EN Cádiz hay dos puentes: el nuevo y el viejo. Según los informes del Ministerio de Fomento, el puente viejo está viejísimo. Es una de las infraestructuras españolas que necesita más obras de mantenimiento. Es decir, Cádiz necesitaría que el puente viejo (o de Carranza) lo volvieran a construir nuevo. Si hubiera un alcalde como los de antes, pediría al ministro Ábalos (que es del PSOE de Sánchez), que construya otro puente para la Bahía. Y la gente hablaría del puente de Kichi. Y él podría poner imágenes bonitas, captadas con drones, en las pantallas LED que todavía funcionan para las farmacias de guardia y el tiempo. Pero pierdan las esperanzas. No tenemos un alcalde con amor a los puentes, y eso se le nota.

AL empezar, se debe recordar que todavía no hay un acuerdo de gobierno para la Junta de Andalucía. Por consiguiente, no podemos vender ningún oso antes de cazarlo. En estos momentos, parece que lo más probable sería un gobierno andaluz de coalición de PP y Ciudadanos, con apoyo de Vox sólo para las mayorías parlamentarias. Puede haber otras alternativas, que a día de hoy son improbables, porque pasan por PSOE y Ciudadanos, dándose el caso de que este último partido dijo públicamente (incluso en los dos debates televisados) que no pactarían con el PSOE y que apoyarían un cambio. Por lo que todo el mundo sabe lo que votó y no pueden engañar a sus votantes. Pase lo que pase, algunos están acongojados.

HOY es la fiesta de la Inmaculada Concepción, en cuya devoción han profesado miles de mujeres, a lo largo del tiempo, en la orden de las franciscanas concepcionistas descalzas. En Cádiz están celebrando sus 350 años en el convento que se conoce como el de la calle Feduchy, pero cuyo templo del monasterio de Santa María de la Piedad tiene acceso por la calle Montañés. Están, pues, en pleno centro de la ciudad desde hace tres siglos y medio. Sin embargo, la primera fundación de la orden en Cádiz no fue este convento, sino el erigido en 1527 bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, junto a la ermita de Santa María del Arrabal. Un convento que está tristemente cerrado por la desidia de esta ciudad, a falta de menos de nueve años para cumplir  medio milenio.

EN tal día como ayer, hace 40 años, organizaron un referéndum entre todos los españoles para aprobar la Constitución. Se había gestado en las Cortes tras muchas discusiones. Fue más difícil de lo que ahora se supone. A esa Constitución le han practicado varios retoques en los últimos 40 años. Casi todos por cuestiones de adaptación. Sin embargo, cuando se habla de reformarla, se cae en el error de intentar modificarla en su esencia. Se olvida que es el fruto del consenso entre las dos Españas, entre la derecha y la izquierda. Por lo cual, para cambiarla, hay que ponerse antes de acuerdo. Siempre que se enfrente a media España contra la otra media, el final ya se sabe cuál es. Había ocurrido así en los dos siglos anteriores.

HA sido vergonzoso que Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, dirigentes de un partido parlamentario, nada más conocer los resultados de las elecciones andaluzas, dijeran que había que “tomar las calles y plazas”.  Dos días antes de que un grupo de radicales de extrema izquierda quemen contenedores, hagan pintadas en la sede del PP de Cádiz, destrocen comercios, insulten y agredan a periodistas y se líen a pedradas contra la Policía de un país democrático. Esto ya se ha visto en las calles de vez en cuando: en la kale borroka de los pro etarras, en los incidentes de la CUP indepe en Cataluña, o en otros casos.  Unos echan la gasolina ideológica y otros prenden la cerilla de la violencia. ¿Así entiende Podemos la democracia?