EN otros tiempos remotos, antes de Internet, existían los ficheros de altos cargos. Ahí se iban reponiendo las fichas, según los nombramientos de ministros, gobernadores civiles, presidentes de la Diputación, diputados, concejales y demás. Menos mal que ya no hacen falta, porque en el plazo de un año deberíamos haber tirado las fichas (y puede que los ficheros) a la basura. Ahora la nueva delegada de la Junta de Andalucía en Cádiz es Ana Mestre, que vuelve a la ciudad en la que fue concejala del PP. Es la primera delegada de la Junta que no pertenece al PSOE, por lo que verla en ese cargo se nos hace más raro que encontrarnos a un cangrejo moro paseando por el Rectorado de la calle Ancha. Por decir un chiste fácil.

EN Cádiz se toman las cosas con calma. Por eso, han sorprendido las prisas para que el Rectorado de la Universidad se instale cuanto antes mejor en el Gobierno Militar, aún a costa de salir (de mala manera) las colecciones que allí exponían y las entidades que aún mantienen sus sedes. Las prisas no son por casualidad, sino porque en primavera habrá elecciones en el Ayuntamiento y la Universidad. Se sabe con seguridad que el rector, Eduardo González Mazo, no podrá repetir, al haber agotado sus mandatos, mientras que el alcalde, José María González, está por ver si es elegido o llega otro. Ellos han sido los artífices de esta operación, que tiene un vencedor, la Universidad; y un perdedor, el Ayuntamiento. Por tanto, quieren dejar todo atado y bien atado.

EL animalismo se puso de moda en Cádiz, por lo que ya sabemos. Aquí no hay toros, aquí no hay circos con elefantes y leones, aquí no hay mulos rocieros. Aquí no se mata una mosca, ni se caza un ratón, ni se estruja una cucaracha. Aquí los animales son bienvenidos. Aquí los animales están acostumbrados a andar como Pedro por su casa. Y así pasa lo que pasa, que cada vez hay más animales y menos gaditanos. Ya a cualquiera que defienda los festejos taurinos, la caza, la pesca y el tiro de pichón, o compre en una carnicería o en una pescadería, lo consideran votante de Vox. Los anticapitalistas han superado a San Francisco de Asís y San Antonio Abad en el amor a los animales. Cualquier día los veremos bendiciendo palomas en la puerta del Ayuntamiento.

NO voy a valorar la condena al alcalde de Cádiz, José María González, por el caso Loreto, ya que no es firme y la puede recurrir ante el Tribunal Supremo. Sin embargo, es significativo que la Audiencia Provincial estime que cometió un delito de calumnias, al decir que el anterior gobierno municipal del PP suministró el agua contaminada en Loreto “a sabiendas”. En primera instancia, se había considerado que esa afirmación forma parte de la crítica política entre partidos, pero la Audiencia Provincial aprecia lo contrario, y por eso establece una multa al alcalde e indemnizaciones a Teófila Martínez e Ignacio Romaní. El final de la historia está por ver, después del recurso. Pero vuelve a la actualidad un caso que ha sido el más lamentable de los últimos años en Cádiz.

LA casa palacio de la plaza de San Agustín es un ejemplo de las debilidades empresariales que existen en Cádiz. En cualquier ciudad turística española (en Sevilla sin ir más lejos, yo diría que incluso en Jerez) ese edificio funcionaría como hotel desde hace varios años. Aquí se habla mucho del auge turístico, de Cádiz de moda en The New York Times y todo eso, pero existe un turismo con los pies de barro, al que cuesta introducir en los grandes circuitos internacionales. Los cruceros no cuentan a esos efectos, porque no crean valor añadido en los hoteles. Y los apartamentos, salvo raras excepciones, son para un turismo menor, de medio o bajo nivel.