SE supone que la gente vota a un partido porque quiere que gobierne. Diferente es que ese partido no tenga los apoyos suficientes y se quede en la oposición, o incluso sea extraparlamentario. Puede haber un voto testimonial, a sabiendas de que no es práctico. Pero no parece sensato votar a un partido para que sea inútil. Por eso, fue oportuno lo que recordó el presidente en funciones de la Junta, Juanma Moreno, en su discurso de investidura. En el Parlamento de Andalucía no hay mayoría absoluta del PP. Aunque hay cuatro partidos en los que se podría apoyar para conseguirla.

A la vía madrileña del PP nunca le ha gustado la vía andaluza. Madrileñizar el PP de Andalucía es la intención del sector ayusista del PP, que no veía con buenos ojos la estrategia de Juanma Moreno. Por eso, que le hayan faltado dos escaños para la mayoría absoluta les ha venido bien, y también ellos (como el PSOE y Vox) lo han presentado como un tropiezo del juanmismo. Es verdad que a la campaña del PP andaluz le faltó la guinda del pastel, y no es lo mismo 58 escaños que 53, aunque consiguieran más votos que hace cuatro años, pero con inferior porcentaje por el aumento de la participación. Sin embargo, en Madrid deben entender que Andalucía es diferente.

LA culpa de que vaya perdiendo no es del árbitro, que no es el Juez Supremo, ni los jueces del Supremo. La culpa es suya, por ser tan despistado para este juego. Con tantos casos de corrupción, parece que se disputa una partida de ajedrez, cuyo final más probable será el jaque mate al PSOE, lo cual llegará cuando caiga el rey de las fichas blancas o blanqueadas, que se llama Pedro. Sucederá antes o después, probablemente después, porque está perdiendo tiempo, y apurando las jugadas, y reclamando pausas de hidratación, de tanto como se suda.

LA visita del Papa ha sacudido las conciencias. En este país no estamos acostumbrados a discursos como el de León XIV en el Congreso de los Diputados. O como sus palabras de estos días en Madrid, Barcelona y Canarias. Los políticos han intentado aprovecharse, destacando lo que les conviene y olvidando lo demás. Así ha pasado con el aborto y la eutanasia, con la división y el odio político, o los inmigrantes. Todo está en los Evangelios. Ese es el mensaje de Cristo. Otra cuestión es que no se haya cumplido. Y tengamos la civilización de la guerra, aunque el mundo necesita el amor.

LA gente ingenua pregunta: ¿cómo es posible que esté pasando lo que pasa en España y no pase nada? Pues, señoras y señores, porque en este país todo está al revés. Especialmente desde las elecciones de julio de 2023. Vivimos en el país de lo absurdo, donde Franz Kafka, si levantara la cabeza, podría escribir una novela diaria. Aquí hasta parece normal que un político se convierta en un insecto, metamorfosis más raras se han visto. Por ejemplo, un Congreso donde la mayoría la tienen entre los 184 diputados de partidos de centro y derecha (PP, Vox, Junts, PNV, Coalición Canaria y UPN), pero se ha generado un Gobierno presuntamente de izquierdas, porque algunos partidos de derecha votaron a un candidato de izquierda que no había ganado las elecciones.