CONOZCO personas, incluso muy de derechas, que te sueltan: “Nuestro Kichi ya no es lo que era”. Es una afirmación extraña, pues sigue siendo alcalde de Cádiz, incluso más reforzado. Pero se refieren a que cuando llegó parecía un cruce de Fermín Salvochea con el Che Guevara, era el líder de los revolucionarios gaditanos. Ahora él tendrá sus ideas, se supone que no las ha cambiado, pero ha perdido una parte del toque agreste y selvático. Es decir, que se le nota ya la civilización occidental del poder, que no sólo corrompe a los malos, sino que templa a los buenos. Y, además, que si tiene un equipo de fútbol de asesores, 11 en total, en algo se notará. Parece que progresa adecuadamente, si bien despacio.

ENTRE los políticos gaditanos que se las saben todas, está Paco González Cabaña. Ha resistido los vientos de levante y poniente de las familias del PSOE, desde Benalup, que está cerca de Alcalá. Supo nadar y guardar la ropa, cumpliendo la máxima de que un alcalde de pueblo, para ser importante, debe conseguir tenedor y cuchillo en la capital. Ahora se ha retirado de la política. En la entrevista que le hizo Francisco Sánchez Zambrano en el Diario, decía Cabaña que “he descubierto que hay vida inteligente más allá de los cargos públicos”. Después de 36 años en la política, otro que se cayó del caballo, y se dio cuenta. A buenas horas, picha… Ahora podrás ver incluso los partidos del Cádiz B en Segunda B, y los del Cádiz A en Segunda A. Eso también es vida inteligente.

LOS recuerdos duelen, cuando pierdes a un ser querido. Sientes que han enterrado un tiempo que permanecía anclado en la memoria, donde la amistad se queda como una huella que el viento sacude y nunca borra. Si miro hacia atrás, lo encuentro casi siempre, desde aquel niño que fue. La vida es una suma de renuncias. Pero siempre recordaré un colegio y dos casas, una playa y un estadio, unas calles y unos sueños, su familia y la mía, que muchos días eran como la misma. Cuando murió José María Parodi Artal, su padre, yo escribí un artículo en el que recordaba a esa familia Parodi que vino de Italia, como el mármol de las iglesias y los palacios. Una familia que abrió en Cádiz casas de música y tiendas de discos. La música siempre estuvo presente, como el piano de Ana, su madre, cuando sonaba Chopin desde un cierro abierto en la calle Novena.

ES muy justa y necesaria la iniciativa para que el Ayuntamiento de Cádiz organice una nueva consulta popular. La pregunta sería: “¿Cree que se debería prohibir que los ciudadanos y las ciudadanas fumen en las playas gaditanas?”. Y someterse a las consecuencias. La iniciativa ha partido de Nofumadores.org, una entidad que preside Ubaldo Cuadrado, y que se ha fijado en el modelo de Vigo, donde el Ayuntamiento que preside el socialista Abel Caballero lo ha planteado. En Cádiz no gobierna un alcalde socialista desde hace 24 años (pronto van a cumplir las bodas de plata) y será nuestro Kichi quien deba afrontarlo. Apostando por la participación popular. Así como se cargó las barbacoas, podemos acabar con las colillas.

EL crimen de Klara García ha vuelto a la actualidad. Se ha difundido que una de las asesinas, Iria, fue profesora de niños en un colegio de Oxford durante un curso completo. El revuelo que ha provocado en Inglaterra contrasta con la moderada difusión que ha merecido en España. Sin embargo, se trata de uno de los crímenes mediáticos más importantes ocurridos en la provincia de Cádiz en las últimas décadas. El suceso ocurrió en mayo de 2000 en San Fernando y causó una enorme conmoción. Fue asesinada una chica de 16 años, Klara García. Las asesinas eran Iria y Raquel, dos compañeras de instituto y amigas, que la mataron con premeditación y frialdad en el Barrero para escenificar un cuento satánico. Originó una gran polémica sobre la Ley del Menor. Un debate sobre el que se puede regresar, visto lo visto.