HEMOS leído en el Diario que unas gaviotas atacaron a un niño de año y medio en la Caleta para arrebatarle un bollo. A continuación, hemos observado, una vez más, que en esta ciudad se trata mejor a los animales que a los seres humanos. En las redes sociales, una reconocida militante socialista ha defendido a las gaviotas. No por atacar al niño, obviamente, sino porque las gaviotas están hambrientas, y acuden a las playas debido a que hay suciedad y restos de comida, por culpa del Ayuntamiento. O algo así, estos argumentos son difíciles de explicar a los que no tenéis esa sabiduría progresista. Será un problema de comprensión lectora, como dicen ahora.
CERRARON el mercado de fichajes de verano, a la vez que las rebajas. El Cádiz CF se dedicó a comprar mantas. Ahora hay que esperar hasta las semanas fantásticas, los días de oro y las ofertas límites del mercado de invierno. Las adquisiciones y las ventas del Cádiz merecerían un análisis más psiquiátrico que deportivo. Celades, el nuevo entrenador, aspira a jugar como el Barcelona. En Almería adelantó a la defensa. Adiós al cerrojo de don Álvaro. Y les marcaron tres goles, casi sin querer, en el primer tiempo. Aquí hemos pasado de Locos por el Balón, cuando llegaron Manuel Vizcaíno y Quique Pina, a estar locos sin el balón. Y con el trajecito de Septién en la tienda de la calle Compañía, y con las acciones de Nomadar para arruinarse en la bolsa de Nueva York.
PARTIMOS de la consideración inicial de que los autobuses no son gratis en las grandes ciudades. No son gratuitos en Nueva York, ni en Shanghái. Ni en Madrid, ni en Barcelona tampoco. Solo pueden ser gratuitos en pueblos pequeños, donde los recorridos son cortos y en la mayoría de los casos se pueden cubrir a pie. El bonobús de Cádiz es barato si se compara con otras capitales de España. Pero es verdad que Cádiz es muy chiquitita. Y también es verdad que aquí la gente quiere que el autobús tenga una parada en la puerta de su casa, como si fuera un taxi, pero a precio regalado. Aun así, los que han protestado por los cambios en las paradas de la línea 2 tienen razón.
AL llegar el 1 de septiembre, en este país se considera que el verano ha terminado. Empieza un nuevo curso, que es como un año nuevo. En realidad, el verano del almanaque empieza con San Juan Bautista y termina con San Miguel. Al primero le cortaron la cabeza, pero el otro lleva la espada en la mano. Empieza con las noches más largas y termina con un veranillo otoñal, aunque septiembre llega con una ola de calor. Pero aquí, a partir del 31 de agosto, ya no se piensa en modo veraniego. Siempre se recordará, como excepcional, el verano del 26. Hay algunos veranos que marcan las vidas. Se suele pintar el verano como un tiempo alegre, propio de la juventud. La primavera sería la infancia, el verano la juventud, el otoño la madurez y el invierno la vejez. Las dos primeras estaciones tienen mejor acogida popular que las dos últimas, aunque para la poesía todas son líricas, emblemáticas, melancólicas, esdrújulas en general.
UNA vez más, la izquierda municipal gaditana y sus amigos han querido hacer virtud de la necesidad. Es normal y se entiende, pues para eso se encuentran en la oposición. Les resultaría más difícil explicar por qué no hicieron nada para reconstruir y abrir el Teatro Pemán, a pesar de que un cartel anunciaba la inauguración para junio de 2021. Y, aunque la empresa de las obras se arruinó, tuvieron tiempo. Estuvieron ocho años en el poder local. Tiempo para ese teatro, para el pabellón Portillo y otras obras, que anunciaron y no hicieron. Así que, para ellos, lo mejor es montar la polémica con el nombre de José María Pemán, que en Barbate tiene una céntrica calle, paralela a la de Federico García Lorca. Por ejemplo. Hay más.