SE viene alertando: el mayor problema para la Semana Santa de 2022 puede ser el catálogo de ocurrencias. Estamos aún en la temporada alta de los contagios de ómicron, que van a llegar al 60% de la población europea, según la OMS, organización no siempre fiable. La gente piensa que Francisco Vélez y el Consejo están distraídos con las sillas, los palcos y sus circunstancias. O con la carrera oficial, a la que le querían meter el diente, pero otro año, porque este no le conviene ni al Consejo, ni a Fiestas Mayores. También Juan Carlos Cabrera va a tener sus elecciones, puede que vaya en la lista andaluza con Juan Espadas. Y en esas llegó Jesús Aguirre, el consejero de Salud, con el borrador de los costaleros y hablando de chicotás. Vamos a llamar, valientes; así que oído al martillo.

AL nuevo alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, se le debe reconocer que ha empezado con ganas. O será que Juan Espadas, en los últimos meses, funcionaba al ralentí, asumiendo que sus votos están ahora en las ocho provincias andaluzas y no sólo en la capital sevillana. El alcalde Muñoz se ha venido arriba en Fitur, no en vano el turismo es una de sus especialidades. En el mes de enero, en plena cuesta, con todo subiendo (desde el contagio de ómicron al precio de la luz o el gas) es muy propio de los alcaldes que se dediquen a fiturear, a la espera de gripalizar la pandemia y de optimizar las potencialidades locales. Ahora los políticos hablan como si estuviéramos descubriendo América de nuevo, a base de perogrulladas bien vestidas.

A Francisco Toscano ya le queda poco tiempo como alcalde de Dos Hermanas. Al cumplir 73 años, va a dejar la Alcaldía de los nazarenos, un cargo que ostenta desde 1983. Ha ganado 10 elecciones municipales con mayoría absoluta, obteniendo así el derecho a decidir durante 40 años en la Alcaldía, aunque sólo estará 38 años y pico. Recuérdese que ese tiempo es el que permaneció Francisco Franco como caudillo de España, con perdón por la comparación. Es decir, que Quico Toscano es como un régimen para Dos Hermanas, pero con una diferencia esencial: sometido al control de las urnas, en las que ha ganado por goleada, para desgracia de todos sus rivales.

AL nuevo alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, como a todos los cargos institucionales, se le deben conceder 100 días de confianza, más o menos. Aunque su primera decisión, con la remodelación, deja dudas sobre la futura gestión municipal y se intuye que puede empeorar lo que había. Afrontar un recambio en la Alcaldía, a falta de menos de un año y medio para las elecciones municipales, no aparecía en el guion de mayo de 2019, cuando Juan Espadas fue el candidato más votado en Sevilla. Entonces tampoco había llegado la pandemia, dicho sea de paso, y Susana Díaz ejercía la oposición a la Junta y aspiraba a seguir liderando el PSOE de Andalucía.

LAS vacaciones de Navidad comenzaron con el futuro alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, y el presidente de la Diputación Provincial, Fernando Rodríguez Villalobos, confinados tras dar positivo en las pruebas de coronavirus. Se unían así a los políticos que han sufrido la enfermedad o han guardado cuarentena por ser contactos estrechos. Si repasamos la lista de políticos sevillanos y andaluces contagiados, nos encontramos a muchos del PSOE y del PP, pero también de los demás partidos. En la mayoría de los casos no se ha respetado la privacidad, quizá porque son personajes públicos. La privacidad se olvida en las enfermedades. A unos enfermos les gusta contarlo, porque les ayuda a superarlo, pero a otros no, porque también puede causar perjuicios psicológicos y hasta económicos.