LA prosperidad de Cádiz tiene una referencia muy simple: turismo o nada. A partir de ahí, se puede discutir, pero eso es indiscutible, les guste o no. Por consiguiente, despotricar del turismo y putearlo es escupir en la mano que te da de comer. Es posible que esté dando de comer regular, y que en las fantasías haya otras posibilidades, pero vuelvo a lo de otras veces: esa es la realidad. Podemos soñar con quimeras, o imaginar que todos los vecinos de la Bahía van a vivir de la industria. No se trata de desmantelarlas, sino de atraer las que puedan captar. Pero la industria, cuando depende de los gobiernos en exclusiva, ya se ha visto que sigue en crisis. Y para el florecimiento de la industria privada hacen falta requisitos que en Cádiz no se favorecen, sino más bien al contrario.

OTRO artículo sobre el nuevo hospital de Puntales, pensarán. Es un asunto recurrente en los últimos años. Nos podemos ahorrar el recuerdo de los antecedentes históricos, desde que lo prometió Manuel Chaves, siendo presidente de la Junta de Andalucía. Actualmente está en ese cargo Juanma Moreno, del PP, que es malagueño, y que ha prometido un tercer hospital para Málaga, que sería “el más importante de Andalucía”. Con ello supongo que habrá conseguido un mayor beneplácito de sus electores malagueños. Pero es un agravio para Cádiz, donde la promesa del nuevo hospital sigue sin cumplirse. Incluso para Sevilla, que tiene más habitantes que Málaga, es la capital de Andalucía y cuenta con el Hospital Virgen del Rocío, uno de los más importantes de España y un referente en la Sanidad, al que no debe infravalorar con comparaciones pueblerinas.

ADAPTAR los servicios a la realidad. Eso es lo que deben hacer los ayuntamientos, para tener un mínimo de eficacia y responder a lo que piden los ciudadanos. En Cádiz, la realidad que había en agosto no es la del resto del año. Por lo que no se podía tener a Cádiz en agosto con los servicios del resto del año. Ni se puede pensar que el resto del año será como agosto. Ojalá, dirán muchos. Porque Cádiz hizo su agosto, como toda la costa. Y han venido turistas, veraneantes de segundas residencias, gaditanos emigrados que disfrutaban sus vacaciones… Y vecinos de Puerto Real, El Puerto, e incluso Jerez y la Costa Noroeste, que se plantan en Cádiz en pocos minutos. Sí, gracias al segundo puente que sigue defendiendo Teófila Martínez, y que decían que sólo serviría para que huyeran más gaditanos.

EN aquel tiempo, cuando todavía se estaba apagando la lucecita de El Pardo, se hablaba mucho de las cuestas de enero. España era todavía la reserva espiritual de Occidente (como ahora es la reserva socialcomunista de Occidente, según los otros) y celebraban las fiestas navideñas igual que ahora, pero con más villancicos de Raphael, que ya había empezado sus giras. Cuando desaparecía el último camello de los Reyes Magos, empezaba la cuesta de enero. Es decir, subían todo: la luz, el gas, la gasolina, el agua y todos los derivados penalizados, como los transportes, los alimentos… Hasta los periódicos subían una perra gorda. Y había que pagar los gastos navideños. ¿De quién era la culpa de la cuesta de enero? Naturalmente, de Franco.

POCO a poco, Cádiz se nos está cubanizando del todo, sin que nos demos cuenta. No me refiero sólo a la cuestión política, del camarada Kichi y su compay segundo Martín Vila, que serían como los hermanos Fidel y Raúl Castro en versión gaditana, ni a las semejanzas del Paseo del Malecón con el Campo del Sur, las fotos de Kiki, las Habaneras de Antonio Burgos y Carlos Cano, y todo eso que forma parte del mito de Cádiz como La Habana. Me refiero a la falta de inversiones municipales (aunque también privadas) y al deterioro. La degradación de los edificios, las tiendas cerradas, las calles pringosas, los mobiliarios urbanos desvencijados… Todo eso nos sumerge en el túnel del tiempo.