NO somos protestantes, pero lo parece. En esta ciudad hay una tendencia general a las protestas. Nos pasamos los años protestando porque el Castillo de San Sebastián no sirve para nada, que el Gobierno lo tiene inutilizado, como propietario que es (pero no es fondo buitre), y que la ciudadanía no puede disfrutarlo. Se abrió para unas visitas, pero sin un proyecto. Y ahora, cuando el Ayuntamiento por fin lo va a tener, aunque sea cedido (como media plantilla del Cádiz), la gente se pregunta: ¿y qué van a hacer allí? Según lo que dijo el concejal José Manuel Cossi en el Diario, van a hacer de todo, pero todavía no se ha concretado nada. Se debe recordar que el Ayuntamiento de Cádiz ya administra otro castillo, el de Santa Catalina, así como diversas fortificaciones. Según se dijo, deberían ser Patrimonio de la Humanidad, como otras de América que se construyeron a su imagen y semejanza.
LA muerte llegará para todos, antes o después. Pero, entre las formas de morir, la más dura de asumir es la inesperada. Entonces sentimos que la muerte ha llegado a traición, a veces con nocturnidad y crueldad, como ha sucedido con Julio González, jefe de Fotografía de Diario de Cádiz, el fotógrafo que mejor supo captar la realidad gaditana en los últimos años. Me refiero a “la realidad”, incluyendo lo que no se ve, pero está ahí, sólo al alcance de la cámara de los privilegiados con el talento fotográfico. Parece mentira que ya no publique ninguna foto más en el Diario. Y más mentira todavía me parece cuando su fallecimiento me ha sorprendido en un viaje, y es una noticia que se lee desde la lejanía, como si llegara desde otro territorio, donde el presente se mezcla con un tiempo tergiversado, incomprensible.
A propósito de las cuevas de María Moco, en otro artículo, hice una referencia de pasada al templete de la música que estaba ubicado en la gaditana plaza de Mina. En la remodelación de esa plaza, a finales del siglo pasado, fue derribado aquel templete, del que nunca más se supo, ni parece que se vaya a saber. Fue un atropello cultural silenciado y olvidado. Servía para conciertos y le daba una vistosidad elegante a la plaza en su espacio central. Parecía una plaza más señorial que en la actualidad. El templete servía para conciertos de bandas de música, que creaban un especial ambiente en las matinales de los domingos.
LAS celebraciones de Emporio del Orbe tienen una parte cultural que resulta interesante. Por ejemplo, la exposición del patrimonio religioso, en la Fundación Cajasol, cuyos comisarios son Lorenzo Alonso de la Sierra y Carlos Maura. Han tenido el acierto de organizar una exposición diferencial sobre el patrimonio artístico del Cádiz del esplendor, no con las obras de arte más famosas, sino con piezas en su mayoría poco conocidas. Algunas estaban casi olvidadas en los retablos de nuestros templos, como el san Elesbaán y la santa Ifigenia de la iglesia del Carmen, dos santos carmelitas etíopes negros, que están en un altar, como acogidos entre el devocionario carmelitano que se representa en la iconografía del templo. Y hay otras obras de arte interesantes. Pero la principal atracción popular es la visita a las cuevas de María Moco, ¡quién lo iba a decir!
NO tengo tiempo, ni simpatía, para montar un romancero o una murga callejera en el Carnaval de 2027. Pero si lo tuviera, podríamos denominarla ‘Emporio del Sobre’. Así se haría un juego de palabras (de difícil comprensión lectora) con esa celebración, que evoca el pasado más esplendoroso de Cádiz, ahora que no estamos pen el mejor momento. Y con el Cádiz CF de Celades acongojando. Pero mirando hacia atrás, sin ira, encontramos motivos para estar alegres y orgullosos: los fenicios, los romanos, los comerciantes que se forraron en América, los que aprobaron la primera Constitución de España… Este año le toca al Emporio del Orbe, que tiene aspectos positivos y distraídos. Hasta van a abrir las cuevas de María Moco.