A pesar del joyero familiar de los Zapatero, que algunos confunden con el Tesoro del Carambolo, todavía no se sabe si el presidente Sánchez adelantará las elecciones generales a 2026. Sería la primera vez que le hace caso en algo a Felipe González, con lo cual no parece probable. “Antes de la Navidad”, pide Juanma Moreno. Con villancicos en el Parlamento de Andalucía (o no), los sevillanos van a votar tres veces en el plazo aproximado de un año. La primera vez fue el domingo 17 de mayo. La segunda no se sabe si será en las elecciones municipales de mayo de 2027, o en las generales de Adviento, si es que las anticipan. O puede que se vote en las generales y en las municipales en mayo, lo que podría ser la ruina para muchos alcaldes y concejales socialistas. Le deben decir a su jefe don Pedro que todos ellos no tienen un tesoro de bisutería como el de los Zapatero, guardado en la caja fuerte de sus despachos.
AUNQUE algunos se empeñan en negarlo, desde la Transición, existe un sentimiento y un voto andalucista. Es cierto que se canalizó a través del PSA y del PA, y que los enfrentamientos entre el sector de Rojas-Marcos y el de Pacheco, así como otras circunstancias, los llevaron a la travesía del desierto y a la ruina como partido. A partir de Escuredo, el PSOE había amarrado una parte de ese voto. Pero su andalucismo se ha ido diluyendo, hasta ser ya inexistente. Con la candidata que han presentado le dieron la puntilla, si algo quedaba.
LOS resultados de las elecciones en la capital de Andalucía son vergonzosos para el PSOE, en general, y para María Jesús Montero, en particular. En cualquier país democrático (en el Reino Unido, por ejemplo) por menos piden dimisiones de políticos. En la provincia también son malos, aunque algo menos. Y ha influido que el PP ha perdido un escaño en la provincia (obtuvo 8 y en 2002 consiguió 9), pero ha sido gracias al reparto por el ascenso de Adelante Andalucía. Por cierto, la subida de Adelante a quien más ha beneficiado es a Vox, que se ha encontrado la llave de la gobernabilidad andaluza, a pesar de su escaso crecimiento. Y bajando en el voto urbano en algunas ciudades. Por ejemplo, en Sevilla.
SEGÚN nos vamos haciendo mayores, entendemos mejor la fugacidad del tiempo. Todo es efímero. Y a veces se le concede una importancia efervescente a lo que pronto se olvida. Incluso lo que se considera histórico se va deformando con la muerte de quienes fueron protagonistas o testigos presenciales. Lo volvía a pensar al conocer el fallecimiento de Enrique García Gordillo. Este periodista, más allá de su larga trayectoria en Sevilla, tuvo un gran momento político en el referéndum del 28-F. Fue lo que ahora se denominaría el gurú de referencia para Rafael Escuredo, entonces presidente de la Junta de Andalucía.
SE sabía que era el último debate electoral andaluz y se notó. El segundo, que tuvo por escenario el plató de Canal Sur Televisión, fue diferente al primero. Hubo algunos detalles oportunistas y feos. Estuvo condicionado por el miedo a perder de cuatro de los cinco candidatos. José Ignacio García fue el único que arriesgó y repartió sopapos para todos los presentes, no sólo para Moreno Bonilla, sino también para Gavira el de Vox y hasta para la sanchista Montero. Esto último se lo afeó Maíllo, que le reprochó su “equidistancia”, cuando el candidato de Adelante había explicado que la financiación autonómica del PSOE discrimina a Andalucía.