ESTA Feria de la No-Feria no puede ser y, además, era imposible, y no la ha organizado nadie, ni se sabe por qué han aparecido esas decoraciones, ni por qué iban a convertir el Museo Bellver en la caseta Fabiola. Y es verdad que en los alrededores de la plaza del Salvador había varias tiendas de vestidos de flamenca, a las que el Covid 19 les ha dado la puntilla, como a tantos negocios locales, por lo que es un detalle de caridad cristiana montarles unos puestos en la Plaza Nueva. Y hasta se puede entender que en algunas bodeguitas, donde es posible beber manzanilla todo el año, pongan estos días farolillos para que ellas se quiten la mascarilla vestidas de flamenca.

EL Vaticano ha dado a conocer que don José Ángel Saiz Meneses será el nuevo arzobispo de Sevilla. Después de que los expertos en fake news utilizaran en vano el nombre de siete u ocho obispos españoles, como presuntos candidatos. En la plaza de la Virgen de los Reyes no organizan fumatas, pero para Sevilla es muy importante. Incluso en los protocolos, un arzobispo de la archidiócesis hispalense tiene un rango más elevado que en otras del país. El recién nombrado, de entrada, ha sido castellanizado, pues hasta ayer figuraba en la web de la Conferencia Episcopal y en la diócesis de Tarrasa (o Terrassa) como Josep Àngel. Ha pasado a ser José Ángel, como lo era cuando nació en Sisante (Cuenca), hace 64 años.

AHORA resulta que la Feria de abril que estaban montando en el centro de Sevilla no era una Feria. Y que no la montaba nadie, sino que unas bombillas de pronto han aparecido y nadie sabe cómo ha sido. Y a pesar de los pesares, en la Plaza Nueva van a organizar una Feria de Moda Flamenca antes que la Feria del Libro. Por no hablar de otros proyectos, como convertir el Museo de la Casa Bellver en caseta, con bailes de sevillanas. A lo que pretendían añadir el Palacio de las Dueñas, la Casa de Pilatos, otras casas de familias sevillanas de la alta sociedad, incluso el hotel Alfonso XIII. Sorprende que no hubieran compensado con la casa-palacio del Pumarejo, la casa de las Sirenas, las antiguas casas de socorro, o la casa-comisaría de la Gavidia, ya puestos.

POR culpa de la pandemia del coronavirus estamos perdiendo las tradiciones y las buenas costumbres sevillanas, como vimos en Semana Santa. No me refiero a las mantillas, que se han vuelto a poner de moda, por hacer algo bonito el Jueves Santo, con los Santos Oficios restringidos y con policías locales vigilando los aforos, sino a las obras públicas. Otros años, desde el mes de febrero, o incluso desde el Quinario del Señor del Gran Poder, en los medios de comunicación locales comenzaban las advertencias: “El Ayuntamiento asegura que las obras de la calle Tal y la plaza Cual estarán a punto para Semana Santa”.

AUNQUE no lo parezca del todo, hoy es Jueves Santo. En Sevilla se ha cambiado la silla por la mantilla. Me refiero a todas las sillas: a la cofradiera de la Campana o Sierpes, y a la playera de Rota o Punta Umbría (por no decir Chipiona o Matalascañas, que es lo que siempre se dice, las playas más sevillanas no las hay, con permiso del confín perimetral). Por el contrario, han organizado una campaña para que las sevillanas vistieran la mantilla este Jueves Santo. Prenda de por sí feminista y femenina, por motivos obvios, cuya utilidad no es para salir a ver procesiones, sino para llevarla a las celebraciones eucarísticas de los santos oficios del día y para visitar los sagrarios, como se ha explicado miles de veces.