LA Navidad es el tiempo de los desplazamientos y las ausencias. La Navidad podría ser el motor que moviera al mundo. Todo comenzó en Belén, un pueblo que hoy no podrán visitar los peregrinos, aunque los guíe una Estrella, porque los viajes a Israel vuelven a prohibirse a causa del coronavirus. A Belén viajaron José y María, para unos trámites burocráticos, y allí la sorprendió el parto, con el nacimiento de Jesús. Se cobijaron en un portal, como unos sin techo. Y a los pocos días huyeron a Egipto, como unos refugiados, a cuyo hijo quería matar Herodes. Aquella familia procedía de Nazaret, pero en el día de la verdad se habían desplazado a Belén. Fueron migrantes y refugiados, hasta que pudieron volver a casa.

UNA característica del populismo es el oportunismo. Incluso aprovechar las desgracias en beneficio propio. Es lo que hace Kichi, al defender ahora que fue un acierto aplazar el Carnaval a mayo y junio, porque la evolución de la pandemia lo haría casi imposible en enero y febrero. ¿Hubiera pedido perdón él si la evolución de la pandemia hubiese sido la contraria y hubiéramos llegado a enero y febrero en mejores circunstancias? Al margen de eso, Kichi sigue jugando a aprendiz de Nostradamus. Y es verdad que en enero o febrero hay más posibilidades de pandemia de Covid 19 (y de casos de gripe) que en la primavera avanzada. Pero la cuestión de fondo es que el Carnaval, la Semana Santa, el Corpus, los Juanillos, los Tosantos, la Navidad y todas las fiestas religiosas o laicas deben celebrarse en sus fechas. Y si no se puede, pues se suspenden ese año y se espera al siguiente.

EL 8 de mayo de 2022 se cumplirán 125 años del nacimiento de José María Pemán en Cádiz. En cualquier ciudad se festejaría con importantes actos, para difundir la realidad de su obra, condenada hoy no ya al olvido (pues se habla de él igual que en sus tiempos, o puede que más), sino de la manipulación que se ha forjado alrededor. El alcalde Kichi, en vez de preparar unos actos de homenaje a Pemán, con motivo de esta efeméride, ha propuesto que le retiren el título de Hijo Predilecto de Cádiz. Basta con repasar la lista de quienes tienen ese título de hijos predilectos para opinar al respecto, sin señalar a nadie. Por lo visto no se conforma su odio con quitarle el teatro, la lápida, el monumento, o lo que sea.

UNO de los tópicos más arraigados en Cádiz es el de la pobreza. Se supone que es una de las ciudades más pobres de España, castigada por la vejez de la población, el paro, los desahucios, la escasez y el alto precio de las viviendas, los sin techos, etcétera. Pobres hay los, aunque no son mayoría absoluta. Los datos que publicó recientemente la Agencia Tributaria (datos oficiales, basados en los impuestos) apuntaban que la renta media declarada por los gaditanos en 2019 fue de 29.055 euros al año. Cádiz es el segundo municipio más rico (o menos pobre) de la provincia, después de San Roque. La renta declarada de los gaditanos está por encima de la media de Andalucía (23.510 euros) y también supera la media española (28.384 euros). Es decir, Cádiz, en el conjunto de España, se sitúa en la mitad.

LOS proyectos para el puerto demuestran que otro Cádiz es posible. El Cádiz del soterramiento de la vía del tren, del segundo puente sobre la Bahía, del nuevo estadio Carranza, y ahora de la remodelación y la ampliación del puerto. Los teofilistas dirán que, no por casualidad, doña Teófila ha estado detrás de esos asuntos y ha sido la impulsora. Bueno, pues es lo que hay. Quienes no han hecho ni el huevo (sólo quejarse y perder el tiempo con pamplinas y cuentos de engañabobos) no pueden poner nada en el otro platillo de la balanza. El progresismo lo entienden a su manera, sólo para progresar ellos, que viven mejor que antes, pero no basta con cambiar los nombres de las calles y el estadio. El progreso de Cádiz necesita obras públicas e inversiones. Es lo que plantea la Autoridad Portuaria de la Bahía, cuya presidenta es Teófila Martínez.