EN las últimas semanas se está viendo un curioso fenómeno parlamentario. Hemos pasado del bloque de Frankenstein a la mayoría sin mayorías. Consiste en que el Gobierno de Pedro Sánchez gana las votaciones para llevar adelante sus proyectos, pero unas veces se apoya en Frankenstein y otras en los que despotrican contra Frankenstein. Sus socios de Gobierno de Unidas Podemos ya casi nunca le apoyan. Disienten en público y en privado. Intentan colar una ampliación del aborto a las menores por cuenta propia, mientras distraen con las reglas dolorosas. O votan contra el nuevo gaseoducto para llevar gas desde España a Francia, demostrando una vez más que son rusófilos y putinófilos (aunque lo disimulen), con tal de fastidiar a la OTAN, a la que se quieren incorporar a Finlandia y Suecia.

CON tanto hablar de las líneas rojas, ha resultado que Pedro Sánchez las ha introducido en la mismísima Moncloa. Tenemos un Gobierno de líneas rojas, con un fondo gris de borrasca, y unos ministros que piden la dimisión o la destitución de otros ministros. Tenemos un Gobierno en el que una parte de los ministros (los de Unidas Podemos) juegan a ser de la oposición, aunque cobran con cartera. Ya no hay ministros sin cartera, como se decía antes, pues ahora todos quieren llegar a fin de mes y al final de la legislatura, sea como sea, aunque sea haciendo el ridículo. Y también hay ministros de verdad, como Margarita Robles, que se pitorrean de los ministros de mentira, como la podemita Ione Belarra, la invita a dialogar con Putin, y dice que se va a morder la lengua, por no darle un mordisco a la otra.

POR un puñado de votos (y pocos escaños) se va a decidir el próximo Gobierno andaluz. Eso condiciona todo, hasta la elección de la fecha electoral del 19 de junio, la menos mala para Juanma Moreno. Ha tenido en cuenta las encuestas, incluso la coincidencia el 19 de junio con las elecciones legislativas francesas, donde otra vez se votará entre el centrismo de Macron o el extremismo de Le Pen, con una izquierda decadente y divida. Un escenario similar. En Andalucía, el discurso de las líneas rojas se puede aplicar a la ultraderecha, pero también a la ultraizquierda anti OTAN, que ya no sabe qué hacer para camuflar su plumero putinesco de nostalgia ruso/soviética.

AL fijar la fecha de las elecciones autonómicas, hay que tener en cuenta el calendario de fiestas en Andalucía. Eso ya se sabe, no es novedoso. En otras convocatorias, hubo discusiones previas por tal motivo. Sobre todo, cuando las querían convocar en marzo o abril y estaban por medio las sagradas fechas de la Semana Santa. A ningún presidente andaluz sensato se le ocurriría poner urnas el Domingo de Ramos o el Domingo de Resurrección, por motivos obvios. Me extraña mucho que se hable del domingo 19 de junio como posible fecha electoral. Coincide con la fiesta litúrgica del Corpus Christi. Es un día de procesiones en las ocho provincias andaluzas. Y donde la procesión se mantiene en jueves, como Sevilla y Granada, hay un largo puente festivo.

A los partidos políticos les interesa hacer comparaciones en beneficio propio. Desde el Domingo de Ramos (curioso día para votar) están poniendo a Francia como un ejemplo para Andalucía. En el sentido de que allí se han aliado el centro, la derecha y la izquierda para apoyar a Macron como presidente en la segunda vuelta. O mejor dicho, para que no sea presidenta Marine Le Pen, a la que aquí se pinta como un fiel retrato de Vox. Macarena Olona sería como una Marine Le Pen a la granaína. Pero Andalucía tiene sus peculiaridades, aunque en Madrid y en París sean centralistas y se les note.