UNA diferencia notable entre Alberto Núñez Feijóo y Pablo Casado Blanco es que Feijóo ha ganado cuatro elecciones con mayoría absoluta en Galicia y Casado ninguna en España. Pero eso tampoco significa que Casado sea lelo, pues en las últimas primarias de su partido aprovechó la rivalidad entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal para ganar el liderazgo de su partido como tercera vía. En aquel cónclave del PP casi todos los afines a Feijóo (incluidos los andaluces de Juanma Moreno) apoyaron a Soraya. Después, en la rivalidad entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, ha aparecido el gallego Feijóo como la tercera vía, por no decir la única posible, para evitar el siniestro total del PP. Y con ello se comprueba que votar y elegir no es lo mismo que acertar. A veces sólo se acierta después de haberse equivocado.

La Junta de Andalucía organizó en Cádiz las I Jornadas Andaluzas Letras para la Concordia, dedicadas a Rafael Alberti y José María Pemán, justo el día después de la tragedia fratricida que habían montado Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Los del PP andaluz están que se suben por las paredes, indignados con las intrigas desastrosas de sus compañeros madrileños. El presidente Juanma Moreno, que intervino el viernes, salió a dar capotazos y hablar de concordia en plena discordia, mirando al tendido y con garbo pinturero. La idea de estas jornadas es muy buena, aunque los que odian la concordia la hayan criticado.

HOY han convocado unas elecciones innecesarias en Castilla y León, que van a condicionar la fecha para las de Andalucía. No voy a especular con los resultados hasta que no se conozcan. Puede pasar que la jugada le salga bien o mal a Pablo Casado, que empujó a Alfonso Fernández Mañueco para que las convocara, en su batallita particular como alternativa a Pedro Sánchez. Pero lo que suceda hoy está claro que tendrá una repercusión en Andalucía y que condicionará la decisión de Juanma Moreno. Si se cumplen las encuestas, intentará retrasarlas, incluso a después del verano. Pero si no se cumplen, puede ocurrir de todo.

ESTE país tiene un grave problema con las votaciones. A algunos les gustaría convertirlo en una república. Bananera, por supuesto. A veces pasa que a uno se le escapa el dedito tonto al votar la reforma laboral; a otro le salen unas votaciones de Eurovisión de lo más maquilladas; aquel traza la raya en la sala del VAR con pulso fino y una curvita… Hay que rezar a Santa Rita: lo que se manga no se quita. La reforma laboral tenía que salir, sí o sí. Con razón, dice Pedro Sánchez que él gana todas las votaciones. La gente de la calle estaba preocupada con el pitorreo de Eurovisión. Y los políticos ya se habían metido en ese charco, incluso antes de votar el jurado del Congreso. Después dirán que los países nórdicos organizan amaños en el festival. Europa nos odia desde que ganó Massiel con La, la, la.

A continuación reproduzco un artículo que escribí hace un año, y que no publiqué entonces. Al encontrarlo, he confirmado que la pandemia llegó para quedarse no menos de dos años, y que hay un gran despiste. Dice así:

“En menos de un año la vida ha cambiado una barbaridad. Si en enero de 2020 hubieran informado que el objetivo del Gobierno de España era conseguir la inmunidad de rebaño para el verano de 2021, ¿qué hubiéramos pensado? Que Pedro Sánchez estaba loquito. Todavía no había aparecido en televisión para dar un discurso y decir que esta guerra la hemos ganado. Tampoco se hablaba aún de las vacunas que nos enviarían desde Bruselas, como los fondos para un buen reparto. Todo eso sonaría a chino. Pero lo más curioso es que en enero de 2021 la gente se siente como parte de un rebaño. A una señora de 96 años, llamada Araceli, la vacunaron, y la entrevistaron y abrieron los telediarios con esa noticia.