SE ha hecho “viral”, dicen algunos, como si eso marcara la diferencia entre el éxito y la vulgaridad. ¿Y qué? Las imágenes de la patera en La Barrosa tienen ante todo un valor icónico, se convierten en un símbolo: aquí tenemos una gran burla del sistema. Todo el montaje del control migratorio del SIVE en el Estrecho y las costas de Cádiz queda ridiculizado con episodios como este, vivido el domingo pasado en aguas de Chiclana. El presidente Sánchez y el ministro Grande-Marlaska se siguen luciendo. Sólo hubiera faltado que estuvieran ellos alojados en un hotel del Novo. Podrían haber saludado en los videos caseros que circulan.

ES normal que agosto sea más turístico que julio en Cádiz. Y no es sólo porque julio saliera fresquito, con muchos días de poniente, como decían los hosteleros de Horeca. Es porque esta provincia depende totalmente del turismo nacional en agosto. Los españoles se van de vacaciones en agosto, en un porcentaje abrumador. Hasta la oposición de Pablo Casado y Albert Rivera ha bajado el listón político, después de aquel mes de julio tan ajetreado. Y sin contar a Pablo Iglesias, que por sus circunstancias familiares es un caso especial. Aunque siempre nos quedará Pedro Sánchez, trabajando para exhumar los restos de Franco antes de Navidad. En esta semana, ya las vacaciones van de recogida. Cada cosa y cada cual vuelve a su sitio.

SIGO con el bestiario gaditano. En esta ciudad tan rara, la izquierda protesta por lo mal que viven los gatos y la derecha por lo bien que viven las ratas. Si hicieran un pacto por la ciudad se podría solucionar: los gatos se comerían a las ratas; y todos contentos. De toda la vida, los gatos callejeros se han alimentado por su cuenta, y así han llegado al siglo XXI, formando colonias apestosas por donde se les antojaba, lo mismo en los bloques del Campo del Sur, que en los depósitos donde no hay nada, que en la Zona Franca mismamente. Eran gatos recios, montaraces y vagabundos, no como los finolis de ahora, que necesitan camareros de gatos con autorización municipal.

EL turismo cultural es imprescindible para Cádiz. En agosto también se nota. A la provincia acuden miles de turistas, en busca de sol y playas, también de ocio y espectáculos. Pero no basta con eso. A la ciudad de Cádiz (y a otras de la provincia con monumentos) acuden personas que están veraneando en Novo Sancti Petri, Atlanterra,Vistahermosa o Costa Ballena. Personas que buscan algo más. No sólo sol, bares y chiringuitos. Por eso, exposiciones interesantes y de nivel artístico, como la de Traslatio Sedis en la Catedral, colaboran para aumentar las visitas a la ciudad. Sin embargo, la oferta actual es flojita.

EN la costa de Cádiz hay playas que son especialmente peligrosas, por las corrientes y los vientos. También las hay que son tranquilas, sin apenas oleajes fuertes. Comparadas con otras zonas turísticas de España, las playas gaditanas estarían a un nivel general de peligrosidad de la mitad para abajo. Aunque no es lo mismo La Caleta que La Aceitera. En general, y salvo excepciones, hay playas más peligrosas en Galicia y toda la cornisa cantábrica. También es verdad que las playas atlánticas suelen tener más oleaje que las mediterráneas. Visto lo que existe, el caso de Trafalgar es curioso.