HA fallecido Luis Álvarez Duarte, que era el último imaginero de la escuela clásica. En unos tiempos en los que se ha perdido el interés por la calidad de la escultura, fue el último superviviente, heredero de los maestros. Siempre trabajó a mano y a ojo, tallando la madera para hacerla divina y convertirla en imágenes sagradas, que movieran a rezar. Desde su infancia hasta su muerte ha transcurrido más de medio siglo dedicado a la imaginería, con una ingente obra repartida por toda Andalucía, España y la Humanidad. También en Cádiz y la provincia, donde no se puede entender la Semana Santa sin las obras magistrales de Álvarez Duarte.

EN el salón de actos de la Fundación Cajasol (antes Casa de Pemán) presentamos el libro El obispo civil, de José Blas Fernández. Lo escribo en plural, porque yo hice la presentación propiamente dicha, si bien él interpretó después los pasodobles, los cuplés y el popurrí. Con un tono chirigotero, por la simpatía, aunque con el rigor que le caracteriza. Pepe Blas es de esas personas que usan la ironía y el sentido del humor, sin dejar de ser serio. A veces se ha propagado una imagen errónea de él. Quizá porque a pesar de escribir un libro sobre las más de 700 bodas civiles que ofició en el Ayuntamiento, Pepe Blas no se casa con nadie, y defiende sus derechos siempre. Sólo se ha casado con su esposa, Isabel Escobar, con la que contrajo matrimonio en 1973 en la iglesia de Santiago.

NADIE le puede discutir a Chiclana que es el buque insignia del turismo de playas en las costas de Cádiz. Esta provincia vivía en el retraso turístico, comparada con otras (como Málaga o Alicante, además de las islas Canarias y Baleares), hasta que comenzó la implantación de hoteles de lujo en la prolongación de la Barrosa, hacia la urbanización del Novo Sancti Petri y la Loma del Puerco. Por cierto, gracias a cadenas hoteleras de origen mallorquín. Una vez más, nuestros empresarios estaban despistados con otros proyectos. No ocurrió como en la Costa del Sol malagueña, donde se aprovechó mejor ese boom. Con el tiempo, Chiclana se ha afianzado. Este año ha conseguido un gran éxito, al tener 15 hoteles de cinco estrellas y de cuatro estrellas (o sea, de lujo) con el 95,86% de ocupación en  agosto.

CÁDIZ es una ciudad bipolar, que todavía no ha encontrado su identidad propia en la zona de Extramuros. Decíamos ayer que en el conjunto histórico del casco antiguo hay que salvar el sky line, hay que preservar lo que se ve desde la Torre Tavira, donde está la Cámara Oscura de Belén González Dorao. Y, por supuesto, hay que salvar las torres miradores. En cualquier ciudad (no tan abandonada a su suerte y su desgracia) existiría un Plan para las Torres Miradores. Igual que se deben salvar los castillos, los baluartes y las murallas, donde no saben qué hacer, mientras destinan una parte de las bóvedas de San Roque para locales de distracción juvenil, en las medidas antibotellón. Pero, junto a eso, está Extramuros, donde tampoco saben qué hacer.

OTRA catetada. Me refiero a la presentación de la hamburguesería gourmet de la calle Novena, esquina a San Miguel. Para empezar, no es una novedad. Hay 28 en España. Cualquiera que haya viajado las ha visto y ha comido allí, en Madrid, Sevilla o Málaga, entre otras ciudades. Para seguir, dijeron que se instala en el local de Zara Home, que cerró. ¡Vaya por Dios! Ni que ese local lo hubiera construido Amancio Ortega. ¿Ustedes sois de Cádiz o de A Coruña? En esa misma esquina de la calle San Miguel y Novena estuvo la pastelería Viena. En su salón me organizaron el desayuno de la primera comunión, y tengo una foto donde se me ve leyendo un Diario de Cádiz en formato sábana, una premonición. Todavía no existía Zara Home, pero sí la calle Novena (entonces Eduardo Dato) y la calle San Miguel (entonces San Miguel). Y los pasteles de Viena, que fue la mejor confitería de Cádiz, junto a La Camelia del esplendor.