EL Parlamento de Andalucía ha dado luz verde y blanca al Presupuesto para 2020, presentado por el Gobierno del PP y Ciudadanos, con el apoyo de Vox. Al consejero Juan Bravo le han aprobado dos presupuestos en cinco meses. El Trifachito, como lo llamó el PSOE de Susana Díaz, está funcionando mejor de lo que se esperaba. A pesar de algunos paripés, de cara a la galería, no han existido desavenencias insalvables. A diferencia de otras autonomías, donde hay divergencias innegables, en Andalucía el talante de los tres responsables es moderado. Y esa es la base para que se pongan de acuerdo. Andalucía tendrá presupuesto para 2020 porque no hay fisuras insalvables en la mayoría alternativa que se formó. Es lo que más duele al PSOE de Susana. El Trifachito no tiene una vitola facha.

NO es lo mismo la ocupación hotelera en el puente de la Inmaculada que la okupación de los pisos y las huellas de pintadas en el barrio de San Lorenzo. Es una forma diferente de entender el alojamiento. En el pasado puente festivo (que este año adquiría proporciones majestuosas) la ocupación hotelera rebasó las estimaciones previstas. Alcanzó el 96% en Sevilla, acercándose a lo que consideran lleno técnico. En los bares y restaurantes no se cabía a las horas punta, que es cuando todo el mundo intenta comer solomillo. En los aparcamientos del casco antiguo pusieron los cartelitos de completo. En las calles había bullas. Y todo ello a pesar de que la Cumbre del Clima se celebraba en Madrid, donde los hoteles estaban carísimos y alcanzaron menos ocupación.

ESTAMOS en el momento de ver si son galgos o podencos, si hacen falta túneles o un puente en la SE-40 para cruzar el río Gualdaquivir. Esto de los galgos y los podencos viene de una fábula de Tomás de Iriarte, del siglo XVIII, titulada Los dos conejos. La fábula es un género muy práctico, que se ha perdido, pero sigue latente en la conciencia de la gente. Los dos conejos se paran a discutir si los perros que los persiguen son galgos (como sostiene uno) o podencos (como dice el otro), con lo cual los alcanzan, y adiós muy buenas para los conejos. El mensaje de Iriarte se podría aplicar también a los que discuten por la SE-40, o por todo lo que se proyecta en Sevilla: “Los que por cuestiones/ de poca monta/ dejan lo que importa/ llévense este ejemplo”.

LOS políticos también son hijos de Dios. Incluso los de Vox y los de Podemos. Esto lo digo porque me parece muy bien que personas de ideologías opuestas, como Iván Espinosa de los Monteros y Pablo Iglesias, puedan dialogar en presencia de Inés Arrimadas. Y, además, que Espinosa de los Monteros e Iglesias tienen cuestiones en común, como que sus respectivas esposas, Rocío Monasterio e Irene Montero, también se dedican a la política, y es normal que ambos matrimonios superen dificultades para conciliar y hacer las faenas domésticas en sus chalés. Aparte de otras cuestiones que no nos interesan, como si quieren organizar una cena navideña en estos días. Me parece bien incluso ir a la cárcel para hablar con los políticos presos, como Oriol Junqueras, que también es hijo de Dios, y bastante devoto. A ver a los presos no sólo van los líderes de CCOO, Unai Sordo, y de UGT, Pepe Álvarez, sino que eso es lo habitual en la pastoral penitenciaria.

EL escalofriante accidente de un microbús de la línea C-5 en la Campana no puede ser despachado con la teoría de la resignación. ¿Era inevitable? Tampoco basta con retirar los cuatro microbuses de la marca Mercedes (eléctricos, por cierto) como los que originaron el siniestro, en el que dos mujeres sufrieron graves heridas. Imaginen que un microbús se va a empotrar contra el escaparate de Zara, en la esquina de la plaza del Duque y la Campana, a las 15:15 horas del sábado 7 de diciembre, en pleno puente de la Inmaculada, con el centro repleto de público. Lo primero que pensaríamos es que originaría varias víctimas mortales. No ha sido el caso. Aunque la foto de la mujer estrellada contra el escaparate es terrible. Que el accidente no haya tenido peores consecuencias se debe considerar un milagro, quizá porque el lugar está bastante santificado, ya que por esa esquina pasan los Cristos y las Vírgenes en Semana Santa, antes de entrar hacia el palquillo. O habrá sido que la Concepción, que es vecina, salió al quite en sus vísperas.