VUELVE don Antonio Ceballos Atienza a Cádiz, en su último viaje, el definitivo, para ser enterrado en la Catedral. Vuelve con humildad y discreción, casi en silencio, como vivió. Era un hombre de Dios antes que obispo, que no buscaba pompas ni vanidades, que sólo utilizaba la vara del pastor para guiar, pero que se detenía a hablar con las ovejas, como si fuera una más del redil, porque el verdadero Pastor es otro. Algunos decían que no parecía un obispo, sino que era como un párroco, como lo había sido en Jaén, antes de llegar a Cádiz. Y eso se debe entender en positivo: siempre estaba cercano a sus feligreses, más preocupado por los demás que por sí mismo.

LA procesión Magna de Cádiz, en conmemoración del tricentenario de la Catedral, ha sido un éxito. Ha llenado de legítimo orgullo a muchos cofrades y ha puesto histéricos a los enemigos de las procesiones. Objetivo cumplido. El Consejo, su presidente, Juan Carlos Jurado, en particular, y las hermandades han triunfado porque no era fácil. En el siglo XX, cuando se hablaba de las fiestas de Cádiz (religiosas y laicas), fuera sólo valoraban el Carnaval y consideraban la Semana Santa como de andar por casa. Era un error, porque la imaginería de Cádiz es de las tres mejores de Andalucía (no toda, claro), las hermandades tienen un notable patrimonio, y se mantienen tradiciones, como la carga, que son autóctonas. Fue un éxito, pero entre tantas luces, hubo también algunas sombras, y hay que anotarlo.

LA procesión Magna que saldrá mañana en Cádiz ha despertado una gran expectación. Se afirma siempre que organizan un evento, pero en este caso se ajusta estrictamente a la realidad. De todas las procesiones magnas que se han celebrado en Cádiz, quizá sea la que puede tener más asistencia de público. Todas las sillas se han vendido, superando las previsiones. Existe cierta preocupación porque los aparcamientos resulten insuficientes. Y también porque será un test para medir la calidad de los servicios de la ciudad, en una situación extrema y con miles de visitantes. Con las lógicas dudas al respecto, por motivos obvios.

LA gente romántica no asume que los clubes de fútbol son sociedades anónimas deportivas. Por consiguiente, son empresas. Esa gente cree, en su simpleza utópica, que ponen y quitan los presidentes. No entienden que para eso deberían adquirir las acciones de las empresas. Al fútbol no acuden como socios, sino como abonados. Con mucha pasión y amor a los colores, eso sí, pero sólo las mayorías accionariales toman las decisiones. Los clubes se manejan por los principios del capital. Aunque con una diferencia importante: el capitalismo no depende de que el balón entre en una portería y el fútbol sí. El Cádiz CF ha comprado los terrenos de Delphi. Su vicepresidente, Rafael Contreras, lo ha definido como la primera empresa de la provincia. Pero el club está haciendo el ridículo en Primera División y batiendo récords de mantadas.

RESULTA curioso lo que está sucediendo en Cádiz para las elecciones municipales. Faltan ocho meses y todavía no se han dado a conocer oficialmente los candidatos de los partidos a la Alcaldía. A diferencia de las principales ciudades españolas, donde, con pocas excepciones, se conocen los candidatos, algunos desde el año pasado. Por ejemplo, en Sevilla, el PP nombró a su candidato, José Luis Sanz, cuando todavía era líder Pablo Casado. Así se llega a la conclusión (quizás exagerada) de que en Cádiz ya nadie quiere ser alcalde o alcaldesa. Me refiero a nadie con currículum, o que no esté obligado por su partido. Y eso nos hace ver que Kichi ha causado estragos en la ciudad, y además en la política local. Ocho años de kichismo son disuasorios.