EN la partida por la Alcaldía, Antonio Muñoz se ha sacado un as de la manga: la Ley de Capitalidad para Sevilla. Digamos que puede ser una forma de contrarrestar la mala compañía de Pedro Sánchez. El alcalde socialista ha recurrido a una propuesta que defendió el PP (y singularmente el ex alcalde Juan Ignacio Zoido), aunque es cierto que otro socialista, Alfredo Sánchez Monteseirín, también la pidió. Puede ser una forma de buscar al electorado moderado. No por la propuesta en sí misma, sino por ese afán conciliador que orienta su gestión desde que sustituyó a Juan Espadas. Una conciliación más juanmista que pedrista, y que resulta ajena a las broncas de la política nacional, auspiciadas por el ilustre visitante al que recibió el 14 de enero en el pabellón de la Navegación. “Navegamos frente a tempestades”, dijo Sánchez.

ES muy bonito que tengamos una polémica sobre los patinetes en el Metro. Nos crea la ilusión de que disponemos de un gran Metro, que comunica la ciudad en todos sus barrios. En vez de la triste realidad: hay una línea única, de este a oeste y de oeste a este, por algunos barrios y zonas del entorno metropolitano. Aun así, es cierto que enlaza Mairena del Aljarafe y San Juan con Sevilla y la zona de los Quintos en el entorno de Dos Hermanas, y que pasa por Los Remedios, la Puerta Jerez (al lado del centro), el Prado, Nervión, Ciudad Jardín, Amate, la Plata, la Universidad Pablo de Olavide, etcétera. Tampoco es tan inútil como algunos creen. En ese contexto, con el patinete hemos topado. ¿Se debe subir o no?

A la Cartuja le cabe todo. Con razón, se la califica como una isla mágica. Desde que acabó la Expo 92, empezaron a decir que aquel sería un terreno baldío, donde proliferarían los jaramagos y se notaría el despilfarro multimillonario de aquel evento. Después empezó otra polémica sobre el estadio llamado Olímpico, cuando Alejandro Rojas-Marcos defendía que Sevilla organizara unos Juegos Olímpicos y Manuel Ruiz de Lopera intentó que se lo regalaran al Betis. Mientras se decía que allí no habría nada, se instalaba todo lo nuevo. Y así seguimos, como si fuera un cajón de sastre, que no de desastres. Es raro que la Agencia Aeroespacial no se ubique en tan maravillosa isla. Pero habrá otras novedades.

A medida que nos vamos haciendo mayores (que no viejos), vemos las cosas con cierto distanciamiento. Es decir, como si ya las hubiéramos visto. Cada década resulta tan prodigiosa como las anteriores, pero llegan gentes nuevas, con vocación de descubridores de lo ya descubierto. En esta temporada de rebajas lo estamos viendo con el edificio de la plaza del Duque 6, que permanece cerrado. Allí, cuando se acondicione, se abrirá la nueva flagship de Zara en Sevilla. Para triunfar en el comercio sevillano no basta con entrar en la Campana, donde existe una tienda de Zara, sino que se debe pedir la venia en la plaza del Duque. Allá donde El Corte Inglés se estableció, y no recordaré los detalles de lo que existió antes. Por el contrario, donde se abrirá la nueva tienda de Zara se debe recordar que ya hubo flagships de otras empresas. Y que ese edificio, con perdón, tiene un historial ruinoso.

EN estos momentos, con los informes médicos presentados, José Antonio Griñán no puede entrar en prisión. Ya no es una cuestión de justicia, sino de humanidad. Me ha parecido admirable que el actual presidente de la Junta, Juanma Moreno, haya sido sincero, mostrándose contrario al ingreso de Griñán en prisión, y recordando su especial sensibilidad al respecto, porque su padre falleció de cáncer. En la política, como en todo, también se debe tener sensibilidad, respeto y hasta compasión. Ser buenas personas o malas personas no es patrimonio de ningún partido, ni de ninguna ideología. Nadie debería dividir el mundo en los nuestros y los demás.