EL Puerto de Sevilla le ha dado el certificado de defunción al proyecto del dragado de profundización del Guadalquivir. Es, simplemente, el reconocimiento de la realidad. Ese dragado estaba muerto desde hace varios años. Desde Arias Cañete en adelante, no se ha conocido a ningún ministro de Agricultura y Medio Ambiente del Gobierno de España que lo defendiera abiertamente. Tampoco la Junta de Andalucía lo podía apoyar. Era un proyecto imposible, que en Bruselas jamás sería autorizado. Y, además, con sectores sociales muy combativos (como los ecologistas y los arroceros) que estaban rotundamente en contra. ¿A qué se ha jugado? A perder el tiempo.

OTRA vez un duelo fratricida sevillano. Otra vez la Sevilla dual. Otra vez unos dicen blanco y otros negro. O rojos o verdes. Otra vez las dos Sevillas se retan a duelo, esta vez por los veladores. Unos a favor porque crean empleo para 4.400 camareros, según dicen. Otros en contra, porque estorban al peatón y se apoderan de la ciudad histórica. Juan Espadas sacó el cuchillo y se metió en la pelea a mesa y mantel. No sabe dónde se ha metido. Amenazan con los tribunales. Puede que la desconexión del velador acabe en el Constitucional, que es el fin de las mejores broncas.

DICEN que Juan Espadas es un alcalde prudente, que arriesga poco, que no está en el Ayuntamiento para recibir a porta gayola los problemas de la ciudad. Pero yo le reconozco el valor. Ahí es nada decir que inaugurará el Parque de Tablada. Si es capaz de conseguir eso (y tres líneas de Metro además) saldrá a hombros. Pues el Parque de Tablada y las líneas 2,3 y 4 del Metro son como el canal Sevilla-Bonanza de los años franquistas. Un clásico de lo que el tiempo se llevó. Esa idea de la que todos los alcaldes hablan con visión de futuro. Sin recordar que ya se decía en el pasado.

SEVILLA ha pasado a ser una ciudad anticuada; o desfasada, si se quiere. En un debate que convocaron entre el médico e investigador José López Barneo, que iba de ateo, y el hermano mayor del Gran Poder, Félix Río, que iba de creyente, faltaría más, se reconoció que el atraso de la ciudad no es por culpa de los cofrades. Ni de la Feria tampoco, que conste. A los palcos y a las casetas acuden incluso empresarios muy emergentes. Vamos mejorando, si hasta los ateos lo reconocen. La culpa de que Sevilla esté anticuada es de los políticos. No hay que darle más vueltas.

PASA con el tráfico lo mismo que con el fútbol: todo el mundo cree que entiende. Todos llevamos dentro un entrenador, pero también un taxista de los que no van al aeropuerto. Por eso, será difícil la cruzada que va a poner en marcha el director general de Tráfico, Gregorio Serrano, para que disminuyan los accidentes. Es cierto que está curtido en Sevilla, una de las ciudades donde peor se conduce de España, donde más tontamente están regulados los semáforos, y donde hay más víctimas en accidentes urbanos. Pero, para salir a hombros, deberá superar tentaciones; incluida la de aumentar las multas fáciles, en vez de cortar el origen del mal.