EN Sevilla, como en toda Andalucía, se practica estupendamente el arte de retrasar. Aquí todo va con retraso, menos los relojes. Esto se nota muy bien en las infraestructuras. Desde la Expo 92 en adelante creo que no se ha terminado nada en su plazo formal. Eso ha servido para que la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento se conviertan en expertos lanzadores de balones fuera. El mejor ejemplo es la línea 3 del Metro. Si oímos a Juan Espadas, parece que las obras van a empezar antes de las elecciones municipales de 2019. Pero si volvemos a poner las grabadoras con aquellas declaraciones de la consejera Rosa Aguilar (cuando era alcalde el actual delegado de la Zona Franca) se vería que esas obras ya deberían tener la cinta cortada.

NO todas las infraestructuras son costosas. Sevilla puede tener un segundo aeropuerto sin gastar un euro. Pero nos topamos con uno de los principales problemas de Andalucía: el provincianismo cateto. Las diputaciones desarrollan una buena labor en los pueblecitos, pero han consagrado las provincias, con unas fronteras absurdas. Así decimos que Cazalla de la Sierra es sevillana, Almonte onubense y Chipiona gaditana, sin valorar que en el mundo moderno importan más las distancias que las divisiones artificiales. En ese sentido, si Muñoz y las autoridades del turismo de Sevilla utilizan el sentido común, podrán entender que no cuentan con un aeropuerto para atraer más turistas de lujo, sino con dos: el de San Pablo… y el de Jerez.

LOS eminentes científicos que fijan los horarios del fútbol profesional en España han descubierto, de repente, que en Sevilla hace calor en agosto. Así han retrasado dos horas el inicio del partido Sevilla-Villarreal, que comenzará el domingo a las 22:15 horas. Tampoco se espera una ola de calor descomunal para este fin de semana, con máximas de 38 grados y mínimas de 20, según Aemet. Los horarios del fútbol son demenciales, e incumplen las normas de alertas de calor, que aconsejan no practicar deporte a más de 30 grados. Sin embargo, ni a Celis, ni antes a Sanz, ni a ningún delegado del Gobierno, se le ocurre prohibir un partido por ese motivo.

DECÍAMOS ayer que Sevilla la Verde está protestando por todo, pero una lectora de Nervión me apunta: “Pues yo diría que este es el mes de la Sevilla negra. El Diario viene lleno de sucesos”. Señora, no vamos a discutir por los colores, ni Sevilla es como el arco iris, pero los sucesos es verdad que suceden, por eso se publican. Hay cuestiones que verdaderamente pueden ser preocupantes para la buena gente que veranea en Sevilla, o que está acongojada por la duda en las playas andaluzas. Pues la buena gente no se podía imaginar que tantos ladrones iban a robar un Seat León o un BMW de la serie 3, incluso quizá algún Volkswagen o un Opel, para alunizar en  un centro comercial, o en las tiendas de telefonía móvil que se encuentran por el camino, antes de concluir la ronda nocturna estrellados en un Burger King.

POR favor, no le busquen comparaciones futbolísticas, pero así como existió Sevilla la Roja, parece que ahora existe Sevilla la Verde. En realidad, es lo mismo: son los herederos del PCE, que evolucionó desde el comunismo más casposo, purgante y de Stalin al eurocomunismo suavecito que aceptó la bandera rojigualda. Y, con el tiempo, como no daban pie con bola, se han reinventado. Primero como indignados, y ahora como ecologistas y animalistas. El arboricidio viene por ahí, sin dudar de los buenos propósitos de los amigos de los árboles. Igual que viene por ahí el amor a las cotorras puñeteras. A día de hoy, han pasado de Marx y Lenin a San Francisco de Asís, y ven a Juan Espadas como el Hermano Lobo con piel de cordero.