LA ampliación del Museo de Cádiz es otro de los grandes comecocos de la ciudad. Sobre eso se viene hablando desde principios de siglo. Ahora, cuando llega un nuevo director, Juan Ignacio Vallejo, le vuelven a preguntar, como si tuviera una varita mágica. Me parece más importante resaltar la labor que ha realizado el anterior director, Juan Alonso de la Sierra, jubilado a final de abril, que durante los 11 años que ha permanecido en el cargo luchó contra los elementos, en plan quijotesco, y ha sufrido la dura realidad de la crisis. A la hora de recortar, ¿qué pasa? La cultura y los museos tienen todas las papeletas, pues no se consideran parte del bienestar social. Es la mentalidad cateta de los burócratas. Por ahí se recorta a gusto. El Museo iba a estar ampliado para 2012, cuando el Bicentenario, según dijeron.

A las nuevas generaciones de drogatas habría que explicarles algunas lecciones de memoria histórica. Sería oportuno que conocieran lo que ocurrió en Cádiz y buena parte de la provincia durante la década de los 80, cuando el caballo de la muerte galopaba desbocado y el negociete del hachís causó estragos. Cientos de jóvenes murieron prematuramente, otros se contagiaron con el Sida, y la desesperación se cebó en muchas familias humildes. Porque la droga no es un negocio para los pobres, es el peor cáncer para los pobres, que ponen los muertos, mientras los traficantes se enriquecen. Por eso, las protestas del barrio de Santa María o el Cerro del Moro no son un capricho de algunos vecinos. Saben de lo que hablan. Quizás algunos lo sufrieron en sus familias.

SE le debería hablar claro a la gente: es muy difícil que el Carnaval de Cádiz entre a formar parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. ¡Ojo! No digo que sea imposible. Pero es muy difícil, ¿lo entienden? Por eso, no deberían crear falsas ilusiones antes de tiempo. Tampoco hace falta que ahora, al olor de la tostá, digan digo donde dijeron diego. Tampoco propaguen que resultaría muy negativo para el Carnaval y para Cádiz formar parte del listado de la Unesco, a fin de justificar que no entre. El Patrimonio de la Humanidad puede masificar el turismo, pero el Carnaval de Cádiz ya está suficientemente promocionado, y es muy conocido. No le va la vida en ello, ni tiene nada que ver con el silbo de la isla de la Gomera.

SER rociero en Cádiz capital tiene un valor especial. Desde el Rocío de 2016 tiene más mérito todavía, porque el actual equipo de gobierno de José María González los menosprecia. Puede que sea por ignorancia de lo que realmente supoone esta celebración. O por revanchismo, debido a que la anterior alcaldesa, Teófila Martínez, los recibía y trataba con afecto, además de acudir en no pocas ocasiones a la aldea para participar en la presentación de la Hermandad de Cádiz. En eso, como en todo, siempre debe predominar lo institucional. Aunque Cádiz sea una ciudad libre de mulas y de bueyes, en el resto de Andalucía existen otros criterios.

HABLAR de más de 1.000 pisos a construir en el Puerto de Cádiz es absurdo. Supone tomarse en serio las ocurrencias. Este es uno de los mayores problemas de Cádiz en los últimos años. Vienen unos señores políticos como Manuel Chaves, y dicen que van a construir en Cádiz un nuevo hospital en Puntales y una Ciudad de la Justicia en San Severiano. Y los tomaron en serio. Ahora piden que sirvan para aparcar gratis. Proyectos como esos, o como la plaza de toros multiusos en la Zona Franca de la que habló Teófila Martínez, o la propia recuperación de los Depósitos de Tabacalera como un gran centro cultural del arte contemporáneo… Pasado el tiempo, se quedaron en el limbo. Las propuestas presentadas por el Puerto de Cádiz pueden ir por el mismo camino.