EN estos días se está recordando el 150 aniversario del inicio de la Revolución de 1868, conocida como La Gloriosa. Ahí se vuelven a notar las diferencias entre las izquierdas y las derechas, pues cuando se subleva la derecha se considera un golpe de estado, mientras cuando lo hacía la izquierda, como en 1868, o en 1934 durante la Segunda República, se le denomina revolución. Incluso gloriosa. Pero no intento analizar las características políticas de aquel pronunciamiento que iniciaron el almirante Topete y el general Prim en Cádiz, sino de su influencia nefasta en Sevilla. Aquí se formó la primera Junta Revolucionaria, el 20 de septiembre, con unas reivindicaciones que hoy nos parecen hasta moderadas, pero que estropearon por el odio anticlerical que sigue vigente.

ES fundamental para las empresas de hoy en día contar con eficaces acciones de marketing. En eso hay que reconocer los méritos de Primark. Véase la expectación que ha provocado la inauguración de su primer establecimiento en Sevilla, que se anuncia para el día 26. Han conseguido solapar que esa apertura llega pareja a la de un nuevo centro comercial, donde se ubicará, junto a otros establecimientos. De modo que lo esencial no parece el centro comercial de Torre Sevilla, sino el propio Primark. Sería justificable si estuviéramos ante una gran novedad, pero resulta que en Andalucía ya hay ocho establecimientos de Primark y en España existen 45 de esta firma de origen irlandés. Además, en Sevilla, contarán con otro en 2019, cuando se abra el centro comercial de Palmas Altas.

EN varias ocasiones he escrito que se debe cambiar la mentalidad. Acabar con ese catetismo de las fronteras provinciales que es un lastre para Andalucía. Se ha hablado en varias ocasiones, tanto en Sevilla como en Cádiz, de crear una plataforma logística del sur de Europa. Pero se planteaba con una visión cateta, que establecía los límites en El Cuervo, o por ahí. Sin embargo, esa capacidad logística nunca funcionará bien si no se aprovechan las sinergias existentes. Por eso, es una buena noticia que los delegados de las Zonas Francas de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, y de Cádiz, Victoria Rodríguez Machuca, se hayan reunido para buscar fórmulas de colaboración, y no hacerse mutuamente la puñeta, según es costumbre habitual en Andalucía.

TIEMBLA, Susana Díaz, tiembla. Tiembla, Juan Espadas, tiembla. Los ingenieros y los arquitectos andaluces se han unido, en una coalición estratégica, para reclamar mejoras en las infraestructuras. Consideran que la situación es grave. Si los ingenieros y los arquitectos ya eran peligrosos por separados, ahora unidos podemos liarla mayor. Y no porque se vayan a integrar en Adelante Andalucía (pues hay ingenieros y arquitectos de todos los colores, aunque con matices), sino porque pueden poner los puntos sobre las íes. Infraestructura empieza por i. Han empezado diciendo que puede ser más barato construir un segundo puente del Centenario que ampliar el existente. ¡Inaudito!

DECÍAMOS ayer que la inseguridad en los barrios es un problema grave, que se debe atajar de raíz y con eficacia. Porque detrás se oculta un riesgo mayor, que es el deterioro de la convivencia. Puede que incluso una incipiente xenofobia, por no hablar de racismo, que suena peor y nos remitiría a la ultraderecha. Aquí todo el mundo quiere a los inmigrantes y estamos a favor de que existan albergues para los sin techo. El problema llega cuando lo abren junto a la casa de uno. Porque entonces empiezan las molestias, que a lo peor no son teóricas, ni cosas de ultraderechistas, sino una realidad cotidiana. Los partidos, y el alcalde Espadas (con tal de no perder los votos de los vecinos) les han dado la razón. Aunque Cabrera diga que las estadísticas indican lo contrario. El caso de la Ronda de Capuchinos fue curioso.