EN Cádiz parece que están jugando al Monopoly con los edificios, que cambian de dueños y de usos con increíble facilidad. Sin embargo, en la mayoría de los casos, igualmente servirían para un roto que para un descosido. Dos ejemplos maravillosos son Valcárcel y los depósitos de Tabacalera. En Valcárcel iban a construir un hotel de lujo de cinco estrellas, según el acuerdo al que llegaron la Diputación y el Ayuntamiento, pero ahora parece que toda la vida ha servido para la Facultad de Ciencias de la Educación, que fue un remiendo cuando fracasó el hotel. Igual que los depósitos de Tabacalera. Ahora parece que la intención de construir allí la Ciudad de la Justicia viene del siglo pasado, cuando la idea del anterior Ayuntamiento era construir allí un espacio de arte progresista como el Matadero de Madrid.

LOS tiempos han cambiado una barbaridad, como se comprueba con el Black Friday. Ahora se mide el éxito según la instalación o la desubicación de determinadas tiendas y locales comerciales. Lo estamos viendo en Cádiz y en San Fernando. La llegada de un restaurante de comida rápida de McDonald’s a la plaza de San Juan de Dios se vive como una demostración del éxito de la plaza, que se encuentra entre Plocia, Sopranis y Nueva, la zona de más crecimiento hostelero. Mientras que el cierre de una tienda de Stradivarius en la calle San Rafael, de San Fernando, se vive como la decadencia del centro isleño como zona comercial. Era la última tienda de Inditex, ese imperio creado por el rico Amancio Ortega. Y es como decir que se han rendido los últimos de Filipinas en La Isla.

EN menos de un año, la nueva Junta de Andalucía, gobernada por el PP y Ciudadanos, se va a quitar de encima el muerto de la Residencia del Tiempo Libre. Allí será construido un hotel por una de las dos empresas que han presentado ofertas. Es un buen ejemplo, sobre todo si se compara con el hotel del Estadio, que Kichi recibió como herencia de Teo, y todavía no han conseguido venderlo, con varios intentos fallidos. Digo en su descargo, y en el de David Navarro, que es más fácil vender el Tiempo Libre que el hotel del Estadio. Y no sólo porque esté en mejor ubicación.

ALGUNOS ilusos creyeron que la operación iniciada entre el alcalde Kichi y el anterior rector, Eduardo González Mazo, iba a suponer la salvación del edificio de Valcárcel. Sin embargo, cambió el rector, cambió la Junta, y el alcalde y la presidenta de la Diputación son los mismos. Con el nuevo cuarteto está claro para lo que va a servir Valcárcel: para perder varios años discutiendo. Al menos, hasta las próximas elecciones municipales y autonómicas. La plataforma ciudadana que se ha creado debe tener cuidado para no caer en la trampita. En estos momentos, ninguna institución va a poner el dinero que hace falta para las obras de Valcárcel. Por una razón fundamental: no lo incluyen entre sus prioridades.

LA buena gente se divide entre los que opinan que los ciclistas y sus asambleas tienen razón, porque no se puede circular por un carril bici con charcos; y quienes dicen que son unos señoritos disfrazados de ecologistas. El ciclista está crecido, es el amo de la pista, como en el anuncio antiguo del Cola-Cao, y quiere que el carril esté perfecto. Se quejan porque no tiene bien construida la pendiente de drenaje para evacuación del agua, que se concentra en el carril (y donde no es el carril, depende de lo que llueva). Se lo han pedido a la Junta. Con lo cual se ha descubierto que el carril bici lo hacen el Ayuntamiento y Martín Vila para lo bueno; pero también lo hizo la Junta, y ahora está Mercedes Colombo, para lo malo. Por ejemplo, Mercedes tiene la culpa de que se formen charquitos cuando llueve, mientras ella le pide a Martín Vila que vaya retirando los badenes, donde al parecer no se forman charcos.