AL llegar el verano era previsible que aumentase el colapso de la autopista AP 4 entre Sevilla y Cádiz. En realidad, ya no existe autopista. En muchas horas del día es como una carretera nacional, con uno de los dos carriles lleno de camiones. Harían falta tres carriles (o incluso cuatro) en cada sentido. Esto se sabía que iba a ocurrir, es una autopista diseñada para tener peaje, y además necesitaba una autovía alternativa en la A-4, entre Sevilla y Cádiz, que atienda a las necesidades. Hace falta tener una autopista con tres carriles y una autovía completa, pues enlazan núcleos urbanos muy poblados y dos provincias en las que viven más de dos millones de habitantes. Por consiguiente, lo que se sufre ahora, fruto de la demagogia y el populismo, es tercermundista.

HAY dos Cádiz cuando llega la hora de votar. El Cádiz de los Extramuros, territorio beduino, es del PP, que suele ganar por goleada en casi todos los colegios electorales. Por el contrario, en el Cádiz interior; o sea, en el Cai-Cai de toda la vida, el partido más votado en las últimas elecciones andaluzas y en algunas de las municipales más recientes, ha sido Adelante Andalucía, lo que significa que Teresa Rodríguez y Kichi cuentan con muchos seguidores. Y tiene mérito, considerando que es un partido con poca organización y escasos recursos. También hay que valorar el ridículo del PSOE, que solo ganó en 6 colegios, cuando en tiempos de Chaves, e incluso después, arrasaba en las elecciones andaluzas.

EN la ciudad de Cádiz se percibe un frenesí inusitado para cambiar los nombres. Algunos creen que es fruto de la Ley de Memoria Democrática. ¡Qué va! Es una costumbre que quizás proceda de los romanos, que le cambiaron los nombres a los fenicios, Gadir pasó a ser Gades, y así han seguido. A la plaza de San Juan de Dios, en siglos pasados, cada vez que había una sublevación o nuevo régimen, le cambiaban el nombre. A la actual calle Feduchy, en la Segunda República, le pusieron Carlos Marx. En tiempos de Carlos Díaz le quitaron el nombre a la calle Alonso el Sabio (el rey conquistador de Cádiz, murió en 1284) para recuperar la Pelota. En esta ciudad hay calles con dos rótulos: el actual y el antiguo.

TIENE mucho mérito pasar más de medio siglo en la radio, hablando con un micrófono, llevando información, compañía y cariño a personas que no te ven. Eso es lo que ha conseguido Manoli Lemos Campaña, que se despidió el pasado jueves, con un acto multitudinario celebrado en la peña flamenca La Perla de Cádiz. En lo más alto del tablao había un cartel, que resumía muy bien lo que ha sentido Manoli Lemos, en esos 56 años creando programas de radio y viviendo con intensidad: “Cádiz en mi voz, en mi vida, en mi sangre”. Cádiz ha sido siempre la protagonista de sus programas. Todo, incluso lo que era universal, incluso lo ajeno, se gaditanizaba en su voz inconfundible.

LA mala suerte de José María Pemán es que nació y murió en Cádiz. O sea, que era gaditano. Aquí mantuvo su residencia oficial, a pesar de que pudo empadronarse en Madrid, donde ejercía múltiples actividades. Ser gaditano es lo peor para un personaje ilustre. Pues en ningún lugar los tratan tan mal. Ya he explicado que si el beato Diego de Cádiz hubiera sido el beato Diego de Sevilla, a estas alturas sería santo y no beato. Es otro ejemplo. Aquí algunos han comparado el caso de José María Pemán con el de Juan Carlos Aragón, con lo cual ya se explicaría todo. Aquí existe un odio canallesco que se presenta sin disimular y que obtiene cierto predicamento. En el caso del teatro de verano, la cosa tiene cacaruca.