EN la Feria se hablará de la Semana Santa. Más concretamente de los incidentes de la Madrugada. Estamos todavía en el periodo de las explicaciones inexplicables. En el 2000 se cerró el altercado en falso. En 2017 se han aventurado hipótesis que chocan con la realidad que muchas personas vimos (y sufrimos) en las calles. Un amigo sostiene que si los sucesos no se esclarecen, la culpa será del Consejo y de las hermandades, que no han pedido la dimisión de los responsables del Cecop, y se han contentado con justificaciones increíbles. Sin llegar a tanto, es verdad que un asunto tan grave no ha tenido repercusión política.

SÓLO los sevillanos que aman la Semana Santa son capaces de reaccionar como lo hicieron en la Madrugada del Viernes Santo de 2017. En cualquier ciudad que hubiera sufrido esos incidentes, todo se hubiera suspendido. Sin embargo, aquí, la reacción fue ejemplar. Porque hubo miles de personas dispuestas a defender su Semana Santa. No permitieron que unos insensatos la destrocen, con actitudes y ataques que parecieron evidentemente orquestados. Nazarenos que siguieron adelante. Costaleros que llevaron sobre sus hombros a las imágenes más queridas. Músicos que siguieron tocando. Las personas que permanecieron en los palcos y en las sillas, en las calles y en las plazas. Muchos se fueron. Pero otros siguieron a su lado. El ejemplo de la Pasión, cuando se vive con pasión.

LA Semana Santa del 92 alcanzó la cresta de una ola para las cofradías. Nunca como entonces se habló de masificación. Nunca como entonces se planteaba seriamente en las tertulias la posibilidad de establecer numerus clausus para los nazarenos. Nunca como entonces se habló de que era imprescindible ampliar la carrera oficial y reformar la Madrugada. Nunca como entonces se aumentó la vigilancia policial en las calles, y eso empezó a condicionar la Semana Santa, a pesar de que habían detenido poco antes a la cúpula de ETA. Nunca como entonces hubo tanta expectación ante un Santo Entierro Grande, porque no se había organizado ninguno desde 1965. Era el primero después de Franco.

EN diciembre de 1983, me encontré por primera vez con el impresionante Cristo de la Agonía, que talló Juan de Mesa para Vergara (Guipúzcoa). Estaba en el Pabellón Mudéjar de la plaza de América, formando parte de la exposición Sevilla en el siglo XVII. Había regresado por vez primera a la ciudad donde fue tallado en 1622, aunque a la parroquia de San Pedro, de Vergara, llegó en 1626. Cuando lo vi en Sevilla, pensé que era una ocasión irrepetible. No imaginaba que lo podría ver, 34 años después, en la iglesia conventual del Santo Ángel. Y menos aún que estaría acompañado por el Cristo de los Desamparados, de Martínez Montañés, que se venera en dicho templo. Y, además, por el Cristo del Seminario Mayor de Granada, obra de Pablo de Rojas.

VIENDO las fotos de la visita oficial al mercado de la Puerta de la Carne se percibe un rayito de esperanza. Todavía es posible que un día vuelva a abrir sus puertas para algo más que una presentación de obras. El alcalde, Juan Espadas, ha anunciado que en 2019 será inaugurado, según las previsiones. Anuncios ya hemos tenido otros. Pasa con este mercado lo mismo que con Tablada y otros proyectos eternos. Cada alcalde que llega anuncia lo suyo, y dice que será inaugurado un año de estos.