba dando un golpe de Estado, para romper los equilibrios de poderes, y mandar a tomar por saco el espíritu del barón de Montesquieu. ¿Acaso no era eso lo que sucedía en el régimen de Franco? ¿Acaso no era eso lo que ocurría en el comunismo prosoviético o en su disfraz bolivariano? Todas las dictaduras se afanan en controlar el aparato del Estado y ponerlo a su servicio.

TODAVÍA hay personas ingenuas, espíritus sublimes, almas puras, que preguntan: ¿por qué España es el país europeo que peor está gestionando la pandemia del Covid-19? Pues por la politización cutre. En este país todo se mide en clave de politiqueo, hasta las próximas elecciones, sin horizontes estratégicos. Mientras Pedro Sánchez pide unidad, él va a su alarma. También hay que tener claras las prioridades de salud, y ser consecuentes, algo que le falla a Isabel Díaz Ayuso. La batallita de Madrid es alarmante, porque nadie sabe lo que hace. No es sólo un problema de la capital de España. Hasta el presidente de la Junta, Juanma Moreno, hombre de por sí malagueño, pidió a los madrileños que no vinieran a Andalucía.

VOLVER a las dos Españas ha creado un fiero ambiente guerracivilista en la campaña del coronavirus. En la primera ola ya se le criticó a Pedro Sánchez su lenguaje bélico, en plan de “esta guerra la vamos a ganar unidos”. Después, en la desescalada, llegó a decir “hemos vencido al virus”. Algunas de sus intervenciones se repasan ahora y son tragicómicas. Para la segunda ola, después del desprestigio que le quedó con la primera, Pedro se ha tomado como objetivo la derrota de Madrid. En la guerra civil pasó lo mismo. Hasta que Franco conquistó Madrid, en 1939, no se acabó. Esperemos que la guerra del coronavirus no dure tres años.

EL Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tiene como objetivo perpetuarse en el poder. No se trata sólo de que la legislatura dure los cuatro años, sino seguir, seguir y seguir. Incluso superar la permanencia de Felipe González durante más de 13 años. Para ello, a falta de una buena gestión (es imposible), tienen como estrategia volver al enfrentamiento de las dos Españas. Ojo: no es una casualidad, sino una causalidad, una intención evidente. Creen que con las dos Españas a la greña llevarán las de ganar, porque recuperarían a personas izquierdistas que ya están desencantadas. Para ello, necesitan agitar los fantasmas de Franco y su tiempo, atacar a la Monarquía y mitificar la República, aprovecharse de la división entre ricos y pobres en vez de corregirla... Buscar la fantasía, ya que la realidad de sus fracasos es muy dura.

LA buena gente es inocente y no se da cuenta de las trampas. Preguntan: ¿cómo puede ser que el Gobierno de Pedro Sánchez diga una cosa y el de Pablo Iglesias la contraria? Les sorprende que los ministros del PSOE defiendan el retraso de las jubilaciones y que los de Unidas Podemos quieran prejubilar a todo el mundo para que trabajen más jóvenes, con esa simpleza mental. O que unos defiendan la Monarquía constitucional y otros la República. La gente no sabe que este Gobierno total aspira a ser único, por lo que ellos mismos se hacen la oposición. Unos dicen blanco y otros negro; unos dan cariño a los ricos y otros a los pobres. Van a por todas y por todos.Pero a los partidos les pasa igual. Porque cada uno es como dos.