HOY los caminos de Sevilla se convierten en calles de la Amargura que llevan hacia el Nazareno y su Madre. Es primer viernes de marzo, arden los cirios con una luz que oscila en las tinieblas. Todavía no es Cuaresma, todavía la ceniza no es el recuerdo de nuestro futuro imperfecto. La Semana Santa viene con parsimonia exagerada, como si no se atreviera a entrar en la ciudad de sus sueños. Pero el primer viernes de marzo ya está aquí, como un recordatorio de que la primavera nos acecha, y se oculta entre los atardeceres cárdenos que ya demoran la luz sobre el río, en los horizontes poéticos del Aljarafe.

ANDALUCÍA es un inmenso espejismo desde Despeñaperros a Tarifa, entre las montañas y los mares. Andalucía es el fin de un continente y de un tiempo. Andalucía es el fruto de miles de contradicciones. Andalucía se hizo más fuerte cuando parecía más débil. Andalucía ha cambiado como por casualidad, cuando suponíamos que la vida seguiría igual. Andalucía vivió una historia que ha sido manipulada a través de los siglos, porque era un territorio de conquistas. Andalucía no es una, ni dos, sino muchas, porque cada andaluz la interpreta a su modo. Andalucía es una paradoja, que encuentra su fuerza en la debilidad. Hoy, en 2019, a pesar de tantos pesares, Andalucía aún existe, y aspira a entrar en el siglo XXI sin complejos.

CUANDO se acerca otro 28-F, tan distinto, tan distante, en el PSOE se ha abierto el duelo fratricida de las dos sevillanas: Montero contra Díaz, o María Jesús contra Susana. Ahí se está ventilando el liderazgo del PSOE de Andalucía. Puede que también la siguiente candidata a la Junta. En ciertos momentos fue sugerida la alternativa de Juan Espadas, por no recordar la de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Sin embargo, ambos parecen descartados para esas guerras intestinas. Espadas va a pelear por seguir como alcalde de Sevilla, que es la capital más importante que le queda al PSOE. Si vuelve a ganar, ahí quedó; y si la perdiera no lo iban a ascender. En cuanto a Celis, ejerce una labor discreta como delegado del Gobierno, a diferencia de la presencia que tenía el cargo con Antonio Sanz.

ESTOY siguiendo con cierta sorpresa, no exenta de perplejidad, la polémica suscitada por los horarios e itinerarios de la próxima Semana Santa. No sólo el Martes Santo, también la Madrugada, o incluso el Domingo de Ramos. El problema principal es filosófico. Hasta 2017 se entendía que las cofradías gozaban de cierta autonomía (coordinada y limitada por el Consejo) para disponer sus horarios e itinerarios. Se consideraba un derecho, que se respetaba salvo excepciones. Sin embargo, a partir de los incidentes en la Madrugada de ese año (sumados a los antecedentes), hubo un cambio de rumbo. Y a partir del atentado ocurrido ese verano en las Ramblas de Barcelona (que no tiene nada que ver, por supuesto, con la Semana Santa) se extremaron las medidas de seguridad en eventos públicos, con una consecuencia innegociable: ahora ordena y manda el Cecop.

EL antiguo Mercado de la Puerta de la Carne parece que ha sido víctima de una maldición. La historia del edificio es conocida. Sus desventuras arrancan del siglo pasado. Los tres últimos alcaldes, Alfredo Sánchez Monteseirín (PSOE), Juan Ignacio Zoido (PP) y Juan Espadas (PSOE) presentaron proyectos variados. Puede que llegue otro alcalde con las mismas buenas intenciones. Sin embargo, el edificio de la Puerta de la Carne (que como tal mercado se trasladó a la antigua estaciíon de San Bernardo, antes de abrir el gimnasio) sigue cerrado al público, tras haber servido para el alojamiento de okupas. Por fin empezaron las obras, pero las frenaron al poco tiempo. Y ahora, cuando parecía que iban para adelante, llega el horror: un arboricidio.