EL Cádiz veneciano ha terminado. Al menos para los próximos 15 años. No habrá inundaciones desde la calle Corneta Soto Guerrero hasta Santo Domingo, incluido también El Pópulo. Esas estampas costumbristas de las calles San Francisco, Cristóbal Colón y Nueva inundadas (a las que sólo les faltaban los gondoleros) pasarán a la historia. Eso, al menos, es lo que se deduce de las declaraciones del gerente de Aguas de Cádiz, Jesús Oliden, en el reportaje publicado el domingo pasado en el Diario. Ahí se la han jugado con el pronóstico, pues si se inunda la calle Nueva, van a quedar fatal, aunque las aguas de Cádiz no le lleguen a los pies a Moret, en su estatua.

SEGÚN los datos del Servicio Estatal Público de Empleo (SEPE) del Ministerio de Trabajo, Cádiz ha sido la provincia española en la que más bajó el paro en julio, con 3.619 desempleados menos. El número de parados inscritos (que son los que demandan empleo, no los que dicen “yo estoy parado” en la EPA) ha descendido a 137.734 personas, la cifra más baja desde julio de 2008, cuando todavía gobernaba Zapatero y no había estallado la crisis. Estos datos demuestran que el empleo en Cádiz  acusa el efecto acordeón: depende del turismo de playa, por lo que hay más trabajo en verano y menos en invierno. Los datos de julio reflejan el aumento de empleo en  los servicios. Todo dentro de lo previsible.

LOS taxistas de Cádiz no son como los de Barcelona, ni como los de Madrid. Por eso, me sorprendió la concentración de 224 taxis gaditanos que ayer recorrió la Avenida hasta la plaza de España. Entiendo que se pueden solidarizar con sus compañeros de esas ciudades, como si quieren apoyar a los de Roma o Estocolmo. No obstante, la realidad del gremio en Cádiz es distinta a las principales capitales de España. Y lo es, sencillamente, por la ciudad: Cádiz es chiquitita. Una carrera de taxi en Cádiz tiene unos precios asequibles, casi populares. A veces nos resulta más barato ir desde Cortadura a la Caleta en taxi (y volver) que aparcar el coche particular en un parking público durante varias horas. A veces cuesta igual que viajen cuatro personas en taxi a hacerlo en el autobús urbano.

ENTRAMOS en agosto, que era el mes apacible y largo del verano. Las vacaciones por excelencia. En otras ciudades de interior, como Madrid, Córdoba y Sevilla, hasta cerraban los negocios por vacaciones. En Cádiz, como hay playa, sólo cierran los negocios por ruina, llegado el caso. En agosto organizaban, según los años, la Velada de los Ángeles, los Festivales de España en el Teatro José María Pemán, las actuaciones del Cortijo Los Rosales (que intentan recuperar los románticos que sobreviven), las actividades del Alcances verdadero (que sólo fue el de Fernando Quiñones), y para rematar la faena el Trofeo Carranza. De eso ya hemos publicado que se perdió todo. Como se perdió el barco del arroz y el Vaporcito de El Puerto surcando la Bahía.

EL pasado fin de semana era el más importante de la Operación Paso del Estrecho. Más de 15.000 vehículos de migrantes embarcaron en el puerto de Algeciras, procedentes de diversos países de Europa, para disfrutar de sus vacaciones de verano en Marruecos y otros países norteafricanos. Este fin de semana también han entrado en la provincia de Cádiz varios cientos de migrantes en pateras. Desde que comenzó el Paso del Estrecho han embarcado en el puerto de Algeciras unas 500.000 personas. El pasado mes de junio llegaron más de 7.000 sin papeles a las costas andaluzas, superando a Italia, Grecia y Malta juntas. Significa que en la provincia de Cádiz los migrantes pueden entrar en ferry o en patera. Pueden entrar legalizados, o arriesgarse.