DECÍAMOS ayer… Es una célebre cita que se suele atribuir a fray Luis de León, en su retorno a la Universidad de Salamanca, aunque no está claro que lo dijera. Menos claro está desde que Pedro Sánchez, en su libro Manuel de resistencia, confundió a fray Luis de León con San Juan de la Cruz, a quien se lo endosó. Lo podría haber plagiado directamente, sin citar a nadie, y no hubiera metido la pata, digo la pluma. Confundir a fray Juan de la Cruz con fray Luis de León es casi más grave que lo de su tesis, aunque a él todos los frailes le parecerán iguales, con tal de que no sean priores de los benedictinos del Valle de los Caídos. Decíamos ayer (no cuando Pedro volvió a Ferraz por todo lo alto, sino en el artículo) que hasta el jueves se celebra en Sevilla el congreso de las Academias de la Lengua Española, pero que a Juan Espadas se le ha escapado la Cumbre del Cambio Climático. Por culpa de Pedro Sánchez, que se la ha regalado a Madrid, a pesar de que allí gobiernan PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox. Sí, a la andaluza.

LA alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que es podemita, ha inventado un peaje para los coches que accedan al centro de su ciudad. Empezaría a partir del 1 de enero de 2020. Los vehículos sin la etiqueta de la DGT tendrían que pagar dos euros por circular los días laborables en la zona de las Rondas de Barcelona. Cuando una alcaldesa podemita inventa un peaje a todo el mundo le parece estupendo. No es como el de la autopista de Sevilla a Cádiz, que lo inventó Franco, medio siglo antes del traslado en helicóptero. En general, los peajes y las tasas turísticas no sabemos si son de izquierdas o de derechas. Depende del color de quien lo imponga. Es obvio que esta idea progresista podría ser copiada en Sevilla por Juan Espadas, como la tasa hotelera. En Barcelona era un clamor popular. No sabían qué hacer para echar a los turistas, pero no lo consiguen ni con barricadas.

A todo el mundo en general se le ha ocurrido venir este fin de semana largo a Sevilla, empezando por las vísperas de Pedro Sánchez y Pablo Casado. Sevilla está de moda y vienen todos, gracias a los viajes de Juan Espadas, al que el PP confunde con Marco Polo. Raro es el fin de semana que no hay un acontecimiento extraordinario en Sevilla. Raro es que no coincida la presencia de algún cantante pop, un congreso que dejará riqueza en la ciudad, la inauguración o reforma de un centro comercial con atascos garantizados y alguna procesión. Cualquiera que vea en el Diario la relación de eventos podrá comprobar que Sevilla intenta parecerse a las grandes ciudades del mundo. Esa era la intención desde antes de que Juan Espadas llegara a la Alcaldía y Antonio Muñoz persiguiera chinos para los congresos. Incluso desde antes de que los premios Goya pasaran por aquí y se fueran a Málaga. Celebrar eventos es lo normal. Aunque no todos son como los MTV EMA 2019 de este finde.

ESTA es la campaña electoral más rara de la historia. Es muy cortita, apenas una semana larga, lo que ha impedido que el paseo de la momia de Franco en helicóptero pudiera ser incluido como apertura. En circunstancias normales hubiera coincidido. Esta fantasía necrófaga demuestra la aleatoriedad de lo que se consideran actos electoralistas del Gobierno de Pedro Sánchez. El comienzo de la campaña es monstruoso: coincide con la noche de Halloween. Un día de zombis y brujas. Se supone que las fiestas políticas para pegar carteles y dar los mensajes tendrán licencias. No serán como la que preparaban en la Cartuja.

EL conflicto político de Cataluña puede tener consecuencias económicas para las principales ciudades españolas. Ya se advirtió en 2017, cuando el referéndum ilegal del 1 de octubre y la declaración unilateral, que llevó a la aplicación del artículo 155 y todo lo demás. Ahora se vuelve a decir, pues no se sabe lo que ocurrirá en los próximos meses. A Quim Torra, en el exterior, no se le aprecia como un dirigente solvente. Más bien parece un majarón en un puesto de alta responsabilidad. Para el turismo y para las inversiones en Cataluña lo que ha ocurrido tendrá consecuencias. Y para Sevilla también, porque la puede beneficiar o perjudicar, según las circunstancias.