CÁDIZ es Cádiz. No es Madrid, ni Barcelona, ni Sevilla. Se debe tener en cuenta al afrontar una campaña electoral marcada por la vivienda y por las mentiras que los demagogos dicen, para utilizar ese problema en beneficio propio. Pedro Sánchez y los partidos que lo han mantenido en la Moncloa creen que han encontrado un filón electoral. Aspiran a atraer a un sector de la izquierda, desengañado con los casos de corrupción, votante al que intentan fidelizar. Es sangrante utilizar para eso la vivienda, cuyo problema han agravado ellos. Y cuando tenían de portavoz en el PSOE a Montse Mínguez, que se vio forzada a dimitir porque su pareja es dueño de 30 pisos, de donde desahuciaron a algunas criaturitas.

CUANDO España ganó en 2010 su primer Mundial de fútbol, en Johannesburgo (República Surafricana), José Antonio Camacho (hasta entonces exfutbolista ilustre y exseleccionador de cuartos de final) pasó a la historia de la filosofía con una frase lapidaria: “Iniesta de mi vida”. En los periódicos deportivos quedó a la altura del “Pienso, luego existo”, de René Descartes, y por encima del “Yo soy yo y mis circunstancias”, de José Ortega y Gasset, antes considerado el principal filósofo español. Tan hondo caló esa frase que, viendo lo que ha sucedido con el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, supongo que los del PP provincial gaditano la habrán adaptado, para dejarla en “Landaluce de mi vida”.

DICEN que el amarillo está maldito para los artistas y para los entrenadores. En el Cádiz CF ya había pasado demasiado tiempo sin que echaran al míster de turno. Es sabido que este año se activó la trituradora de entrenadores. Y han pasado por el banquillo de los acusados Gaizka Garitano (que sobrevivió al 2025) y después Sergio García, Imanol Idiákez y Albert Celades. Ahora viene otro, Borja Jiménez, de cierto prestigio, con el desafío temerario de ganar algunos partidos y sobrevivir a los polvorones navideños. ¿Llegará tan lejos? Dependerá de los resultados, como enseñan los filósofos del fútbol.

VAMOS a refrescar un poco la memoria histórica, que en Cádiz está fatal. El 18 de junio de 2024 se volvió a abrir al tráfico el entonces denominado puente José León de Carranza, que había permanecido cerrado durante tres meses para la sustitución de vigas en el vano 30. Desde entonces, hemos visto operarios trabajando (o eso parece) en el susodicho puente, ahora denominado de Rafael Alberti. Se supone que están haciendo obras de conservación y mantenimiento, que habían sido anunciadas. Con el Gobierno del PSOE y de Sumar (el mismo que le ha cambiado el nombre) se publicó en el Diario que efectuarían obras de mejora. A la vista estaba el deterioro del pavimento, lleno de baches, grietas y remiendos.

ENTRE Cádiz y Ceuta está el estrecho de Gibraltar. La visita de los Reyes de España a Ceuta, que comenzó ayer, y se prolongará hoy en Melilla, es un testimonio necesario para reafirmar la españolidad de estas dos plazas de soberanía en África, como se las llamaba en tiempos. No es solo un gesto, sino principalmente una declaración de intenciones. Sin embargo, es un error ese odio a Marruecos y los magrebíes, en general, que se está cultivando, tras la invasión aleatoria de finales de julio. Con los marroquíes, que en otros tiempos dependían de Francia y de España, se ha convivido durante mucho tiempo. En Ceuta y en Melilla, en el Sahara español, y también en Tánger y Tetuán.