ESTE verano han arreciado las quejas por los atascos en la autopista AP-4 entre Sevilla y Cádiz. Son frecuentes (y no sólo los fines de semana), especialmente en el tramo más conflictivo, que es el de Sevilla a Las Cabezas de San Juan, en ambas direcciones. Por el contrario, entre Jerez y Cádiz no suele haber atascos. ¿Por qué será? Pues porque entre Jerez y Cádiz es posible elegir entre una autopista y una autovía, mientras que entre Sevilla y Las Cabezas hay una autopista que pasó a ser gratuita y se saturó, pero no se terminó la autovía de la A-4. Sigue existiendo una carretera nacional, que es temible y disuasoria por su peligrosidad.

Alfonso Caravaca era uno de los gaditanos más importantes, en el sentido pemaniano de la gente importante. Y no sólo porque fue el director del Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías, sino por ser el presidente de Transportes Comes, una de las empresas gaditanas de referencia. También desarrolló una labor importante, quizá poco conocida, en Fenadismer, la patronal del sector. Sin embargo, como los buenos árbitros de antes, intentaba pasar desapercibido. Que no es lo mismo que inhibirse, pues intervenía siempre que era necesario. Alfonso tenía una habilidad especial para no sobrexponerse, para no buscar una popularidad que no necesitaba.

AQUI la gente es muy criticona, eso ya lo sabemos. Aquí a la gente le dicen: “¡Que viene el tranvía de la Bahía!”, y es como si dijeran “¡Que viene el lobo!”. Un lobo manso, que no muerde. La gente no sabe que este tranvía está muy ensayado, más que una comparsa bien afinada. Según publicó Amaya Lanceta en el Diario, el tranvía había cubierto hasta marzo 165.000 kilómetros de pruebas, de los que 33.000 kilómetros los recorrieron por la vía del tren. Siguen las pruebas. Este tranvía hubiera podido recorrer toda Europa y llegar hasta la gran puñeta. Pero se han dedicado a lo práctico, a ensayar. Si falla, no podrán decir que está en rodaje, ni que se ha debido a la improvisación.

UN año más, Cádiz es una ciudad desbordada en agosto. Me refiero sobre todo al Cádiz histórico, a la ciudad de intramuros, que no está preparada para acoger el alto número de visitantes que llega en el tiempo de las vacaciones. Es un problema que ya se padecía, y que se ha agravado este año, hasta alcanzar unos límites intolerables, especialmente los viernes y sábados. Sin embargo, no es un problema puntual. Existen unas causas estructurales. En el casco antiguo de Cádiz faltan aparcamientos. No tantos en invierno, pero sí en el periodo de junio a octubre y fiestas, el de las vacas gordas para el turismo, la hostelería y el comercio.

LA explosión de 1947 en Cádiz castigó especialmente al barrio de San Severiano. Se ha recordado estos días, es historia. Sin embargo, cuando se cumplen los 75 años de aquella catástrofe, parece que hubieran sufrido otra explosión en esa zona singular de Cádiz, contigua a la de Bahía Blanca, que debería estar entre las más cuidadas de la ciudad. Viendo los terrenos baldíos de San Severiano, donde se iba a construir la Ciudad de la Justicia, la pregunta es: ¿hubo otra explosión y no nos hemos enterado? Una vez más se comprueba que el mayor problema de Cádiz no es la falta de terrenos, sino la falta de líderes.