CON permiso de la autoridad, y si el tiempo no lo impide, hoy se celebrará una función solemne en la Catedral gaditana (por la mañana), y una procesión extraordinaria (por la tarde), en la que saldrán Jesús Nazareno, Regidor Perpetuo de la ciudad, y la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz. Irán juntos desde la Catedral a Santo Domingo, en un itinerario común, para después seguir el Nazareno hasta su templo, atravesando el barrio de Santa María y pasando ante la antigua Cárcel Real (hoy Casa de Iberoamérica), donde habrá cantes flamencos, no de los presos (que no están recluidos en ese edificio desde 1966), sino de jóvenes cantaores del barrio. Todo será histórico, como se suele decir con lo infrecuente o excepcional. Merece algunas reflexiones para entenderlo bien.

EN el artículo del pasado miércoles, me refería a que Cádiz aún vive con ideas y actitudes del siglo XIX y que ese es el motivo principal que dificulta el progreso. En los incidentes de la huelga del Metal se ha relacionado esa conflictividad con las broncas de hace 45 años en los astilleros. Pero incidentes en Cádiz y batallas campales para protestar los hubo con anterioridad. El próximo domingo, 5 de diciembre, se cumplirán 153 años de la sublevación y guerrillas callejeras de los denominados Voluntarios de la Libertad, uno de cuyos comandantes fue Fermín Salvochea. Ese espíritu es el mismo que sigue presente, con su tataranieto político, el alcalde Kichi, aunque más civilizado, ya que no empuña armas, sino un megáfono.

A consecuencia de la huelga del Metal, en el resto del mundo se han enterado de que otro Cádiz también existe. En los últimos años, Cádiz era una provincia playera, donde venían los turistas a practicar deportes de viento en Tarifa, comer atún rojo salvaje de almadraba en Barbate o Roche, descansar en los hoteles lujosos del Novo, y visitar la capital, Cádiz, esa ciudad de chirigotas, tan curiosa y graciosa. Ahora también piensan que Cádiz es un lugar donde la gente se subleva por la subida de un convenio, va quemando lo que encuentra por las calles, y votan a un alcalde estrafalario que da consignas con un megáfono contra la tanqueta de Marlaska. Ni antes ni ahora han entendido a Cádiz. Y puede que muchos gaditanos tampoco la entiendan. Pues el principal problema de Cádiz no es el paro, sino que todavía vive como si estuviera en el siglo XIX.

MANUEL de Falla y Matheu nació en Cádiz el 23 de noviembre de 1876 y falleció en su exilio de Alta Gracia (Argentina) el 14 de noviembre de 1946. Sus restos mortales fueron trasladados a su ciudad natal y reposan en la Catedral de Cádiz, junto a los de José María Pemán, precisamente. En este año de gracia se han cumplido 75 desde que falleció en Alta Gracia, y también se cumplen 145 años desde que nació en una casa de la plaza de Mina. Resulta redundante señalar que noviembre es el mes que fija su orto y su ocaso (esto me ha salido muy decimonónico), y que es cuando más se le recuerda. Sin embargo, los 75 años de su muerte no se han conmemorado a la altura merecida. En esta ciudad se le dedica un festival de música, organizado por la Junta, y asimismo se creó otro municipal. En estos días se puede ver una interesante exposición en la Casa Pinillos, comisariada por José Ramón Ripoll. Hay un teatro, una cátedra y no sé qué más dedicados a Falla, y el Ateneo todos los años le organiza una ofrenda en su casa natal.

AL menos los cambios de calles en el nomenclátor de Cádiz han servido para algo positivo: para que el PSOE se quite la careta del Carnaval. El PSOE Local es la muleta de Kichi y le han corregido y aumentado el mamarracho, cuando se lo podían tumbar, o al menos reconducir. A partir de ahora, su credibilidad como oposición a Kichi es ninguna, si es que tenían alguna. Llevan desde 1995, cuando perdieron la Alcaldía, dando palos de ciego. Los cambios de nombres que ha propuesto el Ayuntamiento del megáfono, tal como se han presentado, incluyen varios casos absurdos. Por cierto, les ha faltado devolver su calle a Carlos Marx, nombre que pusieron a la de Feduchy en 1932, durante la Segunda República. Esa calle se llamó Comedias, antes de Feduchy y Marx.