PUES sí, yo era de los pocos que no había escrito un artículo titulado La Sevilla que viene. He esperado al día de San Fernando, santo patrono de la ciudad, que en otros tiempos tenía una fiesta local con todos sus avíos, e incluso lo sacaron en procesión, cuando esas actividades estaban bien vistas. En Sevilla se suponía que un santo sin procesión era como una mocita sin amor, algo que ya no dice nadie. Todo se está quedando incomprensible para las generaciones futuras. Es posible que a los niños nacidos en 2020 les digan la generación mascarilla, igual que les dicen los millennials a los del siglo XXI. También es posible que algunas personas con edades comprendidas entre los 20 y los 40 años no se pongan mascarillas, ni siendo obligatorias, por considerar que no va con ellos, pero sí va. En la Sevilla que va y viene puede pasar de todo.

ENTRE las medidas sadomasoquistas y asintomáticas adoptadas por el mando único, está la imposibilidad de circular entre provincias de la misma fase. Ahora, cuando la desescalada avanza, y seis provincias de Andalucía perseveran en la fase 2, no se puede circular entre ellas. Ni siquiera entre limítrofes. Con el descenso de contagios y la situación epidemiológica actual, esa medida es demencial. Por otra parte, como se ha explicado cientos de veces, la movilidad en Andalucía es esencial para la hostelería, sobre todo en la costa de Huelva y Cádiz, que depende en gran medida de los sevillanos. Para colmo, en Sevilla se soportan altas temperaturas, sin poder ir a las playas vecinas. La Junta, por medio del vicepresidente, Juan Marín, ha vuelto a pedir esa movilidad. Y a dejar claro que la cogobernanza de la que habla Pedro Sánchez es falsa, pues no les hacen caso. Entre ese absurdo, ha florecido una teoría de la conspiración: no permiten viajar a otras provincias andaluzas por miedo al Rocío.

LOS hermanos mayores acudieron a su asamblea al aire libre en el Alcázar, y se acabó el problema de las sillas y palcos. Para el Consejo no era tan sencillo como parece a simple vista. Primero, porque los propios hermanos mayores habían recortado las competencias de la Junta Superior, tiempo ha, para que decisiones como esta sean adoptadas por la asamblea de las hermandades. Y después, porque el derecho de reunión también fue recortado por el mando único, con imposibilidad de reunirse, hasta que el Ayuntamiento cedió el patio de la Montería del Alcázar. La postura municipal ha sido encomiable, tanto por parte del alcalde, Juan Espadas, como del delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera. Como diría Nadia Calviño, ellos han contribuido a la solución, en vez de aumentar el problema. Y no han actuado con populismo, ni le siguieron el rollo a la asociación de progresistas de consumo.

CUANDO Pedro Sánchez dijo que los turistas extranjeros volverán a España a partir de julio, parecía que estaba hablando de marcianos. Los  extranjeros en Sevilla han pasado a ser raros. Estamos como en el siglo XIX (o puede que peor, con las fronteras cerradas y las cuarentenas), cuando llegaban los franceses y parecían de otra galaxia. Venían personajes ilustres como Teófilo Gautier, Alejandro Dumas, Próspero Merimée y tantos otros. Entre ellos y los autores de las óperas sevillanas, contribuyeron a una visión castiza  de la ciudad. Es archisabido que en los tópicos han influido los extranjeros, que veían a los sevillanos (y a los andaluces, en general) como apasionados, folklóricos, flojos y raros. Ahora, por culpa del coronavirus, los raros son ellos.

ESTE Gobierno no quiere que los sevillanos vayan a las playas y este Ayuntamiento va a conseguir que se acostumbren a las plagas. Ya tengo escrito que los alemanes podrían llegar a las islas Baleares antes que los sevillanos a Matalascañas o Chipiona (puesto que Pedro Sánchez le da coba a Juanma Moreno en todas las reuniones de presidentes). Pero las plagas empiezan a ser más preocupantes que las playas. El pasado domingo, como la gente sigue confinada en la provincia única, había algunas personas paseando por los alrededores de la Catedral, y se pudo ver una rata muerta, a plena luz del día, junto a la puerta de San Miguel, que estaba abierta para una misa de precepto con 30% del aforo.

Las plagas no sabemos si estarán ya al 50%. Los del PP son los expertos en bichos, y lo denuncian cada vez que pueden. A la vista está. Escribí que, al salir del encierro, llamaba poderosamente la atención la suciedad y el abandono que se percibe en muchas zonas de Sevilla. Evelia Rincón, concejala del PP, denunció que hay solares y zonas verdes en los que se acumula “la maleza”. Esa palabra es bonita (en sí misma advierte de algo malo), pero la maleza sevillana tiene algo de selvática y es encubridora de insectos variados.

No es una exageración de la oposición municipal, dispuesta a socavar al alcalde Espadas, diciendo que la ciudad está muy sucia. Salgan de paseo sin franja horaria. Al correr por los parques hallamos bichos sospechosos. Carreritas de cucarachas se han visto por varias calles. A la rata despanzurrada de la Avenida la vi yo, y a otras ratas las han visto otros. La pregunta es: ¿estaría Sevilla con tantos animalitos a su antojo si se hubiera mantenido el gran boom del turismo? ¿Verían ratas los turistas sin cuarentena al salir de la Catedral?

En China (y no sólo en Wuhan) la higiene fue esencial para acabar con el coronavirus. Los operarios que limpiaban no eran militares, aunque iban vestidos como de guerra de las galaxias. Si aquí se desinfectara y se actuara contra la maleza como es debido, no se vería lo que se está viendo. Algo especial deberían hacer. Algo más que aprovecharse de que Sevilla se ha quedado para los sevillanos. Y, como dice el refrán, donde hay confianza da asco.

A falta de playas, no deberíamos conformarnos con las plagas. Esta Sevilla retrocede en el tiempo: a los viejos domingos de calores en soledad, con las calles vacías y las tiendas cerradas. A las ratas, las cucarachas, las pulgas y ciertos insectos, que se apoderan de las ciudades pobres, y de aquellos espacios públicos que la civilización abandona. A eso estamos llegando.

ESTE Gobierno no quiere que los sevillanos vayan a las playas y este Ayuntamiento va a conseguir que se acostumbren a las plagas. Ya tengo escrito que los alemanes podrían llegar a las islas Baleares antes que los sevillanos a Matalascañas o Chipiona (puesto que Pedro Sánchez le da coba a Juanma Moreno en todas las reuniones de presidentes). Pero las plagas empiezan a ser más preocupantes que las playas. El pasado domingo, como la gente sigue confinada en la provincia única, había algunas personas paseando por los alrededores de la Catedral, y se pudo ver una rata muerta, a plena luz del día, junto a la puerta de San Miguel, que estaba abierta para una misa de precepto con 30% del aforo.