CON la denuncia al obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, los fieles de la diócesis se han quedado estupefactos. Más aún cuando el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, y el arzobispo de Madrid, José Cobo, han afirmado que la denuncia tiene “verosimilitud”. La palabra verosímil, según el Diccionario de la RAE, significa “que tiene apariencia de ser verdadero”, y en su segunda acepción “creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad”. ¿Y la presunción de inocencia? Es triste que dos arzobispos no sean prudentes, ya que el caso está en un tribunal eclesiástico, que no se ha pronunciado todavía.
LA vida es como un carnaval, o quizás esa confusión proceda de que el carnaval se nutre de la vida misma. En Cádiz existe la costumbre de mezclar la vida y el carnaval, al punto de confundirse, y de introducir elementos reales en lo ficticio y elementos ficticios en la realidad. En otros lugares, esta interacción se nota menos, o nada. Sin duda porque en la mentalidad de los gaditanos está más arraigado. No lo escribo por buscar un debate teórico, sino por recordar que unas veces la vida va por delante del carnaval, y otras por detrás. Uno de los aspectos en los que más se nota es el de las retiradas. Como ha sucedido con el anuncio de José Luis García Cossío El Selu, que se retira del concurso, después de 46 años.
ANTES se decía “Fulanito vive a cuerpo de rey”, y no era por don Juan Carlos I, que acaba de publicar sus memorias. Sin embargo, ahora (cuando no invitan al primer rey de la democracia a los actos oficiales que conmemoran su cincuentenario, y la Familia Real está como una familia realmente peleada) se podría decir en Cádiz algo mejor: “Fulanito vive a cuerpo de gato”. Porque ser gato gaditano es un privilegio. Yo no sé si mejor que ser perro, que ya tienen las playas para correr a su libre albedrío, pero puede que el gato viva todavía más feliz. Al menos disfruta de un alojamiento garantizado. Es decir, un hogar, un sitio seguro para vivir... Y sin que el gato pida una hipoteca y se gaste todo el sueldo en un pisito de los extrarradios urbanos.
NO hace falta citar los siglos XVIII y XIX para recordar la importancia que tuvo el teatro en Cádiz. Eran otros siglos y otras costumbres. Pero recordemos que en la Transición el teatro fue importante, quizás una de las actividades culturales más comprometidas para concienciar sobre la democracia que llegaba. En Cádiz se consolidó el Teatro del Mentidero, de Ramón Rivero, que con la colaboración de Fernando Quiñones tuvo un notable papel en la cultura local. En Andalucía, destacaba el grupo sevillano La Cuadra, de Salvador Távora, que contribuyó a mostrar la Andalucía marginada.
LA globalización nos puede llevar a adoptar los usos y las costumbres de otros países. Es lo que está ocurriendo con las fiestas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Ya no tiene sentido lamentarnos por nuestros Tosantos gaditanos de toda la vida. Este año, en algún puesto de los mercados, se han visto exornos que evocaban al Halloween norteamericano, que ya está asumido, y al Día de los Muertos mexicano, otra variante que está cobrando fuerza. Y, como es una fiesta de origen religioso, quizás ha llegado el momento de que la Santa Madre Iglesia haga lo mismo que con otras fiestas, a las que cristianizó y dio un sentido divino.