CON tantas polémicas sobre el turismo, parece que en Sevilla sólo está funcionando la compraventa de pisos para especular con los alquileres turísticos. No es así. O, al menos, no es exactamente así. También se ha detectado en los últimos meses un claro aumento de la compraventa de pisos para vivir. Es lo que se deduce de las tasaciones del mercado inmobiliario que publicó Tinsa, ya que en el casco antiguo (zona turística por definición) los precios subieron un 2,8%, mientras en otras zonas residenciales, como Los Remedios, los precios han crecido un 8,8%, y en sectores como los distritos del Sur, San Pablo y Santa Justa se han encarecido más del 11%.

ALGUNOS criticaron al alcalde Espadas por alargar la Feria y dejarla como la de Jerez, que empieza hoy. Y es verdad que en Sevilla gusta mucho una feria, pero eso no significa que la gente se pase la vida de juerga. Aquí hay ferias de todo tipo. Este fin de semana, hoy mismo, las tenemos en plan más intelectual: una de Ciencias y otra de Letras. La Feria de la Ciencia en el Palacio de Congresos de Fibes. La Feria del Libro, con sus casetas, en la Plaza Nueva. Y sin paseo de caballos, ni sevillanas, pero con señorío. Es cierto que todavía no se publican fotos del marqués del Atún y la condesa del Betún, cuando llegan a la Feria del Libro para disfrutar de un recital poético como si fuera una faena de El Juli.

NO se sabe por qué, a un cierto sector de la izquierda más progresista le dio por los tranvías. Y no me refiero a los antiguos tranvías, como el que causó aquel accidente del paso de la O, aquellos tranvías de las fotos en sepia y de los tiempos del cardenal Segura. Me refiero a los tranvías como los que afearon la Avenida con sus catenarias en tiempos de Monteseirín. Hay algunos políticos y expertos que siguen empeñados en colar el gato del tranvía por la liebre del Metro, como si fuera lo mismo, cuando no lo es. Recurren al argumento de que sale más barato (y aún más barato sería no hacer nada). Pero es que, además, un tranvía de hoy en día no tiene nada de progresista, porque roba las calles a los peatones, que son los reyes de la ciudad.

UN ejemplo del disparate de las infraestructuras de Sevilla en el siglo XXI (y de la inutilidad de los partidos que gobiernan para resolverlo) es el tren de Cercanías al aeropuerto de San Pablo. Ese asunto se trató la semana pasada en el Pleno del Parlamento Andaluz, a pregunta de Ciudadanos. El consejero de Fomento, Felipe López, dijo que es partidario de conectar la estación de Santa Justa con el aeropuerto mediante el Cercanías, enlazando también con el apeadero de Fibes. Así se desprende de las primeras conclusiones del estudio de viabilidad que están elaborando; y que por supuesto todavía no han terminado.

COMO hay gente para todo, un propietario de pisos me alerta: ¿y por qué no crean en Sevilla una plataforma contra los okupas? Es decir un colectivo antiokupación, o algo así. Lo dice porque un grupo de asociaciones de vecinos de ciertas zonas del casco antiguo han formado un colectivo contra la turistización, que se denomina Cactus (con lo que pincha un cactus, ¿no podían haber elegido algo menos incómodo?), y que ya organizaron un encuentro de afectados en la Casa del Pumarejo, al que acudieron colectivos contra la turistización de Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca y San Sebastián. Son precisamente las ciudades donde se empezó a hablar de la turismofobia, una casualidad.