En 1973 un incendio calcinó a la antigua Virgen del Patrocinio y dañó gravemente al Cachorro l Luis Álvarez Duarte talló una nueva dolorosa, inspirándose en la anterior, pero con su estilo

EL 26 de febrero de 1973 nunca se le olvidará a los cofrades del Cachorro. Aquel día, poco después de las dos de la tarde, un albañil llamado Rafael Blanco Guillén vio salir humo del templo. Entró por un balcón y apartó los candeleros que ardían, hasta llegar al altar y salvar al Cachorro. El portentoso Crucificado sufrió daños graves, pero pudo sobrevivir a las llamas. Posteriormente fue admirablemente recuperado por los hermanos Antonio y Joaquín Cruz Solís. Sin embargo, en aquel lamentable siniestro, la Virgen del Patrocinio quedó reducida a cenizas.

l La Exaltación vuelve a salir de su templo, que fue cerrado en 2004 y ha sido sometido a una larga restauración l Su historia está vinculada a esta iglesia, en la que ya se encontraba en 1621

UNA de las grandes novedades de la Semana Santa de 2019 es la salida de la cofradía de la Exaltación desde su sede canónica de Santa Catalina. La iglesia ha permanecido cerrada desde mayo de 2004, tras desprenderse unas tejas que permitieron descubrir el mal estado que sufría. Cuando tanto se habla estos días de la conservación del patrimonio, por el incendio de Notre Dame, se deben recordar casos como este. A lo largo de 15 años se han prolongado las obras con periodos de paralización y muchos problemas. La decidida intervención de monseñor Asenjo ha sido providencial para que volviera a abrirse al culto. El Arzobispado ha invertido en la restauración más de tres millones de euros. El 24 de noviembre de 2018 se celebró la misa de la reapertura y el templo recuperó la normalidad, con importantes mejoras. A destacar también los hallazgos arqueológicos que se pueden ver.

l En 1979 La Sed fue incorporada a la Semana Santa para hacer estación a la Catedral l Atrás quedaban las salidas de los Viernes de Dolores, vistiendo túnicas y antifaz pero sin capirotes

EN esta Semana Santa se cumplen 40 años de la primera estación de penitencia de la cofradía de la Sed a la Catedral. También celebrarán los 50 años de la bendición de la Virgen de Consolación Madre de la Iglesia, mientras que el próximo año se cumplirá el cincuentenario de la bendición del Cristo de la Sed. Hoy, cuando vemos a la cofradía del barrio de Nervión, nos encontramos con una hermandad pujante, que ha  tenido una  notable expansión en estas últimas cuatro décadas. Sin embargo, la historia de la hermandad, que comenzó hace medio siglo, estuvo llena llena de incomprensiones.

En 1923 se estrenó el misterio de la Bofetá que abrió la puerta grande de la Semana Santa para Castillo Lastrucci l Su fama se amplió con el grupo de la Virgen del Dulce Nombre y San Juan

EL misterio de la Bofetá cambió la vida del escultor Antonio Castillo Lastrucci. Nunca sabremos cómo hubiera sido su trayectoria artística si no hubiera tallado esas imágenes. Está considerado como el autor más prolífico del siglo XX. Sin embargo, detrás de Castillo Lastrucci hay una historia sorprendente, que es también la de la Bofetá y el Dulce Nombre. Había sido un escultor profano antes que imaginero religioso, como ocurrió con otros artífices en la Sevilla de principios del siglo XX. Castillo Lastrucci nació en 1878 y fue uno de los discípulos predilectos de Antonio Susillo, el gran escultor de aquella época.

l La actual Virgen de las Penas es la tercera dolorosa de Santa Marta l Sustituyó a dos de Luis Ortega Bru, que en la primera hizo un homenaje a su madre republicana, fusilada en la Guerra Civil

ERA una Dolorosa que reflejaba en su rostro las penas más duras de la vida, el sufrimiento de la muerte, y también una guerra. Aquella Virgen de las Penas, de la Hermandad de Santa Marta, encarnaba el dolor de la Madre que contempla el traslado de su Hijo muerto, pero en  realidad era también el testimonio de un hijo que sufrió la muerte de su madre en unas circunstancias terribles. La familia de Luis Ortega Bru, el autor de la imagen, era republicana. En la Guerra Civil sus padres fueron fusilados. En 1939, el propio Ortega Bru fue condenado a muerte “por auxilio a la rebelión”. Tras serle conmutada la pena, pasó por la cárcel y por campos de trabajo hasta que fue puesto en libertad. En 1944 llegó a Sevilla.