NUNCA olvidará lo que le ocurrió a sus seis años. La niña Cristina Zamorano sintió, de pronto, un ruido ensordecedor. El tren empezó a dar botes, notó que se desplomaba, que caían maletas, un golpe muy fuerte en la cabeza. Quizás se desmayó durante unos momentos. Pero despertó, escuchó unos gritos terribles, alaridos de dolor, vio sangre por todas partes, notó que ella también tenía rasguños en la cabeza. Viajaba con su padre, su madre, su hermano y su primo, que estaban en el vagón, los vio cubiertos de sangre, mudos, sin responder a sus palabras, como ausentes. Había otros viajeros en el tren que parecían muertos o heridos, también ensangrentados, sin poder moverse. Llantos que no sabía de donde procedían. Entonces observó que sus zapatos se habían quedado aprisionados bajo unos hierros. Estaba descalza. Comenzó a andar por ese vagón de sangre y muerte.
A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por acoger la Seo gaditana tras la reconquista de la ciudad por Alfonso X el Sabio. La Catedral Vieja está vieja de toda la vida. Y la Catedral Nueva tampoco está tan nueva. Las dos han sido cerradas en diversas ocasiones. Se deterioran, como todo lo que hay en el frente marítimo del Poniente, en el Campo del Sur. Se ubicó en un enclave donde los temporales castigan a los edificios. La Cárcel Real necesitó una reconstrucción a finales del siglo XX. Los cierres de las dos catedrales se suceden con demasiada frecuencia.
PARECE raro que un político del PSOE ofrezca a otro del PP un acuerdo para evitar que pacten con Vox. En ese sentido, va la moción que el portavoz municipal del PSOE, Antonio Muñoz, ha anunciado que presentará en el pleno de Sevilla. Sus posibilidades de éxito oscilan entre un milagro o ninguna. Tiene toda la pinta de estar planteado para que no salga adelante. Sin embargo, llama la atención que, entre los asuntos que Antonio Muñoz quiere acordar con el alcalde, José Luis Sanz, esté el apoyo a la cultura en general, y al Festival de Cine de Sevilla en particular.
UN dato que recuerdo para la memoria histórica del Carnaval de Cádiz: el boom de los años del esplendor se inició con la Transición democrática. Y se consolidó cuando el alcalde era el socialista Carlos Díaz, que fue elegido tras las elecciones municipales de 1979, con los votos del PSOE, PSA y PCE. Le permitieron gobernar en una coalición tripartita de la izquierda, aunque el partido más votado había sido la UCD, que llevaba por candidato a Pedro Valdecantos, pero ganó sin mayoría absoluta. El primer Carnaval de Carlos Díaz fue el de 1980, con Pepe Mena, del PCE, como concejal de Fiestas.
LOS políticos, en su afán por conseguir votos, utilizan a veces el dinero público para ese fin. Y así estamos en unos tiempos en que la incredulidad de los votantes se combate con medidas populistas, que distorsionan la realidad. Se procura que sean medidas vistosas en la vida diaria de las personas. De modo que ofrecen premios y recompensas, a ser posible con la vitola de la gratuidad. Como si la pagaran ellos (los políticos de turno), y no todos los ciudadanos, de cuyos impuestos se nutre. Un ejemplo reciente es el del autobús urbano gratuito en el municipio de San Fernando. Una medida aplaudida, aunque con una consecuencia discutible, ya que la tendencia será a generalizarlo, y así se consolidará una vía ruinosa para las arcas municipales.