AHORA están en el tira y afloja, en los amagos de rechazo y en el cortejo. El acuerdo para el presupuesto municipal de 2019 y las ordenanzas fiscales es la última jugada táctica de Juan Espadas. Una jugada bien pensada, que para culminarla con éxito necesita que le beneficie a él, pero también a otros. Y en eso está. ¿Otros? ¿Qué otros? Pues sobre todo al PP y a Ciudadanos. Si Espadas consigue un acuerdo con los partidos del centro derecha reforzará esa imagen de moderación y centralidad que ha sabido cultivar. ¿Y qué pasaría con la izquierda de Unidos y Podemos? El propio alcalde lo ha insinuado: “¿Quién va a estar en contra de una reducción de impuestos?”. Pues ya ves.

LAS cuentas del Alcázar de Sevilla parece que son como las del Gran Capitán, por lo que merece la pena aclararlas sin sombras de dudas. Para el Ayuntamiento, el Alcázar se ha convertido en la gallina de los huevos de oro. Con la subida del precio de las entradas, según el nuevo convenio pactado entre el Alcázar y el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), este organismo municipal percibirá hasta tres millones de euros al año. ¿A qué los destinará? Ahí está la gracia. Se habla de “actividades culturales”, sin definir. Según el convenio firmado en 2014 (con Zoido de alcalde), obtenían un millón de euros anuales, que sólo podían invertir en el Antiquarium de la Encarnación, el Castillo de San Jorge y el Museo de la Cerámica de Triana. La oposición del PP y de Ciudadanos ha acusado al delegado de Cultura, Antonio Muñoz, de desviar fondos, aunque él lo niega.

ES estupendo que quieran incluir a Itálica en el Patrimonio de la Humanidad. La Unesco, al recibir esa candidatura, sólo debería decir: “¡Amén!”. Con las bendiciones patrimoniales universales a Itálica se realizaría un acto de justicia con la toda la Sevilla romana. No sólo Santiponce, Híspalis se lo merece. Pero si quieren promocionar la candidatura, si quieren crear ambiente, si quieren que los jerarcas de la Unesco digan que Itálica no se puede aguantar sin meterla dentro del patrimonio, vamos a romanizar como es debido. En el show que organizaron el domingo se echó en falta a los armaos de la Macarena.

HA comenzado septiembre y estamos en precampaña electoral. ¿De qué elecciones? De todas. Puede que nunca hayamos salido de la precampaña, pero en estos tiempos se intensifica. En Sevilla, a día de hoy, sólo hay dos candidatos seguros a la Alcaldía, aunque la seguridad absoluta nunca existe. Son Juan Espadas (PSOE) y Beltrán Pérez (PP). Son los únicos confirmados por sus partidos. Ciudadanos se ha volcado con las elecciones andaluzas, y según lo previsto no nombrará a su candidato hasta principios de 2019. Puede ser un error. Hasta ahora no han confirmado a Javier Millán, ni se espera a ese Manuel Valls sevillano que no existe. Mientras que Izquierda Unida y Participa podemita deben empezar por confluir en Adelante Sevilla, el grupo en el que también están los ecologistas de Equo y los andalucistas de Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza (o sea, Pilar González y Pilar Távora).

POR fin en Bruselas se han interesado por los problemas auténticos de los ciudadanos. Juncker, en nombre de la Comisión Europea, confirmó ayer que no tendremos horario de verano y de invierno. El Parlamento Europeo debe pronunciarse, después de los resultados de una macroencuesta online como está mandado (no como la de la Feria), en la que han participado 4,6 millones de personas, resultando que el 80% de los participantes prefieren el mismo horario durante todo el año. Nada de cambios. En España, más del 90% no quiere el cambio de la hora. Ya, de paso, les podrían haber preguntado si querían el cambio de Pedro Sánchez.