PARA la mayoría de los españoles, Gibraltar no es un problema. Gibraltar sólo interesa en su entorno comarcal. Es un anacronismo en el siglo XXI. Tiene una selección de fútbol al nivel de San Marino y las Islas Feroe, para ser goleada cuando juega. Y la gente corriente sabe que allí hay una Verja y un chollo fiscal. Por no citar a sus simpáticos monitos que roban mochilas. Sin embargo, el acuerdo alcanzado por los representantes de España, Reino Unido, la UE y Gibraltar ha sido calificado como histórico. Muy bueno debe ser, porque cada una de las partes lo ha interpretado a su antojo. Hay dos cuestiones que llaman la atención: pronto desaparecerá la Verja de los atascos y Andalucía no ha pintado nada en ese acuerdo.
SEGÚN se ha publicado, un 85% de los jóvenes españoles menores de 30 años todavía viven en el hogar familiar. Los 30 años es una edad simbólica. Según el escritor francés Frédéric Beigbeder, esa es “la edad espuria en la que uno es demasiado viejo para ser joven y demasiado joven para ser viejo”. Esto lo escribió en su novela El amor dura tres años, que publicó en 1997, tras divorciarse, a sus 32 años. Sería interesante saber de ese 85% de jóvenes españoles que no se han mudado a un piso propio, cuantos tienen empleo o están parados y cuantos han viajado por cuenta propia este verano.
DESDE tiempos lejanos, España tiene un complejo de inferioridad internacional. ¡Alto ahí! ¿Eso también viene de los tiempos de Franco? Pues no, existió con el innombrable, que se quedó aislado tras la II Guerra Mundial, hasta que se echó en brazos de los yanquis en los años 50, pero venía de antes. Incluso desde antes de la guerra civil y de la Segunda República. Posiblemente, viene de finales del XIX, cuando dejamos de ser un imperio. Una parte de esa tristeza está en los libros de Ángel Ganivet y la generación del 98. Y ahora nadie sabe lo que queremos. Cada uno quiere lo suyo y que tú no tengas lo tuyo.
RESULTAN muy curiosas las diferencias entre las reacciones al incendio de la catedral de Notre Dame de París y el ocurrido el 8 de agosto en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Por supuesto, no se pueden comparar en magnitud, ya que Notre Dame necesitó de una restauración profunda, compleja y costosa, mientras que el templo cordobés sufrió daños, aunque no llegaron a mayores, gracias a la rápida y heroica intervención de los bomberos. Pero la comparación es conveniente, porque ya en las primeras horas algunos buscaron similitudes. Y en las horas posteriores se confirmó que en cutrerío político y en populismo demagógico, España le puede ganar a Francia por goleada.
RESULTA curiosa la poca atención mediática que está recibiendo el papa León XIV. Se han cumplido ya los 100 días desde su elección, un tiempo que en la Iglesia es una minucia, pero que en la vida institucional se considera significativo para un balance. Pasó el interés por ver quién era el sucesor de Francisco, después del ridículo que hicieron la mayoría de los llamados vaticanistas, para los que el cardenal Prevost sólo aparecía en la segunda fila de las quinielas. Este Papa americano (el primer yanqui Papa y el segundo de América seguido) parece que sigue en plano secundario. Quizás porque lo que dice no resulta políticamente correcto.